19 marzo, 2018. Por

Y nadie más que tú

¿Pastelón lacrimógeno o canto a la vida en clave femenina?
Y nadie más que tú

La nueva película de Netflix (que se estrenó mundialmente el 16 de febrero) es un dramón romántico para ver abrazaditos a nuestras parejas en la semana de San Valentín. El raquítico 22% de aprobación en Rotten Tomatoes (la calificación del público es bastante mejor) tacha a Y nadie más que tú (Stephanie Laing, 2018) de cursi e irreal. Pero no parece prestar atención a los muchos aciertos que tiene la cinta: un relato sensible, enternecedor y hasta gracioso sobre cómo aprender a despedirse de la vida. Independientemente de ello, se trata de una película en la que gran parte del núcleo creativo (directora, guionista y cinematógrafa entre otros) es femenino y una se pregunta si ello tendrá algo que ver con las airadísimas reacciones que está levantando.

Abbie (Gugu Mbatha-Raw) y Sam (Michiel Huisman) se conocen desde la infancia. Ahora tienen treintaypocos años y su relación es tan idílica que uno no sabe si desea abrazarlos o matarlos de lo tantísimo que se quieren. Pero todo se tuerce cuando a ella le es diagnosticado un cáncer en estado avanzado y de naturaleza fulminante. En cuestión de semanas Abbie pasa de organizar su boda con Sam a intentar dejar la existencia del amor de su vida lo más encaminada posible para cuando ella no esté.

“En ‘Y nadie más que tú’, gran parte del núcleo creativo (directora, guionista y cinematógrafa) es femenino, y una se pregunta si ello tendrá algo que ver con las airadísimas reacciones que está levantando”

El tema de la gente joven, enamorada y moribunda es uno de los favoritos de los creadores casi desde que el mundo es mundo. Desde La Traviata de Verdi hasta Mi vida sin mí (Isabel Coixet, 2003), la obsesión por el qué será de quienes se quedan vagando en este valle de lágrimas una vez nos larguemos de él es fuente de grandes obras. Pero, también, de grandísimos chantajes emocionales. O, si no, dejen que les recuerde Stepmom (Chris Columbus, 1998). Y nadie más que tú no entra dentro de la primera categoría, pero tampoco lo pretende. Su premisa es de película televisiva de sobremesa. Y es, más o menos, lo que es.

La pregunta es qué espera uno de estas películas. Netflix, sin duda, se afana por producir cintas de primera categoría con los que incluso optar a festivales y premios, como Okja (Joon-ho Bong, 2017) o Mudbound (Dee Rees, 2017). Pero gran parte de su catálogo también apela a un público amplio, familiar y sencillo que solamente quiere cubrir la hora de la siesta con una película tranquila. Es posible que Y nadie más que tú no valga una entrada de 10€, pero a diferencia de muchos dramas románticos que sí que te los cobran sin valerlos, no te hace pagar más que tu suscripción mensual.

“En casi ningún momento se abandona el humor negro, los chistes malos en torno al cáncer y la proximidad de la muerte y una actitud de, por lo general, quitarle hierro al asunto”

La aproximación de Y nadie más que tú a la enfermedad terminal y al aprender a morir está idealizada y, probablemente, simplificada (¿y cuándo no?). Pero también se fija en algunos aspectos interesantes del problema. En casi ningún momento se abandona el humor negro, los chistes malos en torno al cáncer y la proximidad de la muerte y una actitud de, por lo general, quitarle hierro al asunto. Supongo que es una forma de encarar el tema que a muchos espectadores les causará rechazo, pero otros pueden encontrarla divertida y refrescante. Más que nada porque acierta en una cosa: antes o después, a todos nos llega la hora.

La belleza casi en cada esquina se presenta como metáfora de la necesidad de disfrutar de cada instante que nos quede por vivir

Por otro lado, toda la narración gira en torno a Abbie y en cómo intenta ocupar su tiempo para no pensar en lo inevitable (que se está muriendo), haciendo de Sam casi un mero espectador. El asunto con el que decide obsesionarse es la futura vida emocional de su novio. Que, por puro absurdo, es hasta realista. No negaremos que la protagonista lleva su obsesión con el asunto hasta límites un poco ridículos, pero tampoco es que el personaje cometa errores que lo hagan aborrecible o absolutamente irreal. Abbie también explora los grupos de apoyo para enfermos terminales, cosa que permite explotar el ya mencionado humor negro con bastante acierto y que introduce a algunos personajes secundarios bastante simpáticos.

“La enfermedad terminal de Abbie contrasta con la exacerbada belleza de todo lo que la rodea, y no parece para nada deliberado”

También cabe destacar que, si bien la temática es de telefilm de sobremesa, la factura no lo es en absoluto. Las interpretaciones son sobrias y están medidas con cuidado. Y, sobre todo, la fotografía (de Magdalena Górka), el diseño de producción (Dara Wishingrad) y la dirección artística (Patrice Andrew Davidson) está mimadísimo (nótese la cantidad de nombres femeninos que hay por aquí). La enfermedad terminal de Abbie contrasta con la exacerbada belleza de todo lo que la rodea, y no parece para nada deliberado. Son todos elementos que ponen en valor que historias como la de Y nadie más que tú sean contadas desde un punto de vista femenino.

En resumen, no, Y nadie más que tú no será la película de tu vida. Pero es una amena cinta romántica, triste pero empapada de cierto humor que puede conectar con algunos espectadores. No a todo el mundo le gusta hablar de la muerte, pero ello no quita que merezca la pena reflexionar sobre cómo afrontarla. Si se contempla como un sencillo canto a la vida y a las cosas bellas que la pueblan, puede aportar un rato francamente disfrutable. Y los demás, que odien lo que quieran.

Y nadie más que tú