22 junio, 2017. Por

Wonder Woman

Por qué era la película que Hollywood necesitaba
Wonder Woman

Lo confieso. Hasta hace un mes, si hubiera tenido que apostar dinero, lo habría apostado a que Wonder Woman de Patty Jenkins iba a ser una película irrelevante y olvidable, si no vergonzante para las personas que leemos y admiramos las aventuras de Diana de Themyscira. Habría perdido dinero. Y con razón. Por fin, el viernes 23 de junio llega a España.

Un éxito inesperado

Lejos queda la vuelta de tuerca que le dio Christopher Nolan a Batman, y las incontestables deficiencias de las últimas películas de DC sentaban un precedente horrible. El Hombre de Acero (2013), que ni siquiera aguanté entera; Batman V. Superman: El Amanecer de la Justicia (2016), tan aburrida e inconexa que me hizo sentir insultada como espectadora; y El Escuadrón Suicida (2016), con más y mejores intenciones que resultado, descafeinado y flojo argumentalmente. Zack Snyder es uno de esos creadores que solamente pueden producir amor u odio exacerbados. Y yo no siento amor por él, de manera que todo el universo cinemático que estaba creando para DC me estaba pareciendo histérico, una videoclipera sucesión de fantasmadas y CGI con escaso amor por los cómics que la inspiraban y nulo interés por aportar nada nuevo a los personajes que adapta (como sí han conseguido algunas de las películas de Marvel).

Hasta Wonder Woman. Una película que, seamos sinceros, ha tenido mucho en contra. Para empezar, unos tráilers que ofrecían más de lo mismo: acción videoclipera y fantasmadas, cosa especialmente dolorosa porque los valores no violentos que Wonder Woman representa y defiende son muy distintos de los que empapan las historietas de Batman y Superman.

Para continuar, un reparto discreto, poco conocido, en el que solamente destacaban Robin Wright y Connie Nielsen en papeles menores y con una casi desconocida Gal Gadot a la que muchos creíamos que el papel de Diana de Themyscira se le quedaba enorme, tanto en actitud como en envergadura física. Para rematar, una campaña publicitaria entre inexistente y desastrosa, sobre todo si se comparaba con la sobredosis informativa que hubo el año pasado con Batman V. Superman y El Escuadrón Suicida (esto en España se está corrigiendo gracias al estreno de la cinta tres semanas después del lanzamiento estadounidense). De hecho la Warner creía tan poco en Wonder Woman que ni se molestó en pactar unas secuelas que ahora tendrá que pagar a precio de oro.

Pero Patty Jenkins y su equipo han cerrado las bocas de todos los que cacareaban que nadie querría ver una película de superhéroes protagonizada por una mujer de la forma más eficaz que existe: con paladas de dinero. En dos semanas Wonder Woman ha hecho 192 millones de dólares en Estados Unidos, y 300 a nivel mundial. Se ha comido con patatas a la quinta entrega de Piratas del Caribe y a La Momia de Tom Cruise. Ya es la película dirigida por una mujer que más dinero ha hecho en su estreno. Y, a diferencia de la mayoría de películas de superhéroes recientes, su éxito en taquilla no se ha desplomado en su segundo fin de semana. Las cifras son claras: el público ardía en deseos de ver una cinta de superhéroes protagonizada por una mujer y la rapidez con la que las buenas reseñas han corrido por las redes sociales ha sido más fuerte que la deficiente campaña publicitaria.

Las claves de la película

Pero, ¿por qué? Pues hay muchos motivos para explicar la extraordinaria sintonía que se ha establecido entre Wonder Woman y el público. Vamos a apuntar algunos de los factores que más llaman la atención de la película y que pueden estar detrás de dicho idilio.

Para empezar, Jenkins parece haber tomado nota de los elementos que causaron el divorcio entre el espectador y las anteriores cintas de DC, afanándose por armar una trama sencilla pero coherente, sin convertirse en esclava de la cercana película La Liga de la Justicia (que Wonder Woman se desarrolle 100 años antes de ésta ayuda a que no se desvíe la atención a otros héroes) o de la calificación por edades (que es a lo se le suele atribuir el fracaso de El Escuadrón Suicida). A ello le ha sumado la confianza ciega en el carisma y la integridad de los valores de Wonder Woman y ha dado, milagrosamente, con la fórmula del éxito.

Wonder Woman se divide en tres actos, por así llamarlos, con una dilatada escena de acción al final de cada uno de ellos. En ellos se nos presenta a las amazonas de Themyscira, sus objetivos y sus valores pacifistas (sonoro aplauso para el equipo artístico que arma la preciosa introducción al universo de las amazonas) para, rápidamente, trasladar a su princesa, Diana, al Londres de principios del siglo XX.

Uno de los aspectos mejor equilibrados en Wonder Woman es el cómo, después de vivir en una sociedad idílica y exclusivamente femenina, Diana choca con el mundo de los hombres con tierna ingenuidad, pero huyendo del paternalismo o la ridiculización. Dicho desconcierto ante la situación de la mujer es perfectamente extrapolable en no pocos aspectos a nuestros días. La vis cómica de este contraste es empleada de manera audaz, midiendo los gags casi milímetro para que la sala estalle en carcajadas en un par de ocasiones, pero sin caer en la payasada vacua.

La acción es, sin duda, otro de los puntos fuertes de la película. En este aspecto Wonder Woman sigue el “canon” marcado por Zack Snyder casi desde 300: movimientos de cámara exageradísimos, saltos imposibles, frenazos y acelerones y una acusada sensación de irrealidad.

En principio no es plato de mi gusto, pero en este caso el estilo se pone al servicio de dos escenas largas y trepidantes que son una oda a la fortaleza de Wonder Woman como combatiente, pero también al estricto código ético que la guía en la batalla. A pesar de lo dilatado de la acción, se puede entender y seguir sin problemas cada acontecimiento recogido en ella (cosa que no se puede decir de las peleas de muchas películas de acción de nuestros días, como Batman V. Superman sin ir más lejos).

Llegados a este punto, también es necesario detenerse para alabar el trabajo de Gal Gadot. Hacerse cargo de un personaje con 75 años de historia y para el cual cada fan (yo incluída) tenía una elección particular que creía óptima para interpretarlo no debe ser un trabajo sencillo. Yo no me convencí que esta israelí de 32 años fuera capaz de ser Wonder Woman, con todo lo que ello representa, hasta que estuve en la butaca del cine comiendo palomitas.

Pero lo consigue: físicamente impecable en las escenas de acción y deliciosa en sus interacciones con los demás personajes, haciendo gala de un lenguaje corporal sutil y refinado que confirma que la Diana que nos quiere presentar la película es mucho más que una suerte de giganta destinada a repartir espadazos a diestro y siniestro durante todo el metraje. Diana de Themyscira es una guerrera implacable, pero no por ello pierde ni un ápice de su feminidad.

To Be Human, el tema interpretado por Sia y Labrinth pero compuesto por Florence Welch (es decir, Florence + the Machine) para la película añade la guinda definitiva: épica y pegadiza, no será la canción del verano, pero la vamos a escuchar mucho estos días. La elección de las artistas implicadas en ella no podría ser más acertada.

¿Que hay imperfecciones en todo esto? Por supuesto: la película tiene algunos detalles que se podrían haber limado. Sin ir más lejos, las fantasmadas que se marcan las amazonas en los primeros minutos de metraje son excesivas e innecesarias. La introducción a Themyscira sabe a poco, y se queda uno con ganas de ver y saber más de personajes como Hipólita o Antíope (qué bonito es esto de ver cómo Robin Wright ha pasado de interpretar a princesitas en apuros a brillantes generales).

Hay momentos en los que la convicción con la que Diana asume que los ingleses son “los buenos” y los alemanes “los malos” suena injustificada y poco creíble. La Doctora Maru, la villana interpretada por Elena Anaya, queda excesivamente desdibujada, dando la impresión de ser un personaje que podría haber dado mucho más de sí. Y algo similar se puede decir de Etta Candy, amiga queridísima de Diana en el tebeo, que es muchas veces su guía en el mundo de los hombres, y que queda en un plano excesivamente apartado.

La heroína que Hollywood necesitaba

Un poquito de humor sobre Wonder Woman las mujeres en el cine.

En pleno debate sobre la necesaria revisión del papel de la mujer en la industria del cine, Wonder Woman ha venido a dar en el clavo en el momento preciso. El vergonzoso boicot contra Cazafantasmas (2016) o las recurrentes quejas por el hecho de las nuevas películas de Star Wars estén protagonizadas por mujeres son síntoma inequívoco de que ladran, luego cabalgamos. Las grandes productoras ya no pueden seguir escondiéndose tras el maniqueo argumento de que las mujeres no quieren pagar por ver películas de acción protagonizadas por mujeres, y se impone la realidad de que por lo que no queremos pagar es por películas protagonizadas por muñecas hinchables.

Han tenido que pasar 17 años desde que se estrenara X-Men, que se puede considerar pionera de la actual ola de cine de superhéroes, para que alguien se tomara en serio la necesidad de que las mujeres fueran algo más que perritos falderos o intereses románticos para los machitos hipermusculados que las protagonizan.

Marvel podría haber roto la baraja en 2006 cuando le tocó adaptar la saga de Fénix Oscura en la tercera entrega de sus mutantes. Pero Bryan Singer hizo la espantada y hemos tenido que esperar hasta ahora para que una mujer sea la protagonista absoluta de una película de superhéroes que merezca la pena verse. Ahora a Marvel le toca mover ficha: Captain Marvel y la Viuda Negra con las opciones de contraataque más obvias, pero llegarán tarde (y ya veremos si bien o mal). Y en DC, ¿se abre la puerta para Batwoman (¿Batwoman V. Supergirl está ya dicho?) o Black Canary? No olvidemos que ambas productoras se encuentran, además, en plena expansión televisiva de sus universos.

Mientras tanto, Wonder Woman es una cinta ágil, divertida, tierna, inspiradora y visualmente impresionante. Defiende un mensaje de amor y verdad con el pocos no podrán sentirse identificados. Sus luces son mucho más brillantes que sus sombras, y las buenas sensaciones que transmite no están supeditadas a lo que pueda suceder con el estreno en noviembre de La Liga de la Justicia (pocas esperanzas al respecto de ella, no obstante, aunque Joss Whedon se ha hecho con las riendas del proyecto hace pocas semanas y quién sabe), ni de sus ya confirmadas secuelas.

Patty Jenkins ha firmado una cinta memorable, que se recordará como una de las películas de superhéroes más determinantes para esta generación. Y si todo esto desemboca en una nueva generación de jóvenes lectoras de Wonder Woman, tanto mejor. Al final, solo podría mejorar si volviéramos a ser niños para poder verla y admirar a Diana y a las demás amazonas con los impresionables ojos que tienen ellos.

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