20 diciembre, 2017. Por

Wonder Wheel

Teatro, luz y color para completar el nuevo drama de Woody Allen con Kate Winslet
Wonder Wheel

La cita anual con Woody Allen nos trae este viernes un drama en femenino ambientado entre las atracciones de Coney Island y los mafiosos del Nueva York de los 50. Pero no se dejen engañar por la escenografía de Wonder Wheel. En realidad estamos ante un desgarrador drama familiar que le entrega a Kate Winslet el mejor papel que ha tenido entre manos en lo que llevamos de década. Por si fuera poco, Woody Allen se empeña en demostrar que todavía puede sorprender con un refinamiento visual poco común en su filmografía.

Ginny (Kate Winslet), es una actriz reconvertida en camarera que está casada en segundas nupcias con Humpty (Jim Belushi), un operador del tiovivo de Coney Island, alcohólico y violento. De su primer matrimonio a Ginny le quedan un pequeño, Richie (Jack Gore), que tiene una irrefrenable afición por las cerillas; y un profundo sentimiento de culpa por romper el corazón de su primer marido. Dos sucesos sacuden su insatisfactoria existencia: una aventura con Mickey (Justin Timberlake), un bohemio dramaturgo que se gana la vida como socorrista; y el regreso de Carolina (Juno Temple), la díscola hija de Humpty, a la que persigue a mafia.

Drama y teatro

A pesar de que escuché algunas risitas nerviosas durante algunos de los momentos más dramáticos de Wonder Wheel en la sala de cine en la que vi, el guión que nos presenta Allen se encuentra en las antípodas de la comedia. Y no es novedad: aunque no es el género que más ha cultivado, la tragedia más turbia y retorcida nos ha dado algunas de las versiones más brillantes del neoyorkino como Delitos y Faltas (1989), Match Point (2005) o, más recientemente, Irrational Man (2015).

Lo que es más novedoso en su cine es que las miserias personales de la protagonista y su familia sean tan cotidianas y aplicables a clases no privilegiadas. A sus 82 años Allen se dedica a explorar de una forma terriblemente honesta el alcoholismo (un asunto que no es para nada baladí en los Estados Unidos a día de hoy), la violencia en el seno familiar, los menores con patologías psicológicas o el sentimiento de culpa como elemento clave en la educación de las mujeres. Son temas que han aparecido ya en su filmografía, como en La Rosa Púrpura del Cairo (1985), pero rebajadas mediante la vena cómica del cineasta.

«Wonder Wheel adelanta ampliamente a la película que le dio a Cate Blanchett su último Oscar. Y lo consigue mediante un desarrollo mucho más inteligente y empático de su protagonista.»

Uno podría pensar que Wonder Wheel es una nueva Blue Jasmine (2013). Pero se equivocaría, porque Wonder Wheel adelanta ampliamente a la película que le dio a Cate Blanchett su último Oscar. Y lo consigue mediante un desarrollo mucho más inteligente y empático de su protagonista. Allí donde el guión hacía prácticamente imposible no aborrecer a la manipuladora Jasmine del film de 2013, Ginny parece construida y justificada hasta el último detalle. Uno puede estar o no de acuerdo con sus decisiones, pero no puede decir que no sabe dónde vienen o que son meros actos de egoísmo. Y esto, aunque parezca una tontería, no es tan común como debería en el cine reciente.

Kate Winslet borda uno de los mejores papeles que ha tenido en los últimos años

Con semejante material Kate Winslet, que lleva desde mediados de los 90 sin saber trabajar mal, se saca de la manga una interpretación memorable. Y el realizador sabe aprovecharlo, deleitándose en planos larguísimos (muy tensos y emocionales), concediéndole algunos monólogos desgarradores y perseguiéndola con amplios movimientos de cámara. La vena dramática de la británica se adapta a la perfección a los ásperos dilemas que el guión le plantea a su personaje. Así, entre Winslet y Allen graban una obra de teatro: la narrativa, la técnica interpretativa, los escenarios y la voz en off de Mickey así lo dejan claro.

Luz y color

Lo que evita que Wonder Wheel sea poco más que una obra de teatro grabada y proyectada sobre una pantalla de cine es el sorprendente mimo técnico con el que está realizada, especialmente en lo que se refiere a su fotografía. Y no es que la filmografía de Woody Allen sea chapucera, ni mucho menos, en estos aspectos, pero cierto es que tampoco suele destacar claramente en ellos. Se empezó a percibir un tratamiento imaginativo y enriquecedor del color en Midnight in Paris (2011), así como un interés por el uso de tonos cálidos, por el estudio de la luz de la costa Este americana frente a la de la costa Oeste, y por las atmósferas envolventes en (la infravalorada) Café Society (2016).

El trabajo de Vittorio Storaro como fotógrafo marca ‘Wonder Wheel’ como una cinta especial dentro de la filmografía de Woody Allen

Pero en Wonder Wheel dicho detalle silencioso se convierte en uno de los principales atractivos de la película, con un despliegue de luz y color absolutamente incontestable. ¿Qué tienen las dos últimas películas de Allen que no tenía su filmografía anterior? Pues un señor llamado Vittorio Storaro, que ha ganado Oscars por iluminar películas tan espectaculares como Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola, 1979) o El Último Emperador (Bernardo Bertolucci, 1987).

Storaro hace que la luz forme parte del relato, pone las emociones a flor de piel y convierte Wonder Wheel en una pieza verdaderamente única dentro de la filmografía de Woody Allen

Lo que aporta Storaro al cine de Woody Allen es un auténtico festival para los amantes de la fotografía. La pequeña casita de Ginny y Humpty, con su inmenso ventanal que permite que las luces azules, rosadas y amarillas de la gran noria de Coney Island iluminen la estancia, resaltando los estados de ánimo de la protagonista. Los días plomizos que arruinan la jornada de playa a los neoyorkinos. La luz tamizada por el muelle bajo el que se suelen encontrar Ginny y Mickey. O las bellas vistas del tiovivo que mantiene Humpty. Storaro hace que la luz forme parte del relato, pone las emociones a flor de piel y convierte Wonder Wheel en una pieza verdaderamente única dentro de la filmografía de Woody Allen.

Vicios y lugares comunes

Por lo demás, Allen se apunta a sus virtudes y sus vicios habituales. El más obvio, y también uno de los más comunes, es que donde construye un personaje femenino fascinante y lleno de claroscuros (Ginny); el varón destinado a darle la réplica (Mickey) es un auténtico bobo carente de interés. Las pobres dotes interpretativas de Justin Timberlake tampoco ayudan, pero Winslet le salva de sí mismo en no pocas ocasiones.

Justin Timberlake es, probablemente, una de las pocas cosas que sobran en la películamberlake

También chirría una vez más la artificial palidez de todos los personajes: a Woody Allen nunca ha parecido interesarle más que una de las etnias que habitan los Estados Unidos, y cada película en la que se empeña en ahondar en esta xenofobia es más vergonzante que la anterior. El jazz, la tragedia, las decisiones desafortunadas y el azar (se puede entrever un pequeño guiño a Match Point en un momento de la cinta), presentes en mayor o menor medida en su cine, hacen su habitual aparición.

Al final nos encontramos con el Woody Allen de siempre, pero con sorpresas. Una historia áspera pero poderosa apuntalada de manera magistral mediante una fotografía embriagadora. Son demasiados los elementos positivos de Wonder Wheel como para no reconocer que estamos ante una película hermosa. No está claro si acabará recordándose como una obra destacable de su autor. Pero muy probablemente haga disfrutar a quienes lo hayan hecho de sus últimas cintas (si es que todavía queda alguien en ese grupo). Lo que es seguro es que la interpretación de Kate Winslet sí que es uno de los momentos cumbre de su carrera, y no sería justo negarle algún reconocimiento.

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