29 mayo, 2017. Por

Wilson

Algo se ha perdido del cómic a la gran pantalla
Wilson

Aunque soy más de leer cómics en bibliotecas o de esperar que me los dejen los amigos, el destino ha querido que haya desembolsado dinero en más de una ocasión para comprar obras del estadounidense Daniel Clowes. Le descubrí mientras estudiaba Periodismo en la universidad y empezaba a familiarizarme con los sinsabores de la vida adulta, a raíz del estreno de Ghost World, el filme de Terry Zwigoff que constituyó la primera traslación del universo de Clowes a la pantalla de cine. La primera y, con mucho, la mejor. Algo que Wilson, la adaptación que Craig Johnson ha hecho de su novela gráfica homónima de 2010, está lejos de poder remediar.

El mismo Clowes firma el guión —ya coescribió junto a Zwigoff el de Ghost World y asumió en solitario esa tarea en la posterior, y fallida, El arte de estrangular— de esta historia que nos introduce en la anodina vida de un pobre diablo, interpretado por Woody Harrelson, que trata obstinada y torpemente de congraciarse con la vida. Una vida que, en realidad, prácticamente ya ha pasado de largo para él: al principio de la película, su padre muere y su mejor amigo se muda a otro estado. Su mujer le dejó hace mucho tiempo. Tan solo le queda Pepper, su perrita.

Quienes hayan leído la obra original encontrarán, básicamente, los mismos gags y el mismo desarrollo narrativo, con variaciones muy ligeras. En el cómic, Clowes iba cambiando de trazo y hasta de colores en cada página, que funcionaba incluso como tira cómica autónoma, en la que la última viñeta siempre ofrecía un repunte o una conclusión que a menudo nos despertaba una risa entre compungida y culpable. Asimismo, el historietista norteamericano también jugaba con la elipsis, con las cosas que ocurrían en el tiempo que pasaba entre una página y la siguiente. El guión de la película, por contra, narra los acontecimientos de forma lineal y muy plana, y buena parte de la melancolía sombría que desprendían las páginas del libro se pierde por el camino.

La presencia de un actor carismático como Woody Harrelson termina siendo el principal atractivo del filme, en el que también actúan Judy Greer y Laura Dern. En la acertada caracterización de Harrelson como Wilson, siendo un poco imaginativos, podemos ver a un trasunto de otro personaje de ficción que, recientemente, también impugnaba el llamado Sueño Americano, de forma más que brutal: hablo de Walter White, el protagonista de Breaking Bad.

Lo que ocurre en el filme es que, si bien Clowes ha reproducido de forma bastante literal los acontecimientos de su cómic, su patetismo entrañable funcionaba mucho mejor en la parquedad de las viñetas que en las imágenes de una película donde, por fuerza, todo es más real y continuo. De carne y hueso. La comedia triste deviene más bien una comedia burda. Tampoco contribuye a subir el listón la funcional dirección de fotografía de Frederick Elmes, operador recurrente de cineastas como David Lynch o Jim Jarmusch. Es posible, de hecho, que la poética del desarraigo del director de Extraños en el paraíso se hubiera entendido mucho mejor con las viñetas de la novela gráfica de Daniel Clowes.

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