3 julio, 2018. Por

Walter Benjamin en Ibiza

La Ibiza pre-bakala que salvó a uno de los intelectuales más importantes del siglo XX
Walter Benjamin en Ibiza

Walter Benjamin, como Stefan Zweig, forma parte de ese elenco de intelectuales europeos, muchos de ellos judíos, que detectaron en los primitivos brotes del nazismo no solo el comienzo de una barbarie, sino el fin de toda una época, de una forma de entender el mundo. Como su colega austriaco, Benjamin atravesó momentos de profunda depresión y pesimismo sobre el futuro del viejo continente y, abatido, fue incapaz de escapar de las fauces del suicidio.

Criticó hasta la saciedad a Hitler y sus secuaces, lo que hizo de él una figura amada u odiada en la época más convulsa que ha vivido Europa. También legó algunas de las páginas más brillantes que se hayan escrito sobre el materialismo histórico y el misticismo judío, lo que durante su prolongada y reconocida vida intelectual le aupó a los más privilegiados lugares del pensamiento occidental de su época. Sin sus reflexiones sobre el lenguaje, el marxismo o la teoría crítica es imposible entender el siglo XX. Filósofo, escritor, ensayista, traductor y crítico literario, Benjamin fue tan prolífico en publicaciones como rico en amigos intelectuales, que además de acompañarle durante una vida entera y un penoso exilio, contribuyeron a agrandar su leyenda tras su muerte con la reconstrucción de infinidad de detalles de ésta.

La biografía de Benjamin está bien documentada, pero si existe un episodio curioso y menos explorado en ella es el de su estancia de la isla de Ibiza, la primera entre el 19 de abril y el 17 de julio de 1932, y la segunda entre el 11 de abril y el 26 de septiembre de 1933. Ambas, en la localidad de San Antonio. Un episodio menos explorado, claro, hasta que Vicente Valero (Ibiza, 1963) decidió remediar la situación y poner el foco en aquellas dos curiosas estancias.

“Su llegada a Ibiza se producía en una complicada situación para él, en un momento de decaimiento personal y de profunda bancarrota. Aprovechó para escribir, y mucho. Esa fecundidad facilitó la recreación de unos años fundamentales en su vida y obra”

Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza revisa la estancia del pensador alemán en una época en la que el viaje de un intelectual berlinés a una remota isla de España podía considerarse una partida rocambolesca. La isla que Benjamin encontró, y a la que además viajó, parece ser, totalmente desinformado, estaba en las antípodas de lo que conocía. La experiencia de descubrir un lugar en el que el tiempo parecía haberse detenido, en el que las costumbres de sus gentes se anclaban en ritos ancestrales, le impactó de forma considerable. En su primera estancia se topó con un paraíso inesperado y acogedor, donde la naturaleza permanecía inalterada y las brumas que se cernían sobre Europa parecían a universos de distancia.

Portada del libro

La llegada a Ibiza del autor de El capitalismo como religión (1921) se producía en una complicada situación para él, en un momento de decaimiento personal y de profunda bancarrota. La pobreza que nombra el título de Valero era real. Benjamin aprovechó para escribir, y mucho, durante sus dos estancias. Tanto misivas a sus conocidos, con los que mantenía un fluido intercambio de noticias y opiniones, como recensiones de libros y ensayos de tipo filosófico e, incluso, autobiográfico. Esa fecundidad facilitó, a pesar del tiempo transcurrido, la recreación de unos años fundamentales en su vida y obra.

“El filósofo no solo eligió aquel lugar alejado de las convenciones de la modernidad para utilizarlo como salón de trabajo, sino que reconoció en el día a día de sus habitantes la pugna entre lo ancestral y lo nuevo, entre el hombre heredero de un mundo y el hombre moderno”

La obra de Valero tiene gran parte de su mérito en la contextualización de las estancias de Benjamin en la isla, en la inteligente forma en la que es capaz de explicar la atracción que sentía el alemán por una tierra que denominaba como “arcaica” o “el paisaje más virgen que jamás he encontrado”. El filósofo no solo eligió aquel lugar alejado de las convenciones de la modernidad para utilizarlo como salón de trabajo, sino que reconoció en el día a día de sus habitantes la pugna entre lo ancestral y lo nuevo, entre el hombre heredero de un mundo y el hombre moderno.

Imagen de Vicente Valero, autor del libro

Estamos ante un libro que es también un particular canto a Ibiza, que en los años 30 del pasado siglo era un remanso de paz al que los intelectuales europeos fueron llegando con un goteo lento pero constante. En el listado de afincados en la isla se inscriben el artista y escritor dadaísta Raoul Hausmann o el filólogo Walther Spelbrink. También espías nazis a los que Benjamin reconoce y de cuyo aspecto y costumbres en la zona deja constancia. Anónimos etnólogos, naturalistas, biólogos y arqueólogos, estos últimos arrebatados por los restos fenicios y púnicos, no quisieron perderse la ocasión de conocer aquél lugar remoto en el que todo invitaba a la reflexión y a la vida lenta.

Es Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, por lo tanto, un fantástico juego de contrastes. Una oda a una isla que desempeñó un improbable rol de paréntesis y refugio para intelectuales y en la que Benjamin vivió unos años mucho más importantes en su vida y obra de lo que hasta ahora se había creído. Aquí están, por ejemplo, sus escarceos con algunas drogas, como el opio, o las penurias económicas que tuvo que afrontar en un lugar en el que podía vivir, dado su bajo coste, “siempre con dinero en el bolsillo, excepto cuando tengo que pagar el alquiler”.

Walter Benjamin en Ibiza