23 marzo, 2018. Por

Vocaloid Opera The End

La primera ópera existencialista anime: más cerca de la instalación que de la performance
Vocaloid Opera The End

Hatsune Miku, la estrella pop virtual nipona hecha por ordenador, se hace mayor. Y protagoniza la primera ópera de la Historia sin cantantes ni orquesta. Toma Jeroma pastilla de goma (o chuche Pokemon). Aquí, apoyada por un cubo con cuatro pantallas (y otras dos en su interior) consigue crear una verdadera experiencia de futuro y la sensación de que uno se hubiese caído directamente dentro de una película de ciencia ficción.

Vocaloid Opera The End, que acaba de recalar en las Naves Matadero (en su afán de acercar al público delicatessen escénicas tanto patrias como de allende los mares), es la primera ópera compuesta con el mismo sistema de síntesis de voz que le permite cantar lo que le venga en gana a la superstar Miku. Un software que proporciona al usuario la capacidad de sintetizar canciones simplemente escribiendo la letra y la melodía. Es decir, que cualquiera que tenga el programa en cuestión puede hacer cantar a la chiquilla lo que se le salga de las teclas, conviertiéndose en una suerte de esclava vocal al servicio de los compositores. Ahorrándose así el tener que lidiar con los problemas de las estrellas del pop humanas. Muy fascinante.

«Es la primera ópera compuesta con el mismo sistema de síntesis de voz que le permite cantar lo que le venga en gana a la superstar nipona Hatsune Miku: un software que proporciona al usuario la capacidad de sintetizar canciones simplemente escribiendo la letra y la melodía»

También está la posibilidad de que hagan cantar a Miku sus fans, por cierto. Sería, para que nos entendamos, como que una chiquilla loquita de amor pudiera disfrutar de la oportunidad de tener a Justin Bieber in person metido en el ordenador. Da un poco de miedo esto. Como ya seguro que más de uno ha pensado, bien podría convertirse un capítulo de Black Mirror de los de chunguismo nivel diez.

En este caso, es el compositor Keiichiro Shibuya (fundador de ATAK, discográfica musical que ha lanzado CDs de obras electroacústicas de vanguardia de artistas de todo el mundo), el diseñador de espacios sonoros evala y el creativo YKBX en los visuales, quienes hacer cantar y moverse a la superstar nipona, erigiendo el asunto en una experiencia desmedida, impactante y desde todo punto lisérgica en la que Hatsune Miku se enfrenta a la idea de la muerte. Ni más ni menos, así muy ligerito todo. Con la rayada que ello conlleva para un ser virtual, que debería ser inmortal, claro está, convirtiendo la hora y media de espectáculo en un viaje alucinatorio bien denso que oscila entre el sueño anime y la pesadilla emo.

La ópera (aunque seguramente los más ortodoxos se rasguen las vestiduras al ver a los medios referirse a este montaje así) compuesta por Shibuya después del suicidio de su mujer es, desde luego, potente y te hace vibrar (bien por la intensidad emocional de la música, bien por los decibelios, depende del momento), y unido a un espectacular trabajo de animación (que no es holografía, no nos equivoquemos, pero cerca le anda en cuanto a sensaciones, jugando con las perspectivas y los planos de una pantalla a otra), consiguen un espectáculo nunca antes visto por esto lares.

The End es una ópera existencialista anime. Más cerca de la instalación que de otra cosa. Que invita a su espectador a experimentarla, no sólo a escucharla, dado que lo niveles de estímulos (sonoros y visuales) son tantos y de tal magnitud que en ocasiones pueden llegar a resultar too much e incluso invasivos (algunas deserciones en el patio de butacas hay, todo hay que decirlo). Narrativamente, la cosa también navega entre la reiteración, la metáfora y el WTF (hay un momento que aquello parece Juego de Tronos, con transformación en dragón y todo). Muy fan del amigo animal de Hatsune Miku, por cierto, una especie de chinchilla gigante que habla (triposo total).

The End es una ópera existencialista anime. Más cerca de la instalación que de otra cosa. Que invita a su espectador a experimentarla, no sólo a escucharla»

Esta Vocaloid Opera The End es, en definitiva, como si te hubieses comido unas cuantas pastis así de golpe, alucinando a mogollón. Si bien es cierto que como experiencia es algo único (desde luego merece muchísimo la pena, aunque sólo fuera por el reto de enfrentarse a este maremagnum sensitivo), le falta el calor humano, por mucho que Shibuya esté ahí en escena metido en su prisma.

La verdad es que si el futuro es todo así, ya podemos salir corriendo. Entre otras cosas porque que una de las estrellas del pop más rutilantes del momento sea virtual y tenga para siempre 16 años (la decretada por sus desarrolladores de Crypton Future Media), da mucho miedito. Aunque aquí, desde luego, da un paso de gigante y, como decíamos, tanto por los temas a los que se enfrenta como por el dispositivo a su servicio, hay que decir que Hatsune Miku (si no por fuera, desde luego por dentro) ha dejado la adolescencia atrás. Y se ha hecho adulta.

Vocaloid Opera The End