5 diciembre, 2018. Por

Viudas

Un thriller de robos y atracos que va mucho más allá del thriller de robos y atracos
Viudas

Quien haya visto el cine de Steve McQueen hasta la fecha, sobre todo sus dos últimos títulos, que lo colocaron como un autor especialmente interesado en la historiografía, memoria histórica y justicia social del llamado ‘mundo libre’ (12 años de esclavitud) o en la hipersexualización de la sociedad y sus efectos en la soledad, la marginación y la falta de afectos (Shame) podía entrar al cine a ver su dilatado regreso a las pantallas, tras las nueve nominaciones y tres Oscars ganados con 12 años de esclavitud, con la mirada algo sucia: querer ver un cine de calado social, reflexivo, pausado, que va metiendo el bastoncillo cargado de grasa en la herida abierta.

Lo mejor que ocurre tras ver Viudas es la sensación de que Steve McQueen se ha desetiquedado y transversalizado su cine: nunca más será lo que nosotros creemos que será (o quizá sí: nadie le manda); pero, a su vez, siempre podremos entrar confiando en que su cine es como un Cubo de Rubik, donde las combinaciones de género, reflexión, técnica y narración pueden gustar tanto a aquellos que deciden ver cine tumbados en el sofá con una batamanta como a aquellos que se cuelan en una sala de cine independiente en algún ciclo de cine y pensamiento.

“‘Viudas’ es, básicamente, un thriller; pero también es un relato cargado de crítica al sistema capitalista actual y a los mecanismos de defensa y ataque del sistema paternalista y corrupto de la sociedad occidental”

Viudas es, básicamente, un thriller. Un thriller con una mecánica muy parecida a ese subgénero de “cine de atracos y robos” planificados: ese que acoge bajo su manto a la saga Oceans, pero también a Reservoir Dogs, Tarde de perros, Nueve reinas, Toma el dinero y corre o El robo más grande jamás contado. Pero también es un relato cargado de crítica al sistema capitalista actual y a los mecanismos de defensa y ataque del sistema paternalista y corrupto de la sociedad occidental.

 

La trama es heredada de una miniserie británica de hace 35 años: tras explotar la camioneta de una serie de atracadores profesionales, sus viudas heredan una deuda que pretenden solventar organizándose para cometer el siguiente atraco que sus parejas tenían organizado. Y aunque haya momentos en los que McQueen demuestra especial interés en acometer el thriller sin desperdiciar ni el relato social ni el drama romántico ni la reflexión político-capitalista ni algunos puntos de comedia negra, y a pesar de que la duración del film se hace algo plomiza (las más de dos horas de film podrían haberse reducido a la hora y tres cuartos sin problema), el británico acaba resolviendo con solvencia esta amalgama de relatos, subrrelatos y contrarrelatos cinematográficos.

“Steve McQueen desarrolla un subtexto que no deja fleco alguno: la corrupción y los tejemanejes políticos, el heteropatriarcado, la objetivación sexual, el empoderamiento femenino y uno de los temas-madre de la filmografía del cineasta británico, el de la cuestión de la raza”

La diferencia que aporta Steve McQueen es la del desarrollo de un subtexto que no deja fleco alguno: la corrupción y los tejemanejes políticos (Colin Farrell y Brian Tyree Henry son las dos caras de una misma moneda, y sus interpretaciones son espectaculares), el heteropatriarcado (cuatro mujeres solteras a las que se les quita todo tras morir sus maridos, y a las que, por encima, se amenaza), la objetivación sexual (sobre todo en el personaje de Elizabeth Debicki, que está de Oscar), el empoderamiento femenino (cuatro ‘viudas coraje’ buscándose la vida en un órdago a grande por coger la rienda de sus vidas) y uno de los temas-madre de la filmografía del cineasta británico, el de la cuestión de la raza (no solo en un episodio materno-paterno-filial que marca una de las relaciones; sino también el ‘equipo de atracadoras’ lo componen una negra rica y una pobre, una latina y una americana-polaca: ¿quién da más?), convierten Viudas en algo que está muy por encima del “cine de atracos y robos”.

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