13 junio, 2018. Por

Vida

La nueva ‘The L Word’ está protagonizada por millennials latinas, gente no binaria y activistas
Vida

¿Cuándo crees que una gran cadena norteamericana, aunque sea de cable, será capaz de producir una serie sobre la realidad de las mujeres de ascendencia mexicana que viven en su país? No me refiero a las telenovelas, sino a un drama televisivo con una producción cuidada y diseñado para audiencias amplias. Uno en el que se muestre sin tapujos el choque de trenes que se está produciendo entre las comunidades latinas de las grandes ciudades y la gentrificación de la periferia de éstas. En el que se hable sin pelos en la lengua de la comunidad LGTB dentro de estos grupos. Que se haga incluso utilizando intérpretes no-binarixs. ¿Diez años? ¿Cinco?

¿Y si te digo que Vida, que es todas estas cosas, se estrenó hace seis semanas en STARZ pero que si la quieres ver, te la tienes que bajar, porque en España no tiene distribución?

Tras varios años alejadas del hogar materno, Emma (Mishel Prada) y Lyn (Melissa Barrera) vuelven al edificio que las vio crecer en el Eastside de Los Ángeles para enterrar a Vidalia, su madre. Una vez allí, no paran de encontrarse con sorpresas. Para empezar, su madre contrajo matrimonio… ¡con otra mujer! Eddy (Ser Anzoategui), una lesbiana visible y orgullosa, fácilmente etiquetable como butch que, además de ayudar a Vida a dirigir el bar que regentó hasta su muerte, ahora comparte con Emma y Lyn la propiedad del edificio en el que se encuentra. Las intenciones de Emma de vender el lugar a toda velocidad chocan con Eddy, las deudas contraídas por su madre y la realidad de que el barrio en el que ella y su hermana han crecido está siendo colonizado por hipsters y pijos que están desplazando a las familias latinas que lo han habitado durante décadas.

Heroínas para una nueva era

Decir que Vida trata sobre mujeres es de perogrullo. De los seis personajes que aparecen en los seis episodios de la primera temporada, solamente uno, el Johnny de Carlos Miranda, es masculino. Todo el equipo de guionistas, que está capitaneado por Tanya Saracho (procedente de shows como Looking o How To Get Away With Murder), es latino, mayoritariamente femenino y con varios componentes queer. Con semejantes guionistras detrás, cinco personajes femeninos con tonos de piel, rasgos, estilismos y formas de vida muy diferentes toman el control absoluto de la narrativa.

A pesar de un dubitativo arranque, las dos protagonistas no paran de crecer capítulo tras capítulo

Las protagonistas, Emma y Lyn, representan a una generación de millennials de ascendencia mexicana que, bien sea desde la mera aspiración de mejorar o bien sea desde cierta sensación de desapego, tratan de conquistar posiciones reservadas en la sociedad para las mujeres blancas. Son las llamadas whitinas, a las que tanto desprecian las mujeres como Eddy o la joven activista anti gentrificación Mari (Chelsea Rendon). Las cuatro son personajes elaborados con delicadeza y sabiduría. Con los que uno puede no estar siempre de acuerdo, pero cuyos conflictos empiezan pareciendo creíbles para acabar haciéndose francamente emocionantes.

Del spanglish a Chavela: una celebración de la cultura mexicana

Una de las más grandes delicias de Vida es el desparpajo con el que mezcla el español y el inglés constantemente. Se agradece, además, que ni uno solo de los intérpretes que hablan español en la serie suenen como si hubieran aprendido sus diálogos fonéticamente, como pasa en muchos shows que, últimamente, intentan explotar la ascendencia latina de sus personajes (hola Altered Carbon). Las protagonistas hacen de esta mezcla de idiomas una auténtica seña de identidad, la punta del iceberg de la reivindicación de la cultura mexicana que es esta serie.

La mejor secuencia de la temporada se canta

De la mano del idioma llega la selección musical, que va bastante más allá de la colección de temas reggaetoneros (ojo, elegidos con un gusto envidiable) para abrazar la herencia de Chavela Vargas (el momento en el que se canta Paloma Negra es uno de los mejores de toda la serie), el bolero y el pop latino. Y, con ello, la exuberancia de la gastronomía mexicana, la religión (que se mezcla con la superstición y la santería en un abrir y cerrar de ojos) y el característico colorido que, mediante una cuidada fotografía, empapa casi cada plano. Así se van marcando diferencias que hacen que Vida suene y se vea realmente distinta. El retrato es tan apasionado que, a veces, la comida casi se puede oler.

Las mejores escenas de sexo lésbico que vas a ver en mucho tiempo (en serio)

Tengo que decirlo. Como consumidora de ficción queer, el atrevido desenfado con el que Vida representa el sexo entre mujeres ha sido una sorpresa muy inesperada. Ya no es que la cámara se deje una sola parte de la piel de sus protagonistas por mostrarnos. Aunque, a la luz de las timoratas escenas de sexo entre mujeres vestidas de los pies a la cabeza que hemos presenciado últimamente, se agradece. Es que se nota que quien las ha planificado y rodado tiene cierta idea de qué hacen dos mujeres en la cama y siente más orgullo que remilgos a la hora de mostrarlo. Son secuencias rodadas pensando en un público queer pero aportan satisfacción, principalmente, porque hacen avanzar a los personajes que las protagonizan (¡yay!). Podríamos estar hablando de la nueva The L Word sin habernos dado cuenta.

Todo bien por aquí

En realidad todas las escenas que representan la intimidad del contacto físico entre dos personajes, sean de la orientación que sean, están grabadas con un buen gusto y un realismo que sorprende. No porque se vea mucha “carne”, sino porque las actitudes y las acciones de sus protagonistas se salen, y mucho, de los cuatro empellones sudorosos a los que Hollywood nos tiene acostumbrados. Uno de tantos síntomas que nos indican que Vida no es una serie cualquiera, sino que se trata de un show en el que cada detalle está preparado y rodado con auténtico mimo.

Hablar sin pelos en la lengua sobre feminismo, racismo y gentrificación

Es inevitable que Vida se meta, aunque sin mencionarlos explícitamente, en muchos de los debates que pueblan el feminismo moderno. No tiene miedo a la hora de mostrar mujeres que, como Lyn, no parecen interesadas por nada que no sea consumir a tantos hombres como su juventud y su anatomía de infarto le permitan, sin pensar a quién o a qué se están llevando por delante. O a Mari, cuyo activismo idealista choca de bruces con uno de estos famosos “aliados feministas”, sin ni siquiera darse cuenta hasta que es demasiado tarde.

Pocos han captado tan bien lo de que “she’s beautiful when she’s angry”

Lo genial es que Vida, lejos de juzgar a estos personajes tan imperfectos, les deja tomar el control de sus propias historias. ¿Realmente Lyn no sirve para otra cosa que no sea ser mona y seducir a ricachones? ¿O es, sencillamente, demasiado joven para explorar otras armas más allá de las que su educación le ha dado? ¿Emma es algo más que una capulla resentida? ¿Es Mari una niña ingenua, obsesionada con la gentrificación del barrio pero incapaz de ver el racismo de su propia comunidad o de reconocer cómo flaquean sus convicciones cuando un tío medianamente guapo se le pone a tiro? ¿O un personajazo capaz de evolucionar dentro de su propia ideología y empoderarse aún después de haber sido utilizada? Salvo Cruz (María-Elena Laas), todos los personajes de Vida son dueños de su propia historia.

Otra forma de ver la familia, la maternidad y el duelo

El evento que desencadena todos los acontecimientos de Vida es la muerte de la madre de las protagonistas, que le da nombre al show. En el Eastside, Emma y y Lyn se encuentran con una “madrastra” que no sabían que tenían, rota de dolor, que les exige que exterioricen la pérdida de su madre como ella cree que deberían hacerlo. Eddy, a pesar de ser un cacho de pan, no es capaz de comprender los motivos que separaron a las hermanas, especialmente a Emma, del amor de su vida. En realidad, los seis episodios de Vida lo son de la construcción del duelo de estos tres personajes, que han de aprender a soportarse y a reconciliarse con la visión que tienen las otras de Vida.

Aunque compleja, la relación de las protagonistas con su madre es de lo mejor de la serie

La manera en la que la serie reconfigura el concepto de familia, la naturalidad con la que introduce en él la realidad queer de algunos de sus personajes, y la honestidad con la que nos muestra diferentes formas de afrontar el duelo, aunque todas procedan del mismo acervo cultural, es uno de los elementos que hacen de Vida un show inolvidable y, sobre todo, humano. A tal efecto, el episodio quinto es especialmente brillante.

Vida es como si el Almodóvar de Todo Sobre Mi Madre (1999) y el Cuarón de Y Tu Mamá También (2001) hubieran tenido una hija

Al final Vida es una explosión de feminidad, color, frescura y erotismo difícil de resistir. Sus seis episodios son como si el Almodóvar de Todo Sobre Mi Madre (1999) y el Cuarón de Y Tu Mamá También (2001) hubieran tenido una hija que ahora se acercara a la mayoría de edad y nos empezara a contar sus historias de amor, lucha y supervivencia en una América que, hoy más que nunca, necesita reconciliarse con su herencia mexicana. El season finale de Vida se emitió esta semana en Estados Unidos y anoche fue renovada para una segunda temporada. Esperemos que la renovación anime a que alguien en España se decida a comprarla y emitirla. Mientras tanto, descarguen Vida sin miedo. Porque hay que verla.

Queremos una segunda temporada. Y la queremos ya

Vida