25 junio, 2018. Por

Vetusta Morla Mágica

Ha sido mágico haber llegado aquí sin un solo talismán: los tricantinos reinician la música en directo en España y el rock en castellano
Vetusta Morla Mágica

De aquel “valor para marcharse y miedo a aceptar” al que cantaban diez años atrás unos semidesconocidos veinteañeros tricantinos autodenominados colectivamente como Vetusta Morla a estos que reflexionan sobre lo “mágico” de “haber llegado aquí sin un solo talismán” y que se permiten el lujo de generar un microseísmo con un gran salto mortal de casi 40.000 personas en uno de los conciertos más importantes que se hayan producido en la historia de la música española han pasado solo diez años.

No solo superaron el valor para marcharse en un momento en el que habían tenido que cerrar por fuera todas y cada una de las puertas que habían golpeado durante los primeros diez años de banda; sino que han intuido y aceptado con naturalidad el cambio de paradigma que supuso su irrupción formal en una escena que necesitaba un escapulario, un referente a nivel musical pero también a nivel profesional, de gestión y de maneras de hacer, y que acabaría convirtiéndose en una banda que era, a la vez, todo eso, y algo más: la más que posible banda de rock más importante del mundo en habla hispana, como os dijimos aquí antes que en ningún sitio hace meses.

“Quien no comprenda la magnitud de la grandeza que una banda sin presencia en medios de comunicación tradicionales, sin sonar en radios comerciales ni responder al canon de “artista cómodo para la industria” ha desarmado la baraja y ha decidido que el 23 de junio tenía que volver a empezar todo, es que o no tiene el valor suficiente para marcharse o el suficiente miedo como para no aceptarlo. Como ellos mismos cantan: ¿quién quiere encontrarlos si aún no se han perdido?”

A ese es el juego al que llevan jugando el último año, después de haber ido tomando muy pasito a pasito (y suave, suavecito) cada uno de los movimientos de sus primeros años: deberían haber sido los primeros en todo, por condiciones y por capacidad de movilidad de gente, pero no fueron los primeros del circuito indie o alternativo (menudas etiquetas a estas alturas) en llenar el WiZink Center.

Ahora, y con los dinosaurios del rock latino (de Bunbury al regreso de Los Fabulosos Cadillacs o los vaivenes de Molotov y Maná) intentando seguir ocupando ese espacio, y tras las subidas y bajadas de la que era su banda-competidora más cercana (los mexicanos Zoé o la retirada de Calle 13 para abdicar en Residente) su juego es el de convertirse en la banda referente del rock en español es, visto lo visto en la Explanada de La Caja Mágica durante la última Noche de San Juan, más que plausible. Y lo más importante: sigue habiendo mucha magia, pero sin efectos especiales.

“Vetusta Morla se convirtieron en su propio festival, haciéndole un Mortadelo a la industria (desde la industria) y demostrando que no necesitan de ellos para convocar tantas personas como aforos multitudinarios existen”

Ahora, con el tablero pateado después de afrontar una grabación digna de grupo de escalada internacional (tres ciudades, productores internacionales, una multinacional detrás, un arranque de gira en Latinoamérica y una gira por España por pabellones y plazas para miles de personas), la foto finish que describe el momento es casi la de una escalada espacial: un plano cenital con 38.000 personas que agotaron entradas con más de una semana de antelación, reventando por los cuatro costados un recinto acostumbrado a aglutinar a esta cantidad de gente en la coyuntura de un festival internacional; dejando un concierto tan histórico como incómodo: al margen de la espectacularidad del show, este ejercicio de megalomanía y pulso a sus propios límites tiene sus claroscuros (sobre todo, la manera de gestionar la salida de 38.000 personas a la vez, y ya de madrugada, de un recinto ubicado en el extrarradio de Madrid; o incluso el olor a fosa séptica que rezumó durante todo el concierto, procedente de los baños).

Aun con todo, Vetusta Morla se convirtieron en su propio festival (literalmente: aprovecharon o compartieron el montaje de lo que será el Download Festival este fin de semana en La Caja Mágica, pero tocando solos), haciéndole un Mortadelo a la industria (desde la industria) y demostrando no solo que no necesitan de ellos para convocar tantas personas como aforos multitudinarios existen, sino también aseverando que, si los quieren, tendrán que pagar tanto o más que lo que se paga por varios de los grandes nombres internacionales.

“Ahora, y con los dinosaurios del rock latino (de Bunbury al regreso de Los Fabulosos Cadillacs o los vaivenes de Molotov y Maná) intentando seguir ocupando ese espacio, y tras las subidas y bajadas de la que era su banda-competidora más cercana (los mexicanos Zoé o la retirada de Calle 13 para intentar convertir en ‘eso’ a Residente) su juego es el de convertirse en la banda referente del rock en español es, visto lo visto en La Caja Mágica, más que plausible”

Durante las dos horas y media y cerca de 25 canciones de show no se dejaron sin tocar ninguna pieza de su último disco, Mismo sitio, distinto lugar (demostrando que algunas canciones mejoran en directo: sobre todo, Guerra civil, 23 de junio y La vieja escuela; que otras, como Palmeras en La Mancha, El discurso del rey y Te lo digo a ti son carne de festival; y que Consejo de sabios puede ser la nueva Los días raros), dejaron mensajes políticos explícitos (discursos de Pucho a favor de los refugiados antes de tocar La Deriva; nuevas frases en canciones como Golpe maestro contra la Ley Mordaza; y varios mensajes contra la violencia machista, desde el cartel que en las pantallas aseveraba antes del show: “Solo SÍ es SÍ”), se permitieron el lujo de dejar fuera del repertorio varios clásicos de sus inicios (las más pedidas, Saharabbey Road, Un día en el mundo o Lo que te hace grande), Pucho demostró su valía como frontman eléctrico (se pateó todos los pasillos abiertos entre el público mientras sonaba Mapas), hicieron un guiño al sarcasmo millennial (David Broncano, presentador de La vida moderna y La Resistencia, salió a escena disfrazado de cerdo baloncestista y recitó una frase de Ella Baila Sola) y se permitieron un despliegue técnico y de montaje digno de un concierto de U2 o Coldplay. Como ellos mismos cantan en Fuego: “¿quién quiere encontrarse si aun no se ha perdido?”.

La época en la que Vetusta Morla daban pasos muy sobre seguro ha acabado definitivamente. Puede haber quien diga que Héroes del Silencio fueron más grandes, o que Alejandro Sanz un año atrás llenó el Vicente Calderón, o que Operación Triunfo hará lo propio en el Santiago Bernabéu dentro de unos días, o que incluso un día antes Bruno Mars congregó casi 20.000 personas más en otro espacio de Madrid (55.000 en el primer concierto del Wanda Metropolitano).

¿Os parece comparable la presencia mediática e industrial de todos esos productos si los comparamos a Vetusta Morla? Quien no comprenda la magnitud de la grandeza que una banda sin presencia en medios de comunicación tradicionales, sin sonar en radios comerciales ni responder al canon de “artista cómodo para la industria” ha desarmado la baraja y ha decidido que el 23 de junio tenía que volver a empezar todo, es que o no tiene el valor suficiente para marcharse o el suficiente miedo como para no aceptarlo. ¿Hay alguna hoguera más alta que saltar?

Vetusta Morla Mágica