11 mayo, 2018. Por

Verdad o Reto

Los filtros de Snapchat y los lugares comunes del cine de terror ya no dan miedo
Verdad o Reto

Hace unas semanas decíamos que algo se mueve en el cine de terror. Parece que en la vertiente adolescente del género, las malas costumbres tardan en morir. Así que esta semana nos enfrentamos a Verdad o Reto (Jeff Wadlow, 2018), nuestra cita mensual con el cine de jovenzuelos ingenuos inexplicablemente atraídos por lo sobrenatural, los objetos afilados y, por lo general, las decisiones vitales deplorables. Me gustaría decir que el film aporta algo nuevo a su género o que, por lo menos, explota habilidosamente los recursos clásicos de éste para generar atmósferas genuinamente terroríficas. Pero ni una cosa ni la otra: Verdad o Reto es una película ramplona e intrascendente que no recomendaría ni a mi peor enemigo. Como tantas otras de su corte.

“No se pasa miedo en ningún momento de la película y los jugadores son de una simpleza que aburre a las piedras”

En sus últimas vacaciones de Semana Santa como universitaria, Olivia (Lucy Hale) viaja con sus amigos a México a vivir una fiesta interminable de tequila, emojis y tíos buenos retransmitida por Snapchat (la vitalista secuencia introductoria a golpe de stories, por cierto, es de las pocas cosas que merecen la pena de Verdad o Reto). Pero una inocente partida de Verdad o Reto entre las ruinas de un antiguo convento acaba enturbiándose y aguándoles la fiesta. Y, lo que es peor: el juego les persigue de vuelta a casa, donde todos empiezan a tener visiones en los que siniestros filtros de Snapchat les obligan a elegir entre verdad o reto, sopena de sufrir una muerte horrible si tratan de eludir la decisión o escaquearse de la prueba impuesta.

Uno pensaría que para el aficionado a las pelis de miedo Verdad o Reto podría aportar, al menos, un rato divertido. Su planteamiento no descubre América y su desarrollo recuerda, desde el principio, a Destino Final (James Wong, 2000). Pero tiene potencial para darnos un puñado de sustos o traernos, incluso, un buen drama de personajes. Nada de esto sucede: miedo no se pasa en ningún momento de la película y los jugadores son de una simpleza que aburre a las piedras. Solamente hay una secuencia, uno de los retos, que implica a alguien ebrio caminando por un tejado, que es capaz de manejar las tensiones con cierta habilidad.

“En 100 minutos caben muchas verdades y retos y llega un momento en el que ni los unos ni los otros sorprenden”

Así que a Verdad o Reto solamente le queda abonarse a las muertes desagradables y gráficas, las pruebas retorcidas, los filtros de Snapchat y los personajes y relaciones construidos a hachazos, casi sin interés por ser creíbles o atractivos y algún que otro lugar común del cine de terror, como el muerto viviente que pasea por el pasillo del hospital o un beso lésbico que aparecen sin razón ni fin aparente. Hay un intento de establecer un triángulo amoroso entre los tres protagonistas, Olivia, Lucas (Tyler Posey) y Markie (Violett Beane), así como de añadir complejidad a la relación entre las dos amigas. Pero ambos intentos son incapaces de despertar la más mínima empatía por ellos y tienen una consecuencia harto desagradable: añaden minutos a una película que desde muy pronto se hace interminable.

Se supone que aquí hay un triángulo amoroso. También se supone que estos tres tienen que importarle a uno

Porque en 100 minutos caben muchas verdades y retos y llega un momento en el que ni los unos ni los otros sorprenden. La crueldad de algunas de las pruebas contrasta con lo absurdamento que son otras. Y muchas de ellas pasan sin pena ni gloria, sin aportar casi nada a la trama, con los clásicos personajes secundarios cayendo como chinches en los tramos intermedios de la cinta mientras el “misterioso” origen de la maldición que persigue a nuestros protagonistas (que no importa a casi nadie) tarda demasiado en desvelarse.

“Otra peli de terror que no da miedo y que será convenientemente olvidada nada más estrenarse”

Al final ni miedo, ni entretenimiento, ni personajes que nos importen, ni amistades que nos lleguen, ni historias de amor que nos vayamos a creer, ni un villano original. Para rematar, el ilógico e insatisfactorio final traiciona los precarios rasgos de personalidad que se habían intentado asignar a Olivia a lo largo del metraje, solamente a fin de dejar abierta la posibilidad de desarrollar secuelas. Verdad o Reto es la pura definición de una película intrascendente que aburre más que permite pasar el rato. Otra peli de terror que no da miedo y que será convenientemente olvidada nada más estrenarse.

Verdad o Reto