21 marzo, 2018. Por

Vargas Llosa

‘La llamada de la tribu’, o una advertencia para detectar irracionalidades políticas
Vargas Llosa

¿Y si el neoliberalismo no fuera el demonio? ¿Y si el mercado fuera, en lugar del salvaje infierno con el que lo identifican sus detractores, el mejor garante del cumplimiento de la ley o una de las pocas herramientas inventadas por el hombre que favorecen con eficacia la libertad y la igualdad? ¿Y si el capital tuviera gran parte de la culpa del cultivo de la educación y de la tolerancia con el adversario, fundamentos de la sociedad civil entendida como tal?

A todas estas preguntas, y a muchas otras, responde Mario Vargas Llosa (1936) en La llamada de la tribu. Cuestiones que él mismo ha ido preguntándose a medida que su progresiva formación intelectual entraba en colisión con la inercia ideológica de su entorno. Porque el escritor peruano incurrió en la defensa del socialismo desde su adolescencia y juventud en su natal Perú, cuando dijo adiós a la Universidad Católica para matricularse en la insurrecta Universidad de San Marcos. Militó, incluso, en el marxismo activo desde una célula universitaria comunista. El Nobel de 2010, como tantos intelectuales sudamericanos en la segunda mitad del pasado siglo XX, se posicionó sin vacilar frente al llamado imperialismo yanqui, ese que extendió sus tentáculos y maniobró, de forma directa o indirecta, en Bolivia, Chile, Nicaragua, Cuba o Argentina.

«Si cualquier libro de Vargas Llosa supone un fenómeno social y literario, La llamada de la tribu puede ser su primera obra, en años, que lo logra sin ser una novela»

A diferencia de algunos de sus compañeros del ‘boom’, como el Gabriel García Márquez que nunca abjuró del régimen castrista, Vargas Llosa se distanció poco a poco de las doctrinas de izquierdas y viró hacia un liberalismo en el que mucho tuvo que ver su residencia en la Inglaterra de Margaret Thatcher, a finales de los años 60. De ahí a su (malograda) candidatura a la presidencia de Perú bajo un programa liberal, un viaje ideológico sustentado en lecturas, reflexiones y más lecturas.

La llamada de la tribu es una explicación de todo eso proceso de cambio mental. Vargas Llosa, haciendo buena aquella expresión de caminar a lomos de gigantes, cita en sus páginas a los siete grandes pensadores que fue encontrando por ese camino de reflexión. Dedica un capítulo a cada uno de sus referentes en ese camino. Adam Smith (1723-1790), José Ortega y Gasset (1883-1955), Friedrich August von Hayek (1883-1955), Karl Popper (1902-1994), Raymond Aron (1905-1983), Isaiah Berlin (1909-1997) y Jean-François Revel (1924-2006) son los pilares de su giro copernicano.

Descrita la transformación personal y mental, definidos los principios de cada uno de los siete ‘grandes’ sobre los que Vargas Llosa asentó sus vigentes principios políticos, el escritor hace algo mucho más valioso; La llamada de la tribu es una advertencia para detectar irracionalidades políticas y sesgos de los que se alimentan los populismos de uno y otro perfil ideológico. Un aviso para aquellos tentados de caer en la seducción de la identificación con un bien superior y que están dispuestos a llevarse por delante los logros de una ideología que ha permitido el mayor tiempo de paz y prosperidad de la historia. A pesar de sus imperfecciones, abundantes y visibles, las democracias occidentales merecen la más férrea defensa, viene a decir el Nobel, frente a las ficciones que aspiran a derribar todo lo que tanto ha costado construir.

«A pesar de sus imperfecciones, abundantes y visibles, las democracias occidentales merecen la más férrea defensa, viene a decir el Nobel, frente a las ficciones que aspiran a derribar todo lo que tanto ha costado construir»

La tribu es un espacio cerrado, un refugio y un paraguas bajo el que sus defensores creen estar seguros frente a un mundo líquido. Los totalitarismos y los populismos viven de ello en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Holanda o Hungría. Una plaga que parecía reservada a otras latitudes y que es capaz de contagiar a sociedades que parecían vacunadas frente a esas tensiones, entre otras razones por la reciente historia de Europa. Si cualquier libro de Vargas Llosa supone un fenómeno social y literario, La llamada de la tribu puede ser su primera obra, en años, que lo logra sin ser una novela. Que un consagrado escritor ya octogenario como él publique un trabajo como éste, en el que reconoce y explica un cambio de ideales que le ha reportado tantos rechazos de tantos y en tantas ocasiones, es algo valiente y que celebrar.

Portada del libro

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