22 febrero, 2017. Por

Valdes

Recuerdos del futuro
Valdes

¿Se puede construir la música de baile del mañana con la mirada doblegada entre el pasado y el futuro? Los hermanos Pancho y Edu Valdés se quitan la tilde de su apellido y se universalizan en Valdes, un proyecto a través del cual han conseguido articular un discurso hedonista y retrofuturista, imponiendo una base de aires disco-funk que miran atrás pero con las herramientas que el house-pop moderno impone en la física de baile contemporánea.

No es extraño que el dúo argentino de la provincia de Córdoba siga cosechando éxitos a tan solo unos meses de la publicación de un homónimo debut que, a pesar de nacer y forjarse de una ciudad que no es la centralita de la actividad musical argentina, ya se ha codeado con nombres como los de Javiera Mena, Banda de Turistas o Juana Molina y es uno de los grandes secretos a voces del indie-dance alternativo latinoamericano.

RETRO

Es fácil que viajes al sonido de la música disco de los años ’80: el reflujo del falsete de los Bee Gees, las melodías redondas de los Jackson 5, las guitarras space-funk de Prince o esa presión discopop de iconos como CHIC, Sister Sledge o Imagination se funden en un intenso abrazo para dar a luz, curiosamente, un proyecto de música moderna que bebe en todas direcciones, sin prejuicios generacionales, en una confusión metódica brillante.

Y es que es probable que estos Valdes hayan bebido de esas influencias del mismo modo que otros proyectos de groove sudamericano como Illya Kuryaki & the Valderramas, Javiera Mena, Alex Anwandter, Coiffeur, Alejandro Paz, Michael Mike o sus compañeros de sello De La Rivera, entre otros.

En esa base y en ese radio sonoro, en el límite de la música disco de finales de los ’70, el funk-pop electrizante de los ’80, la mirada interior (o lo que es lo mismo: su culto y pleitesía a Luis Alberto Spinetta, icono del rock argentino que murió hace cinco años y al que homenajean explícitamente en Luz) y las bases acid-house del pastilleo noventero, es desde donde nos hacen bailar estos hermanos plateados. Sobre todo en los hits más autóctonos del dúo: Brillar, Bienvenida a mí o Bailar sola.

FUTURO

Y sí, hay bastante de mañana. No solo porque la música imperante de baile (y más si hablamos de música latina) no es precisamente el house, ni la música disco ni algo así como el indie-dance en los que podemos intentar catalogar a Valdes. En su apuesta está su conquista de esa pista de baile invisible, esa misma a la que cantan en Libre (“no conozco una persona que nos lleve a triunfar / no conozco la receta para siempre perdurar”).

Del mismo modo que se dejan arropar por socios de lujo (sobre todo los matices que aporta la voz femenina de Florencia Lucena en varios cortes, pero también las inyecciones de groove moderno de Santiago Beltramo, Nahuel Barbero, Tomás Ferrero o Hernán Ortiz) precisamente en las canciones que más hacia adelante miran: Ven hacia mí coquetea con los más recientes Daft Punk; Nada más actualiza el techno bakala desde el hip-hop funky; Dámelo imagina el space-funk de Jamiroquai desde una mirada moderna; Crimen inyecta órbitas gravitantes en su sonido; y El Tiempo es un tech-house intromisivo, oscuro, casi de ritual clubbing para las horas de cierre discotequero.

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