21 julio, 2017. Por

Una noche fuera de control

El desmadre limitado y controlado (aunque irresistiblemente zafio) de Scarlett Johansson y sus compinches
Una noche fuera de control

Cabe preguntarse si en el universo referencial que manejan las protagonistas del debut de la norteamericana Lucia Aniello, por el que desfilan chistes gozosos a costa de Orange of the new black o The human centipede, existe también Very bad things, la comedia negra con la que debutara Peter Berg en 1998. En realidad, quizá no es necesario hacerse la pregunta: es obvio que Una noche fuera de control viene a ser una revisión de la premisa de aquél film, solo que invirtiendo el sexo de sus protagonistas. Aquí son cinco chicas de despedida de soltera en Miami tratando de deshacerse del cadáver de un tipo al que se han cargado accidentalmente.

Estando Ilana Glazer de Broad City a bordo, y dirigiendo la película una de las realizadoras y guionistas titulares de la serie, era esperable algo más desmadrado. De hecho, Glazer es la mejor de la función, dando vida a un personaje bastante parecido al que interpreta en la serie que puso en el mapa su rostro y el de Abbi Jacobson.

Pero el guión de Aniello y Paul W. Downs —también guionista de Broad City y actor en la película— no parece pretender mucho más que hacernos pasar una confortable hora y media en un cine con aire acondicionado, apostando por ofrecernos una refrescante apología de la sororidad femenina antes que por la incorrección o por el humor militante. Hay incorrección y hay humor militante, sí, pero en la dosis justa, exigida y esperada de una película de estas características.

Puede que sus creadores hayan concebido Una noche fuera de control como una especie de carta de presentación que les permita llevar a cabo proyectos más arriesgados. Y aunque es saludable y normalizador tener a cinco mujeres haciendo chistes zafios alrededor del cuerpo inerte de un hombre, podría habérsele dado una vuelta, por ejemplo, a ese conformista desenlace en el que todos los personajes acaban felizmente emparejados, validados por la mirada de otro. Eso sí: aquí, Ilana tiene más éxito en sus anhelos lésbicos del que suele tener en Broad City con el flirteo medio irónico que se lleva a menudo con Abbi.

Una noche fuera de control