11 octubre, 2017. Por

Una mujer fantástica

La película sobre una mujer transgénero que está revolucionando el cine latinoamericano
Una mujer fantástica

Resulta una verdadera lástima tener que reconocer que un tema como el transgénero esté aún tan lejos de aceptarse –pese a que estemos todo el día con el LGTBI en la boca-, como para hacerlo formar parte de las historias como un elemento más, y no como ‘el elemento’. Así ocurría con la homosexualidad, y terminó superándose, pero hasta que pudimos ver personajes gays que eran algo más que eso –gays-, tuvieron que pasar muchos Brokeback Mountain por delante.

Pues bien, hablar de personas que nacen de un sexo pero se sienten de otro todavía nos abruma demasiado como para apartarlo del epicentro de la trama, a pesar de verlo en comedia y drama, en adultos y niños, en hombres de nacimiento y en mujeres se sienten más chicos… Hay numerosas obras maestras recientes del tema, véase las espléndidas Laurence Anyways (Xavier Dolan), Tomboy (Céline Sciamma), Transamerica (Duncan Tucker), La chica danesa (Tom Hooper), Transparent (serie creada por Jill Soloway)…

Pues bien, el chileno Sebastián Lelio se suma a la lista de los que quieren hablar del transgénero retratando simplemente el drama del transgénero, algo, por otro lado, completamente necesario hoy en día. Porque sí. Porque se nos olvida. Porque en Una mujer fantástica asistimos a infinitos detalles que a uno/a pueden hacerle enloquecer. Como que, hablando con dos personas, una de ellas se refiera a ti como “Señorita” y el otro como “Señor”. O como que piensen que eres un delincuente. O como que una prueba médica suponga un martirio por tener que enseñar tus partes, aún sin operar.  Una mujer fantástica viaja por el drama más interesante de una sociedad de clase media/alta, intelectual, educada, que puede ser tan despreciativa o más que la de los bajos fondos; solo que encima parece que tiene toda la potestad y el respaldo de la sociedad (reaccionaria) a la que pertenece.

¿Cómo cuenta todo esto Sebastián Lelio?

Marina (Daniela Vega) es una mujer respetuosa, tranquila y con una voz sofisticada que sobrevive sin hacer demasiado ruido, y vive feliz junto a su pareja, Orlando (Fernando Reyes). Tras pasar la noche de su cumpleaños de la forma más romántica y común, Orlando sufre una crisis que no supera, y fallece en apenas dos horas. Marina afronta sola el terrible susto nocturno, la carrera hacia el hospital, una caída del moribundo por las escaleras a causa de los mareos, y la traumática muerte en el hospital.

“Toda la lectura de la película, liderada por esta mujer irrompible, vaga entre la bondad y la maldad de las personas –los buenos y los malos-, sin demasiados matices; pero esto puede llegar a obviarse gracias a lo sutil de las escenas y a la interpretación de Daniela Vega”

 

Hasta aquí, todo sigue siendo normal pese a la dureza de la situación. Pero donde su director y guionista, Sebastián Lelio, quiere incomodarnos de verdad es al lanzar la pregunta de: “Bien, ahora que os podéis hacer una idea de lo que es pasar por un hecho así de inesperado, ¿cómo sería si fueseis una jovencita con un pasado masculino?”. La aversión, la humillación y los obstáculos comienzan a cernirse ante Marina. Y la narración así se desarrolla, sin muchas más pretensiones, fluctuando a veces entre el thriller, el costumbrismo, la poética y, me atrevería a decir, la comedia negra –brillante esa escena en la que Marina utiliza su fuerza masculina para subirse al capó de un coche y pisotearlo con los tacones-.

Es cierto que toda la lectura de la película, liderada por esta mujer irrompible, vaga entre la bondad y la maldad de las personas –los buenos y los malos-, sin demasiados matices; pero esto puede llegar a obviarse gracias a lo sutil de las escenas y a la interpretación de Daniela Vega, cuyo personaje, también es cierto, brilla menos que en la anterior cinta del director, Gloria, con su majestuosa Paulina García. Una mujer fantástica es de las pocas lecciones morales que se disfrutan gratamente.

Una mujer fantástica