15 diciembre, 2017. Por

Una especie de familia

Una Bárbara Lennie pasada de rosca protagoniza un drama sobre la gestación subrogada
Una especie de familia

Oímos hablar mucho de la gestación subrogada, o lo que hemos conocido siempre comúnmente como ‘vientres de alquiler’. Lo oímos mucho, pero lo vemos más bien poco en pantalla; y uno de los dramas más interesantes que este debate esconde es la injusticia de clases, de los que tienen mucho y sufren mucho por no superar el trauma de no poder tener hijos, y de los que tienen poco y sufren también mucho, por razones obvias de supervivencia.

Sí, es cierto que la gestación subrogada no tiene por qué implicar clases altas y clases bajas; el acuerdo que algunos españoles pudientes establecen con mujeres norteamericanas, como Javier Cámara, por ejemplo, para gestar el bebé del que serán padres, se desarrolla en un contexto muy occidental, muy legal y muy limpio; pero ésta no es la suerte que corren otras muchas mujeres del mundo, como en India, donde el gobierno ha decidido excluir a los extranjeros, para acabar con un negocio que mueve 400 millones de dólares anuales.

En realidad, Una especie de familia, la nueva película de Diego Lerman, no habla de alquilar un vientre para poder tener un hijo, pero sí que retrata esta dolorosísima desigualdad entre mujeres: las que pueden gestar pero no pueden comer, y las que pueden comer pero son incapaces de traer un niño al mundo.

Malena (Bárbara Lennie) es una doctora que viaja desde la metrópoli de Buenos Aires hasta un pueblucho de mala muerte al norte del país para cumplir el objetivo que le tiene desquiciada: recoger al bebé que le han prometido será suyo. Pero claro, nunca nada es lo que parece, y menos en estos asuntos tan turbios y delicados. Lo que inicia verdaderamente Malena es un viaje convulso y desesperante por la adversidad, donde es extorsionada, enjuiciada por ser de clase alta, manipulada, y un montón de cosas más que le hacen llorar desde el principio hasta el final de la película.

Y debemos admitirlo: Bárbara Lennie suele estar soberbia le echen lo que le echen, pero su personaje en Una especie de familia se pasa un poco de rosca. El resto del elenco que le rodea, como Daniel Aráoz (al que hemos visto antes en El hombre del al lado) en el papel de médico amigo/enemigo o Claudio Tolcachir (conocido nombre en circuitos teatrales como director, pero también por pelis como Mentiras piadosas) son más bien una masa que le acompaña en este viaje infernal; moderados y cumplidores. Todos menos una poderosa Yanina Ávila en el personaje de la madre biológica y rival en el proceso terrible de la adopción. Con ella, Bárbara Lennie mantiene un duelo en dos secuencias brillantes de la película, pese a estar, insistimos, un poco pasada de dramatismo durante todo el metraje.

“El film no habla de alquilar un vientre para poder tener un hijo, pero sí que retrata esta dolorosísima desigualdad entre mujeres: las que pueden gestar pero no pueden comer, y las que pueden comer pero son incapaces de traer un niño al mundo”

Recordamos hoy el gran hallazgo que fue La Adopción, de Daniela Féjerman, para hablar con una sobriedad gélida y una sensibilidad latente a lo largo de toda la película sobre la frustración que supone para un matrimonio ‘normal’ –es decir, de clase media/alta, con lujos y precariedades- llegar a un territorio donde la miseria corroe las almas de sus habitantes hasta hacer sentir a esta pareja intrusa como unos auténticos desalmados culpables por tener lo que ellos no tienen. Y esto también está en Una especie de familia, pero sin la misma elegancia, o quizá solo a ratos.

Con todo, la película se estrena tras ganar el premio al Mejor Guión en San Sebastián o a Mejor Película en Chicago. Juzguen por ustedes mismos, en realidad.

Una especie de familia