23 octubre, 2018. Por

Un roble

Cuando la idea de “cada función es diferente” se lleva a la máxima expresión
Un roble

“Un, dos, tres… duerme”

Dos personajes. Un hipnotista (interpretado por Luis Sorolla) que ha perdido sus poderes de sugestión. Y un padre que ha sufrido otra pérdida, en este caso bastante más dolorosa y además por culpa del anterior: la pérdida de un hijo. Ambos se encuentran en una sesión de hipnosis, y esto es lo que cuenta Un roble, que se acaba de estrenar en el Pavón Teatro Kamikaze.

La función, ideada originalmente por Tim Crouch y que giró con gran éxito por el mundo, tenía una particularidad: la persona que hace de padre sólo sabe eso, que hace de padre y ha perdido un hijo. El hipnotista siempre es el mismo actor, pero el personaje del progenitor cada noche es interpretado por un actor o actriz diferentes, que son guiados a través de indicaciones, bien lanzadas en alta voz o a través de un pinganillo.

“El hipnotista siempre es el mismo actor, pero el personaje del progenitor cada noche es interpretado por un actor o actriz diferentes, que son guiados a través de indicaciones, bien lanzadas en alta voz o a través de un pinganillo”

Esta adaptación española dirigida por Carlos Tuñón (responsable de algunas joyas como La cena del Rey Baltasar o una versión participativa de Hamlet de cuatro horas de duración, maravillosa hasta decir basta) sigue la misma fórmula y nos presenta “algo diferente a lo que suele ser ‘la magia del teatro’: aquí el truco está constantemente a la vista, la obra no pretende eliminar la distancia entre la vida real y la ficción, sino que pone el foco en esa distancia.” Según sus creadores, “’Un roble’ es una obra acerca de la pérdida, de la sugestión y del poder de la mente y de la capacidad de nuestra imaginación para crear y creer.”

Como siempre en teatro, cada función será diferente. Aunque en este caso más todavía. En la que nos tocó era el turno de Israel Elejalde, pero por allí pasarán también Fran Cantos, Inma Cuevas, Irene Escolar, Javier Godino, Pilar Gómez, María Hervás, Pablo Messiez o Pepe Viyuela. Un más que interesante plantel de intérpretes para una función de curioso punto de partida, cuyo poder de seducción dependerá en gran medida de las ganas de dejarse embaucar del espectador. Que deberá entrar en el juego o quedarse fuera de él, sin posibilidad de reenganche. “Un, dos, tres… despierta”

Un roble