11 enero, 2018. Por

Tres anuncios en las afueras

De dilemas morales, cuestiones urgentes, intercambio de estocadas y Globos de Oro
Tres anuncios en las afueras

Si algo queda claro en el tercer largometraje del dramaturgo y cineasta inglés Martin McDonagh, además de que la violencia engendra violencia, es que la película difícilmente se sostendría sin el irascible magnetismo que Frances McDormand aporta a su personaje principal.

Ella es Mildred Hayes, una madre separada cuya hija fue violada y asesinada. Corroída por la rabia y frustrada porque la policía local no ha logrado dar con el culpable, alquila los tres paneles de publicidad a los que se refiere el título del filme, ubicados en el tramo de carretera en el que desapareció su hija, y hace fijar en ellos tres directas invectivas para someter a escarnio a las fuerzas de seguridad. Su dedo acusador apunta, concretamente, hacia el jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), que padece un avanzado cáncer terminal.

A McDonagh no le interesa en absoluto narrar una investigación criminal sino hacer hincapié, una vez más, en el carácter a menudo arbitrario e inextricable de la violencia, y en su temible poder de erosión sobre el alma humana. Y lo cierto es que el viaje que propone Tres anuncios en las afueras no solo es llevadero sino que, en las antípodas de aquél elaborado divertimento que fue Siete psicópatas (2012), aborda cuestiones urgentes y logra plantearnos algún que otro dilema moral.

«El viaje que nos propone la película no solo es llevadero sino que aborda cuestiones urgentes y logra plantearnos algún que otro dilema moral»

En sus mejores momentos, parece que el dramaturgo que McDonagh viene siendo desde hace más de veinte años se dijera irónicamente a sí mismo que nunca lograremos saber del todo cómo ocurren las cosas y qué pasa por la mente de las personas, por más que urdamos narraciones que pretendan ser un reflejo de lo real.

El cineasta inglés tiene también buena mano para confeccionar los repartos de sus películas: a una estupenda MacDormand se unen aquí una carismática galería de secundarios entre los que figuran Clarke Peters o Peter Dinklage. Sam Rockwell, por su parte, tiene un papel crucial: interpreta a un conflictivo policía al que McDonagh convertirá en todo un antihéroe, en un giro de guión bastante discutible.

Son precisamente los volantazos a los que la película nos somete hasta sus instantes finales los que, en su tercer acto, terminan por lastrar la propuesta: queriendo construir un circuito cerrado de iras y agravios, McDonagh acaba prácticamente electrocutando a algunos de sus personajes, perdiéndoles el respeto. Con todo y que Tres anuncios en las afueras no sea del todo satisfactoria, resulta ciertamente agradable asistir al intercambio de chanzas entre los personajes de MacDormand y Harrelson, un duelo en el que será este último quien aseste una brillante estocada final, antes de salir definitivamente de escena.

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