13 septiembre, 2018. Por

Todos lo saben

Un cluedo a la española de varios millones de presupuesto; o Asghar Farhadi jugando a hacer una ‘Agatha Christie en la España profunda’
Todos lo saben

O Asghar Farhadi se ha querido acercar a la genética del cine español a la vez de la mística de la España profunda; o uno de los repartos más inmejorables posibles (y más caros que se recuerde, al menos en cuanto al caché de sus nombres) se moría de ganas de trabajar con el doblemente oscarizado en los últimos siete años (por Nader y Simin, una separación y El viajante) cineasta iraní, tuviera el guion que tuviera entre manos, a ciegas.

Posiblemente se hayan dado las dos casuísticas. Farhadi tenía entre manos una historia ambientada en un ambiente rural, que bien ha sido España como podría haber sido su Irán natal, China, Ecuador o Noruega. Acabó siendo la España profunda, la misma de las películas de Almodóvar, Cuerda o Berlanga; y con un reparto que ponía a disposición del iraní no solo una coalición de productoras entre las que estaba El Deseo (que, al final, se salieron de la producción por desavenencias varias) o Morena Films (que acabaron asumiendo la producción), sino también un reparto histórico, inasumible para prácticamente cualquier producción española: Penélope Cruz, Javier Bardem, Eduard Fernández, Inma Cuesta, Bárbara Lennie y hasta el actor argentino más internacional de la historia, Ricardo Darín.

La intención de base parecía ser confinar una película que oposite a ser una suerte de estereotipo internacional del cine español, pero tirando no solo de algunas de las caras más reconocibles de nuestro cine en el resto del mundo, sino de un cineasta que ha demostrado que su cine era reflexivo, humanista y había conseguido calar recientemente en la industria de Hollywood.

“Da la sensación de que, por tirar de un guion más bien vulgar y de una dirección irregular, se acaban desaprovechando las marcas reflexivas y humanistas del cine Farhadi, y las ultracapacidades de algunos de los actores y actrices españoles (y argentinos) más importantes de la historia del cine”

El resultado ha sido más bien diferente: Todos lo saben no te lleva a un lugar diferente que cualquier otro thriller de intriga. No solo no se percibe el cine de Farhadi prácticamente en ningún momento (de hecho, la dirección de actores es irregular: hay personajes secundarios, que acaban teniendo gran peso en el film, que hacen las veces de extras o de árboles en una función demasiado centrada en las caras conocidas); sino que esas marcas costumbristas del cine español más autóctono apenas se perciben en el idioma y el paisaje, pero no en esa genética tan singular que tiene el cine estatal que ha recurrido habitualmente a la España profunda.

No es que las apariencias engañen, pero a priori impresiona ver el despliegue de una producción cuyo trasfondo y guion tampoco va más allá que una buena película de misterio. Porque eso es lo que narra Todos lo saben: la historia de un secuestro en pleno seno familiar y durante la celebración de una boda, y la consiguiente sombra de la sospecha acerca de quién ha cometido el secuestro, por qué y qué secretos íntimos se acaban desvelando en pleno proceso de búsqueda.

En realidad, Farhadi ha acabado cayendo en las garras del cliché de una suerte de “Ágatha Christie a la española” o de “Cluedo en la España profunda”. Si bien consigue mantener con tino el misterio hasta el final, desplegando esa sombra de la sospecha por encima de prácticamente todo el reparto (no precisamente pequeño) de la película; formalmente, si no fuese por las desgarradoras interpretaciones de los protagonistas (especialmente de Bardem, Penélope, Lennie y Darín: por ese orden), se trataría de un film de sobremesa de Antena 3, esos que te atrapan frente a la pantalla por saber cuál va a ser el desenlace, pero que, una vez resuelto, te deja frío, con la única satisfacción de poner cara al verdugo.

“Asghar Farhadi ha acabado cayendo en las garras del cliché de una suerte de ‘Ágatha Christie a la española’ o de ‘Cluedo en la España profunda'”

A diferencia de lo logrado por el cineasta iraní en Nader y Simin, una separación, El viajante, El pasado o A propósito de Elly, entre otras, en Todos lo saben el poso de profundidad y reflexión humanista es mínimo. Sí, hay un ruido de fondo que parece proyectar los problemas de una “familia tipo” en un “pueblo rural tipo”, con sus secretos, mentiras, dimes y diretes; el film tampoco va mucho más allá, sin proyectar una moraleja que realmente ahonde ni en cuestiones emocionales ni especialmente conmovedoras: acaba quedándose en la propia meseta castellana en la que se rodó, con el único objetivo de entretener, pero no de hacer historia en el cine español. Como prueba, la elección por parte de la Academia de Cine Español de una película como Campeones antes que ésta: ni los dos Oscars de Farhadi ni el tonel de caras internacionales ha conseguido encandilar a una Academia que le vio las costuras a Todos lo saben.

Al final, da la sensación de que, por tirar de un guion más bien vulgar y de una dirección irregular, que se desaprovechan las marcas reflexivas y humanistas del cine Farhadi, y las ultracapacidades de algunos de los actores y actrices españoles (y argentinos) más importantes de la historia del cine.

Todos lo saben