13 noviembre, 2017. Por

Henry David Thoreau

El insumiso literario del que el ecologismo se apropió
Henry David Thoreau

Ernst Hemingway en Tanzania, en busca de las nieves del Kilimanjaro, Paul Theroux en tren por China, Paul Bowles en Tánger o Henry Miller en las calles de París. Fueron grandes autores que nutrieron sus libros de sus viajes personales. Asia, África y América, incluso Europa, eran continentes con lugares aún recónditos en los que encontrar personajes e historias memorables. Menos comunes son los que escritores que viajaron muy pocos kilómetros y hacia un destino no que les proveyera de grandes historias, sino de la suficiente perspectiva como para redefinir su vida.

Henry David Thoreau fue el más grande de todos ellos. Quizá Virginia Woolf, que abandonó Bloomsbury para irse a vivir a la cabaña de Monk’s House, sea equiparable en cuanto a trayecto físico y personal. Thoreau mandó a tomar vientos la acomodada vida urbanita para irse a vivir durante 26 meses a una cabaña en el bosque de Concord, en Massachusetts, y allí parió Walden, hoy tomada como referencial biblia del ecologismo y la vida ermitaña.

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro, ni quería practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario», escribió el escritor, poeta y filósofo estadounidense, también naturista, también agrimensor, en un cita que resume una obra.

En este verano de 2017 se festeja el bicentenario de su nacimiento, y por ello varias editoriales patrias han dado el do de pecho en la publicación de sus magistrales obras y en otros cuantos libros que versan y analizan su figura. Pepitas de calabaza colocó en los escaparates de las librerías Una casa en Walden. Sobre Thoreau y cultura contemporánea, de Antonio Casado da Rocha. En Ariel apostaron por El triunfo de los principios, cómo vivir con Thoreau, de Toni Montesinos. Y Errata Naturae ha puesto toda la carne en el asador con Todo lo bueno es libre y salvaje, Walden, y una basta y detallada biografía sobre el autor obra de Robert Richardson. Todo ello se suma a los Diarios de Thoreau, que Capitán Swing lanzó en dos tomos en 2013.

Thoreau fue un insumiso literario y literal (llegó a pisar la cárcel por negarse a pagar impuestos como protesta contra la esclavitud en América) y escribió una obra tan singular y suicida como Desobediencia civil (1849) en la que se jugó cualquier posible reconocimiento legítimo del establishment social y político. Las ideas de Gandhi o Martin Luther King beberían de ella. Thoreau era, además de un afilado observador, un rara avis capaz de hacer buena aquella frase de que si quieres conocer cómo es de verdad alguien, conviene fijarse antes en sus actos que en sus palabras.

«Su obra es un monumento a la trascendencia y una vital invitación a disfrutar de la existencia, nunca en un sentido egocéntrico. Su huida de lo convencional y de lo considerado sagrado por la sociedad, en línea con el trascendentalismo, le instala en el centro de la paternidad de la literatura estadounidense junto al gigante Walt Whitman»

 

El ecologismo se ha apropiado de Thoreau porque su defensa de la vida en la naturaleza fue férrea, pero esa misma defensa no le llevó a enemistarse con las ciudades ni sus agresivas formas de vida. No entraría en la categoría de vegetariano estricto, aunque sí era algo muy similar, y también era conocido como senderista y piragüista de cierto nivel. Defendía a los animales del maltrato 150 años de que a alguien se le ocurriera hablar de los derechos de éstos. Su humanismo era individualista, apreciaba la experimentación en primera persona pero rechazaba, por ejemplo, el consumo del alcohol. Era, en definitiva, una personalidad de infinitos matices.

Su obra es un monumento a la trascendencia y una vital invitación a disfrutar de la existencia, nunca en un sentido egocéntrico. Su huida de lo convencional y de lo considerado sagrado por la sociedad, en línea con el trascendentalismo, le instala en el centro de la paternidad de la literatura estadounidense junto al gigante Walt Whitman. Su obra, tan próxima al contacto real con la esencia de la naturaleza del hombre, es idónea para afrontarla en estos meses de verano, en los que la rutina nos da un respiro en forma de un descanso por el que puede entrar aire fresco.

Henry David Thoreau