21 marzo, 2018. Por

Thelma

Romance, juventud y homosexualidad: la delicada brujería que vino del Norte
Thelma

Casi con medio año de retraso con respecto a su estreno (no ser seleccionada para los Oscar parece haberle hecho mucho daño a su distribución internacional) este viernes llega a las pantallas españolas la cinta noruega Thelma (Joachim Trier, 2017). Una delicada película que, desde la armónica sensibilidad nórdica, mezcla inocencia, juventud, religión, descubrimiento de la sexualidad y pinceladas sobrenaturales relacionadas con la brujería como fenómeno de género. El resultado de esta combinación es una película tensa, enigmática, algo ambigua en cuanto a la historia que pretende relatar y muy elegante visualmente.

“Thelma podría perderse divagando entre la magia y los paisajes; o quedarse en la historia de amor homosexual facilona. No le pasa ni lo uno ni lo otro”

A los 18 años Thelma (Eili Harboe) abandona por primera vez el estricto y opresivo hogar familiar para comenzar sus estudios universitarios. Fuera de la sombra de sus padres, la joven empieza a socializar tímidamente y a descubrir inesperados sentimientos Anja (Kaya Wilkins), por una compañera de clase. Y lo que es peor: comienza a sufrir ataques epilépticos sin explicación médica y que coinciden con algunos fenómenos extraños que se van sucediendo a su alrededor. Tratando de comprenderlos, Thelma deberá revisar su pasado y la retorcida relación que la une a sus padres.

Thelma es la cuarta película del realizador danés Joachim Trier. A pesar de la contundencia emocional de alguna de sus cintas anteriores, como Oslo, 31 de Agosto (2011), éste parece su trabajo más redondo hasta la fecha. Es posible que la adición de la temática sobrenatural a su habitualmente descarnado cóctel de emociones tenga algo que ver. Con tantos asuntos para tratar en algo menos de dos horas de metraje, Thelma bien podría perderse divagando entre la magia y los paisajes; o quedarse en la historia de amor homosexual casi adolescente facilona. No le pasa ni lo uno ni lo otro, y eso se agradece.

“El tratamiento de la brujería es sutil, delicado y original, muy alejado de los estándares de las historias paranormales para este asunto”

Sin duda, Thelma es una historia de amor LGTB. Atípica, eso sí. Pero, por encima de eso, es un drama fantástico cuya narrativa le permite, además, contener audaces dosis de misterio. La película no teme tomarse su tiempo para presentar a su protagonista, su presente y sus numerosos conflictos internos. Solo cuando el espectador está sumergido de lleno en el personaje, se permite Trier indagar en su pasado y descubrir las piezas del pasado familiar que van explicando su presente. No puede negarse que su ritmo comedido no es el adecuado para cualquier tipo de público, pero a medida que la trama sobrenatural va tomando forma, al espectador no puede evitar sentirse engullido por ella.

La sucesión de imágenes tan inquietantes o perturbadoras como bellas es constante, y hasta adictiva

Y es que uno de los aciertos más claros de Thelma es la introducción de la brujería en su trama. Más aún cuando aparece para relacionarse sin remilgos con el hecho femenino y el menosprecio de la mujer en las sociedades occidentales tradicionales. Thelma hace gala, además, de un tratamiento sutil, delicado y original, muy alejado de los estándares de las historias paranormales para este asunto. La manera en la que los elementos fantásticos se van entrelazando con los convulsos sentimientos de la protagonista es deliciosa y contribuye no solo a empatizar con el personaje sino, también, a hacerla aún más inquietante.

“Una película diferente, capaz de ir bastante más allá de la mera etiqueta sobrenatural y mucho más interesante que las hiperdramáticas historias de amor lésbico convencionales”

Si a todo esto le sumamos el pulcro gusto estético nórdico y la hipnótica interpretación de Eili Harboe, la verdad es que el lento ritmo de Thelma compensa con creces las satisfacciones que nos da la cinta. Trier se deleita de manera eficiente, además, en el gélido paisaje noruego. Y se permite romper la quietud que sus propios escenarios generan con imágenes rompedoras, inesperadas e impactantes. Los últimos compases de la cinta, que tienen que rodar un clímax verdaderamente emocionante y catártico; o los ominosos episodios de epilepsia y alucinaciones que va sufriendo la protagonista son los mejores ejemplos de su elegante factura técnica.

Trier se deleita en los rostros y la anatomía de las protagonistas, y dichos planos contrastan con el pulcro pero eficaz tratamiento del paisaje

El resultado es una cinta diferente, capaz de ir bastante más allá de la mera etiqueta sobrenatural y mucho más interesante que las hiperdramáticas historias de amor lésbico convencionales. Que intriga, inquieta y perturba pero que, a su vez, enternece y atrapa. Una mirada fresca y necesaria sobre el género fantástico capaz de atraer a espectadores de otros sectores del público o de acercar a los aficionados a dicho género a nuevas formas narrativas.

Thelma