25 abril, 2017. Por

The White Queen

La serie que has de ver antes de empezar ‘The White Princess’
The White Queen

Después de décadas de estabilidad, el reino parece unificado y la corona, fuerte. Pero el advenimiento de un monarca demasiado joven, controlado por su esposa y propenso a la enfermedad mental pone en guardia a los, hasta entonces apaciguados, demás pretendientes al trono. Una guerra civil se desata entre partidarios y detractores del débil monarca, que acaba por decantarse por los segundos. No sin que antes la casa reinante ejecute al principal instigador de la rebelión allanando el camino, sin saberlo, para que sus tres hijos se hagan con el poder.

¿Crees que te estoy contando el arranque de Juego de Tronos, con los hermanos Baratheon levantándose en armas contra el rey loco después de que éste humille públicamente a los cabezas de familia de los Stark, guardianes del Norte? Prueba otra vez: te estoy hablando de la guerra civil que se desarrolló en Inglaterra en el siglo XV y a la que comúnmente llamamos Guerras de las Rosas, aunque sus coetáneos solían llamarla Guerra de los Primos. Y sí, este conflicto se ha apuntado muchas veces como una de las principales fuentes de inspiración de G.R.R. Martin a la hora de crear su Canción de Hielo y Fuego.

Pero, ¿por qué ponernos a hablar ahora de los últimos coletazos del feudalismo en Inglaterra? La excusa es el estreno de The White Princess, una miniserie de ocho episodios producida por STARZ, esta misma semana (HBO España se encargará de ponerla a disposición de sus suscriptores 24 horas después de su emisión en Estados Unidos). Esta nueva superproducción histórica está protagonizada por Isabel de York, reina consorte de Enrique VII, primer monarca de la Dinastía Tudor. Pero lo que no mucha gente sabe es que se trata de la segunda parte de The White Queen, una serie producida por la BBC en 2013 basándose en la serie de novelas históricas The Cousins’ War de Philippa Gregory, que llegó a estar nominada a tres Globos de Oro. Este mes HBO España también ha recuperado dicha serie y, de hecho, la ha traído a España por primera vez desde su producción.

The White Queen relata las Guerras de las Rosas desde el triunfo de la Casa de York (a la que se identificaba en el campo de batalla por las rosas blancas de sus estandartes) sobre la de Lancaster (asociada con la rosa roja) en la batalla de Towton y la coronación de Eduardo IV como rey de Inglaterra (1461) hasta la muerte de Ricardo III y el ascenso al trono de Enrique Tudor, uno de los últimos descendientes directos de la casa de Lancaster con reivindicación directa del trono, como Enrique VII tras la Batalla de Bosworth, en 1485. La coronación de Enrique VII y su matrimonio con Isabel de York, la mayor de las hijas de Eduardo IV, suele considerarse como el final de las Guerras de las Rosas (y marca la entrada del Renacimiento en las Islas Británicas), ya que supuso la “reconciliación” mediante la unión matrimonial de las casas de York y Lancaster (como símbolo de dicha reconciliación los monarcas Tudor hicieron de la rosa roja y blanca su símbolo).

“The White Queen desplaza la acción y el punto de vista hacia las mujeres involucradas en la Guerra de las rosas”

 

Una guerra contada por mujeres

Así contadas las Guerras de las Rosas no parecen más que una aburrida sucesión de duques, condes, herederos y bastardos pegándose espadazos hasta que solamente quede uno en pie. Y lo cierto es que así es como se cuentan en cualquier libro de texto. La peculiaridad de The White Queen es la de desplazar radicalmente la acción y el punto de vista hacia las mujeres involucradas en el conflicto (una constante en la literatura de Philippa Gregory). De este modo, si bien se suele considerar a Enrique IV, Eduardo IV, Ricardo III y Enrique VII como los protagonistas de esta historia; el relato se centra en Margaret de Anjou (esposa de Enrique VI), Elizabeth Woodville (la “reina blanca”, esposa de Eduardo IV), Anne Neville (hija de uno de los principales instigadores de la ascensión de York al trono y esposa de Ricardo III) y Margaret Beaufort (la “reina roja”, madre de Enrique Tudor). A través de ellas explora todas las posibilidades de influencia que tenían las mujeres en la corte, a pesar de su aparente intrascendencia en el devenir político y militar de cualquier nación del medievo.

Gregory propone el inadecuado matrimonio entre Enrique IV (que estaba prometido a una princesa francesa) y la viuda de un contendiente de la casa de Lancaster, Elizabeth Woodville; como principal fuente de tensiones dentro de la casa de York durante su reinado. Y llega a pintar a los contendientes masculinos en este pulso casi como meras marionetas de sus madres, hermanas y esposas, que los usan como vehículos para solventar sus ambiciones, miedos y rencillas entre ellas.

Sin ir más lejos la reina consorte, Elizabeth Woodville, y su madre, fueron acusadas frecuentemente de brujería por sus coetáneos. Hecho a raíz del cual la serie no duda en introducir leves elementos mágicos en el relato histórico, haciéndolo más embriagador todavía. Mientras que la líder indiscutible de la causa Tudor, Margaret Beaufort, es el contrapunto perfecto para convertir el relato de las Guerras de las Rosas en la última batalla entre el paganismo y el cristianismo en Inglaterra.

The White Queen se convierte, de este modo, en una historia sobre varias mujeres tanto o más ambiciosas que los hombres que las rodean; y que no dudan en utilizar todos los recursos imaginables a su alcance (sexo, descendencia, chantaje, intriga, conspiración, fortunas, religión y magia) para doblegar la realidad a su voluntad. Y donde la serie triunfa de una manera abrumadora es al transmitir como humanas y comprensibles las ambiciones (y las medidas que toman para llevarlas a buen puerto) de estas mujeres, por muy lejanas que sean de las que nos mueven a las mujeres de hoy.

“La serie triunfa al transmitir como humanas y comprensibles las ambiciones de estas mujeres, por muy lejanas que sean de las que nos mueven a las mujeres de hoy”

 

Shakespeare, Ricardo III y los Príncipes de la Torre

Al aficionado al teatro o a la literatura clásica no se le habrá escapado que William Shakespeare trató detalladamente las Guerras de las Rosas en Enrique VI y Ricardo III, dejando a este último y a la casa de York en general un poco a la altura del betún. Pero claro, Shakespeare era súbdito de la reina Isabel I, que era hija de Enrique VIII que era a su vez hijo de Enrique Tudor. Así que no es muy difícil discernir hacia dónde se inclinaban sus lealtades. Fuera como fuese, el dramaturgo contribuyó de manera definitiva a oscurecer la figura del último monarca de la casa de York (que reinó durante 2 años sin conseguir nunca hacerse querer demasiado, todo sea dicho).

Si bien hemos dicho que las mujeres son las protagonistas de The White Queen, Ricardo, duque de Gloucester, el menor de los tres hermanos de la casa de York, es la excepción: la serie consagra sus últimos episodios a revisar su figura bajo una óptica muy alejada de la habitual.

Lo cierto es que Ricardo III es uno de los monarcas más controvertidos de la Historia de Inglaterra: ascendió al trono mediante la declaración de nulidad del matrimonio entre su hermano Eduardo IV y Elizabeth Woodville tras la muerte de éste; lo que convirtió a sus dos descendientes varones en bastardos. No contento con imposibilitar su acceso al trono, Ricardo encerró a los muchachos (jóvenes, pero mucho más populares que él) en la Torre de Londres para evitar que le disputaran la corona. El qué sucedió con los pequeños herederos de la casa de York (los Príncipes de la Torre) es, todavía hoy, objeto de conjeturas. Pero nadie los volvió a ver.

En un episodio magistral (el noveno), The White Queen aborda esta, una de las grandes leyendas de la historiografía inglesa. Y lo hace explorando, de nuevo, las ambiciones de alguna de las mujeres de la corte como posibles responsables de la desaparición de los príncipes. Por el camino, humaniza a Ricardo III, mostrándolo como un joven torturado por las decisiones que su madre y su esposa le han obligado a tomar. Por momentos parece un ambiguo príncipe gótico salido de alguna película de Tim Burton. Aquel cobarde al que Shakespeare retratara gritando “Mi reino por un caballo” cuando se da cuenta de que la batalla de Bosworth está perdida; se presenta como un joven leal a su casa y a su hermano que solamente es culpable de desconfiar (casi enfermizamente) de la esposa de éste.

“Son muchas las escenas que evocan a la ‘marca Shakespeare’: la trágica relación entre el amor, la muerte y la intriga”

 

Pero, aunque la serie trata de desmarcarse de la versión shakespiriana de la historia, sus intérpretes mantienen al dramaturgo cerca en todo momento. Y es que si algo caracteriza (ya desde hace décadas) a la tele británica es la sobresaliente capacidad dramática de sus actores, y The White Queen está lejos de ser una excepción. Muchos apuntan a la constante presencia de las tragedias de Shakespeare en la formación de estos actores como una de los orígenes de su intensidad interpretativa, de su angustiosa capacidad para convencer a través de la emoción contenida. Y son muchas las escenas de The White Queen que evocan a la trágica relación entre el amor, la muerte y la intriga (la extraña figura de Lady Rivers, que en no pocos momentos nos recuerda a Lady Macbeth; o el tenso y trágico triángulo amoroso que se monta entre Ricardo duque de Gloucester, Anne Neville e Isabel de York), en un guiño manifiesto a la obra de Shakespeare.

Isabel de York y Enrique VII: The White Princess

La nueva producción de STARZ retomará las novelas de Philppa Gregory donde The White Queen la dejó, con el ascenso de la dinastía Tudor al trono de Inglaterra. Y lo hará con ocho episodios y en formato autoconclusivo, relatando los últimos conatos de rebelión contra los Tudor por parte de los pocos focos leales a York que quedaron tras la batalla de Bosworth. Una historia que los cronistas y dramaturgos de la época pintaron como de amor fervoroso y juvenil, en la que la heredera de York tuvo poca o nula intervención en el devenir político de la nación; pero que vuelve a revisarse desde la perspectiva de la disimulada labor de influencia (e interferencia) que las mujeres podían llegar a desarrollar en una corte.

“Está por ver si The White Princess está a la altura de la sutil combinación de sensualidad, violencia, ensoñación bucólica medieval, magia e intriga de The White Queen”

 

Aunque Emma Frost sigue siendo la showrunner en esta nueva serie, la producción pasa de ser británica a estadounidense, y el elenco cambia en su totalidad. Tal vez sean estos dos factores los que, a priori, plantean más dudas acerca de The White Princess: a pesar de la juventud de casi todo su elenco, no hay un solo actor en The White Queen que dejara indiferente al espectador, y parece casi blasfemo que no podamos seguir disfrutando de la abrumadora interpretación de Amanda Hale como Margaret Beaufort (ahora Margaret Regina, interpretada por Michelle Fairley, quien fuera Catelyn Stark en Juego de tronos); o a la sutil Rebecca Ferguson como a la eternamente intrigante reina blanca (que en The White Princess está interpretada por Essie Davies).

También está por ver si la producción estadounidense está a la altura de la sutil combinación de sensualidad, violencia, ensoñación bucólica medieval, magia e intriga de su predecesora. Todos estos elementos en The White Queen funcionaban a la perfección porque estaban añadidos solamente en su justa medida y, como aprendimos viendo The Tudors, la tele estadounidense no suele ser tan hábil a la hora de medir y combinar dosis. Las dudas se despejarán esta misma semana para los suscriptores de HBO España. Pero que su lejanía histórica y geográfica no les impida dar una oportunidad a su predecesora, The White Queen: una de esas series que nunca es tarde para ver.

The White Queen