19 junio, 2018. Por

The Tale

La primera película del #MeToo es una de las cintas más imprescindibles del año
The Tale

El gran cine ya no se ve exclusivamente salas oscuras llenas de butacas. Si en el último año nos hemos encontrado con un buen puñado de “películas fallidas” estrenadas directamente en plataformas de streaming, los misterios de la distribución a veces impiden que cintas imprescindibles lleguen a las salas, con toda la invisibilidad para el público no especializado que ello implica. Este es el injusto caso de The Tale (Jennifer Fox, 2018) que, tras competir en Sundance, se estrenó en HBO el mes pasado. Y hay mucho de cobardía por parte de las distribuidoras en todo esto. The Tale es una película que nadie quiere ver. Su visionado es una experiencia tan incómoda como pasarse hora y media sentado sobre una palanca de cambios. Y, sin embargo, hay que verla. Aunque sea con un barreño al lado. Pero no se puede estar sin ver ni hablar de esta película.

“‘The Tale’ es una película que nadie quiere ver. Y, sin embargo, hay que verla. Aunque sea con un barreño al lado. Pero no se puede estar sin ver ni hablar de esta película”

Jennifer Fox, la propia directora y guionista de la película, a la que da vida Laura Dern, es una respetada documentalista que un día cualquiera recibe una angustiadísima llamada de su madre. Ha encontrado un relato que su hija escribió en la adolescencia y el contenido de éste la tiene aterrorizada. Obligada a enfrentarse a Jenny (Isabelle Nelisse), su yo de 13 años , Jennifer ha de poner nombre y apellidos a la relación que tuvo con sus entrenadores de equitación y atletismo, Mrs. G (Elizabeth Debicki) y Bill (Jason Ritter) y que lleva años escondiendo en algún rincón de su memoria. El espectador acompañará a la directora por su escalofriante viaje desde la negación hasta la asunción de su condición de víctima, más de 40 años después de que los hechos sucedieran.

Lo que sucede entre la joven Jenny, el atleta retirado Bill y la magnética profesora de equitación Mrs. G es tan grave como se empieza a entrever en el trailer: una relación, prolongada y recurrente, de carácter sexual entre dos adultos y una menor. Como decíamos, The Tale no es una película apta para los débiles de espíritu. ¿Cómo consigue Fox que tan terrorífica historia logre escapar de lo vulgar, del melodrama de sobremesa, del morbo y de la pornografía emocional? Sin duda, echándole unos ovarios de acero al asunto. Haciendo uso de un elenco que está, sin excepción, a un nivel artístico sobresaliente. Y no dejándose casi nada en el tintero.

“Con unas dosis desmedidas de valor y huyendo del drama, de la simplificación, de la omisión y de la sensiblería se construye una película imprescindible”

Desde una honestidad que se te clava en la piel, Jennifer Fox va entretejiendo el relato de los hechos que le sucedieron a ella misma en 1973 con el huracán emocional en el que se mete su versión adulta en el presente. La volatilidad de la memoria, la manera en la que nos vemos y nos recordamos a nosotros mismos, la osadía de la juventud o el terror que nos producen palabras como “víctima” o “abuso” son los materiales sobre los que se construye The Tale. Así, con unas dosis desmedidas de valor y huyendo del drama, de la simplificación, de la omisión y de la sensiblería se construye una película imprescindible.

Al principio parece que Fox se va a limitar a analizar los acontecimientos con una aséptica frialdad. Pero lejos de ello, se propone narrar una historia, tal y como ha hecho en su carrera como documentalista. El hallazgo del relato pone en marcha un diálogo de Jennifer consigo misma, Jenny, de 13 años, y con los adultos que rodeaban a aquella niña, muy madura, locuaz y profunda para su edad. Jennifer tiene que redescubrirse a sí misma. Reconquistar cada recoveco de su memoria. De ese recuerdo de una preadolescente invisible para el mundo, salvo para los dos fascinantes adultos que se fijan en ella y se convierten en su mundo.

“No hay chantaje. No busca hacernos llorar. Nos hace sentirnos furiosos, impotentes, aterrorizados y asqueados”

Todo este proceso de conocimiento personal sería hasta hermoso si no estuviera al servicio de una historia tan terrible. Y, aún así, el ritmo que se genera es hipnótico. Horrorizado, el espectador no puede dejar de mirar. Y ahí es donde The Tale triunfa de manera sonora e incontestable: a la hora de coger el hecho más repugnante y terrorífico que uno se pueda imaginar y narrarlo desde una sosegada honestidad, con la tranquilidad de lo que ya se sabe que no tiene arreglo y de que no es ni la primera ni la última vez que sucede algo así. Y hacer que te quedes mirando.

Jennifer Cox y Elizabeth Debicki durante el rodaje

No hay chantaje. The Tale no busca hacernos llorar. Nos hace sentirnos furiosos, impotentes, aterrorizados y asqueados. Yo tuve que parar la película en un par de ocasiones para poder asimilar la magnitud de lo que estaba sucediendo en la tele de mi salón. Pero en ningún momento se me pasó por la cabeza dejar de ver la película: el viaje de Jennifer es tan doloroso como fascinante. Cada vez que la voz de Laura Dern se quiebra cuando trata de interpelar a la niña de 13 años que una vez fue se le clava a uno en el pecho. La burlona seguridad con la que responde Jenny da escalofríos.

“Lo único que no está bien en ‘The Tale’ es que no se esté hablando de ella en todos los medios”

Es especialmente desgarrador es el trabajo de Elizabeth Debicki y de Frances Conroy, que interpretan a Mrs. G. Ambas tienen que afrontar un personaje al que el espectador necesita odiar desde lo más profundo de su alma, y hacer de ella una especie de vergonzante objeto de deseo. Y, por supuesto, la joven Isabelle Nélisse, cuya interpretación es fundamental y no flaquea en credibilidad ni intensidad ni un solo momento.

Al final lo único que no está bien en The Tale es que no se esté hablando de ella en todos los medios. Una película tan hermosa, inteligente, necesaria y valiente no puede pasar tan desapercibida. Sencillamente, no es justo. ¿Nos obliga a replantearnos muchas historietas edulcoradas sobre lo soberanos y conscientes que son algunos adolescentes, como la alabadísima Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017)? Por supuesto. The Tale no tiene miedo a la hora de proclamar que los jóvenes son maduros y capaces de hacer con su cuerpo… lo que los adultos que los desean quieran.

“No hay un buen día para sentarse a ver ‘The Tale’. La pongamos cuando la pongamos va a ser un golpe seco y profundo en la boca del estómago”

¿Nos planta en las narices una dialéctica de negación del abuso, de minimización de la agresión, de interiorización absoluta de la violación como algo que, sencillamente, pasa, que a lo mejor hasta hemos oído pronunciar con forzada naturalidad a alguien de nuestro entorno? Es posible. ¿Nos hace cuestionarnos a nosotros mismos y a la fiabilidad de nuestra memoria, de nuestras versiones de los hechos? Demasiado. Así que no, no hay un buen día para sentarse a ver The Tale. La pongamos cuando la pongamos va a ser un golpe seco y profundo en la boca del estómago. Y, aún así, no se me ocurre una sola persona en el mundo a la que no se la recomendaría. La tienen en HBO.

The Tale