19 febrero, 2018. Por

The Ritual

La enésima película de terror que desperdicia un buen planteamiento sobre paganismo y brujería
The Ritual

Con el ruido generado por The Cloverfield Paradox (Julius Onah, 2018), el estreno de The Ritual (David Bruckner, 2017) en Netflix el pasado viernes quedó algo deslucido. La plataforma de distribución de contenidos audiovisuales se hizo hace unos meses con los derechos de esta prometedora cinta de terror británica, que se basa en una novela homónima de Adam Nevill. Es una lástima que ni la exhuberante naturaleza que retrata, ni la sólida trayectoria de Bruckner al frente de otras piezas del género, ni la solvente factura técnica ni el atractivo planteamiento consigan que The Ritual sea algo más que hora y media de la vida de uno perdida.

“Ni la solvente factura técnica ni el atractivo planteamiento consiguen que The Ritual sea algo más que hora y media de la vida de uno perdida”

Luke (Rafe Spall), Phil (Arsher Ali), Hutch (Robert James-Collier), Dom (Sam Troughton) y Rob (Paul Reid) son cinco perfectos treintañeros ingleses. Tienen pocos intereses más allá de la bebida y el fútbol. Algunos de ellos están sentando la cabeza mientras que otros siempre quieren tomarse una última copa después de una noche en el pub. Cuando Rob fallece de manera violenta ante un impotente Luke las vacaciones de desfase que el grupo tenía previstas se convierten en una introspectiva ruta de senderismo por las colinas suecas en memoria del amigo perdido. Pero los frondosos bosques nórdicos esconden perturbadoras presencias que no tardarán en manifestarse.

The Ritual pone unas cartas muy interesantes sobre la mesa en sus primeros minutos: el decadente grupo de amigos que repite los rituales alcohólicos ya casi sin ganas, el cobarde Luke, incapaz de mover un dedo por salvar a su amigo y los silencios y tensiones, síntoma de la desintegración de los lazos de amistad, que angustian al grupo durante un viaje que ninguno de ellos quiere hacer. Y cuando la amenaza surge de entre los bosques, parece ansiosa por cebarse con estos conflictos. O, al menos, tiene la atractiva intención de alimentarse del sentimiento de culpa de Luke.

“The Ritual pierde una oportunidad estupenda para crear una amenaza que ataque las numerosas flaquezas y temores de los cuatro miembros del grupo”

Hasta aquí todo perfecto. Desgraciadamente The Ritual pierde una oportunidad estupenda para crear una amenaza que ataque las numerosas flaquezas y temores de los cuatro miembros del grupo. Incluso, para explorar las inseguridades propias de los varones de ésta edad. Pero no está claro por qué lo que sea que persigue a los cuatro protagonistas por los bosques evoca el recuerdo de la muerte de Rob en Luke, y tampoco se llega a explicar qué clase de terrores y pesadillas provoca en los demás miembros del grupo. A medida que pasan los minutos las sombras y los ruidos en el bosque se van volviendo cada vez más vulgares, los errores de los protagonistas, manidos y los lugares, comunes.

La brujería y el paganismo son atractivos, pero se tratan torpemente, sin ningún tipo de cuidado ni contexto

Todo esto molesta mucho más cuando los elementos que utiliza The Ritual son genuinamente fascinantes. El tratamiento de la vegetación boscosa, la luz entre los árboles, el diseño del monstruo, original y bastante terrorífico e, incluso, el diseño de sonido, generan una atmósfera perfecta para morirse de miedo pero disfrutar un poco por el camino. Es más: la brujería, el paganismo y la mitología nórdica son temas a los que se les puede dar mucho más juego del que se le da en el cine de terror. Pero se introducen sin ton ni son, sin dar explicaciones convincentes sobre la posible conexión con Luke, “vomitando” un buen puñado de runas, tótems, cadáveres y lugares inquietantes sin ponerlos en contexto ninguno.

“Tampoco parece interesada en mostrar o descubrir nada nuevo sobre la masculinidad, las amistades entre varones o la psique de éstos”

Por supuesto se habla de brujería pero se elude cualquier insinuación que permita tratarla como un tema de género (suele serlo). The Ritual es una historia exclusivamente masculina, donde las mujeres ni siquiera llegan a ser espectadoras. Pero tampoco parece interesada en mostrar o descubrir nada nuevo sobre la masculinidad, las amistades entre varones o la psique de éstos. Los protagonistas de The Ritual sencillamente están ahí, porque no parece que haya nadie mejor, no porque haya nada intrínsecamente interesante en ellos que merezca la pena ser narrado. Son tan poco interesantes que al espectador le da lo mismo que mueran de maneras horribles. Un mal muy clásico del cine de terror.

Al final uno ha empleado hora y media de su tiempo en ver una película que sí, da un poco de miedo y causa inquietud de manera eficaz (tampoco esperen morirse del pánico en su salón), pero que desaprovecha su prometedor planteamiento de manera inmisericorde. La resolución de la historia no aporta nada que no se haya visto un buen puñado de veces, incluso para quien no sea un experto en el cine de terror. Falta imaginación e interés por asumir algún tipo de riesgo de cara a la narración o a la construcción de los personajes. La única ventaja es que The Ritual está ahí, al alcance de tu mando. Y que se deleita de manera deliciosa en el paisaje sueco.

The Ritual