16 febrero, 2018. Por

The Party

Los pijos ingleses también lloran: Sally Potter nos trae su faceta más divertida
The Party

¿Cuánto tiempo necesitas para poner de vuelta y media a todo el que te rodea? A Sally Potter le bastan 70 minutos. En poco más de una hora la veterana realizadora británica para arremete contra la clase alta, política, bienpensante e intelectual de su país. The Party es una tragicomedia negra (más comedia que tragedia, seamos sinceros) de concepción absolutamente teatral en la que las puñaladas (dialécticas) vuelan a un ritmo frenético entre siete personajes que representan a una de las más envidiables castas de la sociedad inglesa: la de los pijos progres londineses de mediana edad.

Después de años de ardua carrera política Janet (Kristin Scott Thomas) por fin accede al cargo de ministra de sanidad. En la tarde del anuncio se reúnen en su residencia para celebrarlo varios amigos. Está, claro, su marido Bill (Timothy Spall), académico y melómano y que esa noche no parece encontrarse del todo bien. Los primeros en llegar son April (Patricia Clarkson), la cínica amiga de Janet y su pareja, Gottfried (Bruno Ganz), un gurú alemán de lo místico y las terapias alternativas. Pronto se presentan Martha (Cherry Jones), amiga de Bill, y su esposa Jinny (Emily Mortimer), quien acaba de descubrir que está embarazada de trillizos (a Martha no le entusiasma la idea). Finalmente aparece Tom, el marido de una amiga íntima y compañera de trabajo de Janet, banquero histérico que va encocado hasta las cejas. Con semejante panorama la casa se convierte en una auténtica batalla campal.

“The Party lo tiene todo para ser un aburrido y sarcástico drama en el que la ropa sucia de personajes estereotipados se va lanzando contra la sala de cine empapada de bilis y rencor. Pero no lo es”

Con este planteamiento uno podría temer que The Party lo tiene todo para ser un aburrido y sarcástico drama en el que la ropa sucia de personajes estereotipados se va lanzando contra la sala de cine empapada de bilis y rencor. Pero no lo es. En realidad se trata de una aguda vuelta de tuerca sobre el subgénero del cine de personajes maduros, cultos y excesivamente educados hablando de sus cosas de progres. Un subgénero que, aunque nos ha dado algunas cintas memorables, como Las Invasiones Bárbaras (Denys Arcand, 2003), peca frecuentemente de pedante y desconectado de la realidad.

En The Party Sally Potter consigue crear un ritmo frenético, acorde a la neurosis de los siete personajes que la protagonizan. Los ágiles diálogos (elevados, pero no tan irreales como los que caracterizan los guiones de gente como Aaron Sorkin) y las puñaladas traperas se suceden a una velocidad tal que el espectador no se aburre ni un solo instante. A la película solamente le cuesta unos minutos coger ritmo, mientras van llegando los invitados a casa de Janet. Pero una vez están todos, da igual que el planteamiento ya sea de por sí un poco delirante y que la espiral de resentimiento no haga más que llevar la trama hasta el absurdo: la concatenación de revelaciones, rencores y conflictos atrapa y entretiene.

“The Party no le hace a uno reírse a carcajadas, pero sí que genera una media sonrisa”

Los temas que se tratan están, además, de plena actualidad. El feminismo, la sanidad pública, las terapias alternativas o la diversidad afectiva se exponen con una mala leche mordaz y necesaria. The Party no le hace a uno reírse a carcajadas, pero sí que genera una media sonrisa, un asentimiento y el reconocimiento de que muchas de esas situaciones o diálogos los ha vivido uno, tal vez no con tanta virulencia como se retratan en la cinta, pero también con menos gracia.

En última instancia, The Party le hace a uno pasar un rato ameno y divertido. El espectador sale de la sala con la verdadera sensación de haber visto a muy buenos intérpretes pasar un buen rato y sintiéndose partícipe de ello. Teniendo en cuenta que la filmografía de Sally Potter tiende a ser densa y a deleitarse en los silencios, The Party es refrescante y original. Una película que coge algunos de los aspectos más atractivos del teatro, como el uso de actores de método, los diálogos intensos y emocionales y la austeridad de escenarios; y los traslada al lenguaje cinematográfico de manera eficaz e inteligente. No es una película con ambiciones técnicas o llena de interpretaciones desgarradoras, pero es que no lo necesita: se pasa un buen rato y le da uno un par de vueltas a varios conflictos serios y actuales. No se puede pedir más.

The Party