19 diciembre, 2018. Por

The New Raemon

Un cantautor indie entre tempestades
The New Raemon

Hace diez años, Ramón Rodríguez decidía ser otro, alguien nuevo, sin el armazón de la banda de rock que sangra entre las cuerdas metálicas y el sudor que gotea sobre el amplificador, para reconvertirse en uno de los iconos del indie de autor en un año especialmente bisagra para el circuito alternativo. De Madee a The New Raemon, con A propósito de Garfunkel pateó el tablero de la reconversión cantautoril de un artista que había mamado rock alternativo por un tubo.

Ahora, una década después, The New Raemon parece iniciar un proceso más profesionalizado: con una agencia potente detrás y un sello multinacional ve la luz Una canción de cuna entre tempestades, un álbum donde se permite licencias sinfónicas y en el que, en vez de mirar tanto hacia adentro, consigue mirar con los ojos más puros posibles las cosas desde otra perspectiva.

Nos sentamos a hablar con Ramón no solo de su nuevo disco y de estos diez años de carrera con este proyecto, sino también de humanidad, libertad y miradas.

“Estoy en un momento muy cómodo; estoy en un punto en el que no tengo que demostrarle nada a nadie. Soy un señor mayor ya, con una obra con un peso relativamente importante. voy a una multinacional cuando me llaman ellos, y no cuando llamo yo. Ya no me pueden venir a pedir qué es lo que quieren que haga, nadie me manda”

Vi una foto que subiste a Facebook que parecía “la última cena”, pero que parecía comunicar como que es el disco más familiar; o que al menos se había creado en un espacio más de concordia y fraternidad. ¿Fue así o no? Recuerdo algún disco que parecías comunicar lo contrario, como más metido en ti mismo, como Libre asociación o Tinieblas, por fin.

Más que “familiar”, creo que sí que el foco está más puesto en lo que me rodea, en mi entorno, y menos en mí mismo: es una visión de mí mismo desde fuera. En ese sentido, sí; pero trabajo con el mismo sistema que siempre. Solo que con este grupo de músicos y amigos sí que creo que somos más familia que de costumbre, y llevamos cerca de cuatro o cinco años juntos.

La última canción tiene algo de nana y hay guiños juveniles, acercamientos nostálgicos a tu juventud. ¿Te gustaba esa idea de mirar desde esa parte medio infantil-virginal?

Sí, es cierto. Ahí tiene mucho que ver el hecho de que he vuelto a ser padre. Hay una canción del disco, Wittgenstein, que habla de una manera poética-metafórica sobre mí dando paseos con mi hijo, y el concepto del disco extrema eso: cuando estás viviendo una cosa tan bestial como ver a un ser humano en su fase más primitiva, donde es mucho más puro a cualquier ser humano, y estás mucho más abierto a todo, y eres una esponja que absorbe en su mundo particular todo lo que le llega, pero no se ve afectado por el orden-caos artificial que el hombre le ha dado al mundo.

¿Pero has tratado de ponerte en la mirada de tu hijo o en la tuya sobre lo que ve él?

Mi idea fue ponerme en su mirada: quiero volver a mirar las cosas como las mira este niño. ¿Cuándo se termina esa curiosidad que tiene el niño? ¿Cuándo empiezas a pensar con la mirada del adulto que tiene ciertos límites para mirar de determinada manera?

¿Tiraste un poco de recuerdos de cómo recuerdas tú tu etapa de niño o de adolescente (aunque no como un bebé, evidentemente)?

No tanto. Para mí, argumentar el disco es un trabajo que me pongo a hacerlo cuando lo escucho y empiezo a darme cuentas de cosas, y los periodistas empezáis a formularme algunas preguntas sobre cosas que identificáis. Yo no llegué al estudio con el discurso llevado desde casa: yo todas estas cosas no me las había formulado hasta hace bien poco. Yo voy probando cuántas canciones quedan bien juntas, cuáles agrupar: hacer un disco es eso, al menos de forma estándar. Líricamente me pasa lo mismo: hago las músicas y canto al final, e improviso en torno a ideas y me voy dejando llevar de una manera muy impulsiva; pero intento dotarlo de cierta narrativa.

“Mi música no es popular: o te gusta o lo detestas, pero no te puedes mear en ella, porque está hecha con cariño”

Pero quieres creer que tiene un por qué. No eres un autómata.

Sí, sí, y lo tiene, por supuesto. Pero, a lo mejor, te puede pasar que has hecho un disco de una manera muy inconsciente, y tres años después te das cuenta de lo que representa. Al final, los cantautores lo que hacemos es explicarnos a nosotros mismos, es como una autoexploración.

En esta fase, yo sí que identifico que Una canción de cuna entre tempestades ha tratado de buscar la mirada que tienen las cosas puras, y no hay nada más puro y fuera de una estructura artificial que la mirada de un niño. Por eso en el disco hay mucha mirada sobre la tierra, el mar, las hojas secas… elementos que quizá en mis discos anteriores no existían de una manera tan clara, porque hablaba más sobre mí mismo.

Tengo entendido que la canción Un posible final era para que la cantase Rocío Márquez. ¿Por qué has decidido que el destino final sea un disco tuyo, aunque sea cantándola con ella?

Porque cuando la terminé me la imaginaba más dentro de mi repertorio que del suyo; pero siempre conectándonos y cantando juntos. Me di cuenta que, si le gustaba la canción, ganaría mucho con ella, pero que tenía que estar dentro de mi disco.

Creo que habla de un episodio algo complicado y macabro, relacionado además con tus hijas.

En realidad, es a raíz de un crimen que pasó cerca de la zona de donde vivo.

Hay frases que tienen un aire incluso lorquiano, como si estuviese inspirada en Bodas de sangre, u obras de finales trágicos.

Hay partes inspiradas en la obra poética de Ingeborg Bachmann y una serie de poetas relacionados con reflexiones sobre el Holocausto. Tiene un rollo folclórico, y la misma letra es la que me llevó a pensar que la voz de Rocío podía encajar muy bien y darle una dimensión bestial a la canción. Creo que es una canción atemporal: es una estructura pop, pero con toques de cosas que puede remitirnos al flamenco o a cosas aflamencadas. Ella, además, no se desgarra: está muy cometida, consigue meterse en la canción, sin salirse. Es una canción que habla de la corrupción y la maldad, que creo que es intrínseco al hombre.

“No me sentiría cómodo siendo un frontman al estilo de Santi Balmes o Chris Martin. Me siento más identificado con Randy Newman, que es un señor encorvadito, que se hace pequeño, con sus gafas, tocando el piano…”

Tus discos y tus canciones suelen tener esa doble mirada, de hablar de cosas bellas, pero con puntos trágicos; como de Caperucita y el Lobo o de Jekyll y Hyde. ¿Te gusta esa dimensión, esa doble cara?

Es verdad, pero es que es tal y cómo entiendo yo el mundo. A veces un suceso muy trágico, o la pérdida de un ser querido, quizás te hace sentirte más vivo; forma parte de la experiencia de vivir. Toda esa fragilidad absurda de que cualquier cosa puede pasar, todo es volátil. Y precisamente por eso, ¿por qué no voy a poder hablar de esto en mis canciones? ¿Por qué voy a tener que esconderlo? Al menos permitirme la licencia de exponerlo. ¿Por qué nos gusta tanto The Wire? Porque es una serie que no juzga: nos pone las cosas delante para que uno decida si tal o cual personaje empatiza con nosotros o no.

¿Crees que todos somos un poco “buenos y malos” y que todo depende de la perspectiva?

Sí. Tú y yo seríamos capaces de hacer cosas horribles, pero la forma en la que nos hemos formado nos hace incapaces de hacerlas, porque sabemos que nos romperían a nosotros, por la forma de sentir que tenemos. Al final, todo esto se trata de empatía, que es algo que se está perdiendo en el mundo. Para mí estamos en el momento más superficial de la historia de la humanidad; todo está deshumanizado: puedes estar comiendo en la playa con niños flotando en el agua y no sentir nada. Y eso es terrible, pero existe, y hay que hablar de estas cosas.

Hay una frase en el disco que dices: “sé que no somos buenos, aunque a veces nos portemos bien”.

Es eso mismo, sí. Es una manera de meter algo en broma muy en serio o en serio muy en broma. Es una frase que resume muy bien lo que estábamos hablando. Para mí, no hay mayor policía que internet: todo el mundo es un ejemplo de conducta, al parecer. Yo no puedo estar dando lecciones, soy tan tarado como el resto; pero hay que tratar de poner un poco más de empatía. Nadie se pone en lugar del otro. Entre los que juzgan, los que creen que hacen algo malo, los que hacen cosas supuestamente buenas para que se noten… todo eso acaba estando plasmado en el disco.

“Quiero volver a mirar las cosas como las mira este niño. ¿Cuándo se termina esa curiosidad que tiene el niño? ¿Cuándo empiezas a pensar con la mirada del adulto que tiene ciertos límites para mirar de determinada manera?”

Hay una canción titulada Cielos estrellados en la que se entiende que hablas de la libertad, pero hay frases que pueden tener una lectura que pueden conectar con el conflicto catalán. Frases como: “¿cuándo seremos libres?”, “ya de nada me sirve esperar algo extraordinario”

(Ríe) ¿Tú crees? En realidad, es una canción que habla de la libertad más desde una mirada general…

Entiendo que no te gustan las lecturas politizadas.

No, no… yo escribo de una manera en la que las interpretaciones pueden ser múltiples. Si tú has hecho esa, me parece lícito; pero también me parece gracioso. Pero si tiene utilidad para alguien que lo vea así me parece cojonudo. Pero mi idea era más preguntarnos: “¿qué coño es ser libre? ¿qué es ser feliz?”. Son conceptos muy ambiguos e injustos con todos.

En cuanto al sonido del disco hay un empaque medio sinfónico: en al menos cuatro o cinco canciones suenan cuerdas en las canciones. ¿La idea es redimensionar tu sonido no solo en los discos, sino también en los directos?

De momento, en el directo no lo usaremos: tenemos un directo más eléctrico. Pero sí me apetecía usar cuerdas, porque hacía muchos discos que no las usaba. Ya las veía en las canciones: hay mucho aire, mucha reverb, las voces le dan ese aire etéreo y pesado, y el tempo del disco es mid-tempo, no son canciones rápidas. Y en ese tipo de canciones pegan especialmente bien las cuerdas.

Tengo entendido que tu hija Jazz estuvo en el proceso del disco. ¿Hasta qué punto se involucró? No sé bien de qué manera participó.

Ella sobre todo se ocupó de hacer los vídeos en directo: ella estudió audiovisuales y hace también los videoclips de Mourn, pero no ha participado en las canciones. Ella ha salido en la foto esa que me mencionaste al principio porque formó parte del equipo, aunque no haya sido desde un punto de vista musical.

“Estamos en el momento más superficial de la historia de la humanidad; todo está deshumanizado: puedes estar comiendo en la playa con niños flotando en el agua y no sentir nada. Y eso es terrible, pero existe, y hay que hablar de estas cosas”

¿Te ves haciendo algo con tus hijas, ahora que Mourn es un grupo ya reconocible en el circuito?

No, no. Yo lo veo como cosas paralelas y que tenemos que tener nuestras vidas independientes. Ya soy su padre y tienen suficiente con eso, sino voy a parecer la Pantoja (risas). Sí que cuando ella está haciendo discos o canciones me pasa cosas para que escuche y opine, me pregunta sobre cosas puntuales, por si falta algo… pero vamos, ya poco tengo que aportarles. Pero sí sé que mi opinión les importa.

Se han cumplido diez años de A propósito de Garfunkel, tu álbum debut. El año pasado ya pasaste revista de esta década como New Raemon. No sé si llegaste a algunas conclusiones: ¿te gusta lo que ha pasado, crees que ha sido mejor de lo que creías, crees que merecías un sitio mejor en la escena…?

Han sido diez años que para mí han sido como veinte, se ha hecho eterno. Parece más tiempo porque yo ya estaba con Madee y porque, además, he hecho muchas cosas en estos diez años. Yo no cambiaría nada de lo que he hecho: uno se tiene que equivocar y tomar buenas y malas decisiones para luego ser mejor. Te tienes que arriesgar, y yo creo que he arriesgado bastante.

¿Crees que empezaste una nueva etapa después de estos diez años?

Yo ahora estoy en un momento muy cómodo; estoy en un punto en el que no tengo que demostrarle nada a nadie. Soy un señor mayor ya, con una obra con un peso relativamente importante (casi cien canciones propias)… y hacer las cosas como uno quiere sí que es más duro y pesado, porque no tienes las comodidades que tienes si estás metido en una estructura más inmediata; pero cuando trabajas en la obra como he trabajado yo, es un punto muy interesante.

Yo voy a una multinacional cuando me llaman ellos, y no cuando llamo yo. Ya no me pueden venir a pedir qué es lo que quieren que haga, nadie me manda. Si me llaman es porque confían en que haga lo que quiera hacer. Yo estoy cómodo, porque estoy con una infraestructura más grande que quizá me permita profesionalizarme a un nivel superior. Tengo la suerte de ganarme la vida así, pero lo hago de una manera muy modesta. Por salir en un periódico no estoy montado en el dólar.

Mi música tampoco es tan popular: o te gusta o lo detestas, pero no te puedes mear en ella, porque está hecha con cariño. Yo los discos los publico porque sé que los puedo defender con dignidad. Yo soy muy crítico conmigo mismo, y antes de que escuches el disco he descartado un montón de material que para otro quizá era suficiente. Yo soy muy exigente. Y cuando escucho mi primer disco me parece muy válido: tiene su personalidad, como todos mis discos (a excepción de los dos primeros de Madee, que en aquel momento no sabíamos grabar muy bien discos).

Antes hablaste de ti mismo como cantautor. Se puede hablar incluso como “pop de autor” o “rock de autor”. Sin embargo, se te sigue asociando al circuito “indie”, con lo que sea que supone pertenecer a ella. ¿Te gusta que se te integre ahí o crees que es te correspondería estar en otro tipo de “escena”?

Yo más o menos me llevo bien con todo el mundo. Yo nunca he hecho esto para ser famoso, no va de esto: lo mío es una manera de ver la vida, y de componer canciones para contar cómo la veo. Yo me he montado mi propia historia y mini-estructura, para poder formar parte de otra cosa más grande, pero ser independiente y libre en cada cosa que hago. Ni juzgo ni quiero que me juzguen. Si se toman la molestia para escribirme para decirme que mi música es una mierda, menuda pérdida de tiempo.

¿Qué te gustaría que te diera este disco?

Me gustaría tocar menos y mejor. Esa es mi meta.

“Los cantautores lo que hacemos es explicarnos a nosotros mismos, es como una autoexploración”

Con “mejor”, ¿te refieres a mejores condiciones económicas?

También. Pero, sobre todo, en sitios donde pueda dar lo mejor de mí: a veces te encuentras tocando en sitios donde no es tan cómodo mostrar mi propuesta; y me gustaría estar en sitios un poco más cómodos para poder ser más selectivo, y planear todo de una forma en la que cada movimiento te parezca más mimado y que el público también lo pueda recibir así. Yo llevo tiempo intentando acabar de profesionalizarlo, porque he vivido momentos muy precarios.

¿Y ahora sientes que estás en un punto más profesional?

Yo creo que sí: tengo a Music Bus como agencia, está BMG sacándome el disco… Pero tampoco quiero que sea muy grande.

¿Pero tienes miedo a que se pueda salir de madre?

Es que no tengo ese perfil. No soy un frontman: lo que hace Santi Balmes con Love of Lesbian me parece imposible para mí, es un trabajo titánico que él hace súper bien, es un gran comunicador, maneja muy bien el lenguaje corporal… y por eso también llegan a la cantidad de público que llegan. Mi forma de comunicar es la emoción, mi voz: es un acento en mi garganta, yo soy un intérprete, no soy un frontman. No me sentiría cómodo siendo Chris Martin. A mí me gusta mucho Randy Newman, que es un señor encorvadito, que se hace pequeño, con sus gafas, tocando el piano… y a mí eso me parece súper potente. Pero vamos, no va a ser número 1 con su próximo disco.

No va a ir a El Hormiguero, vamos.

Exacto. Yo me considero más cerca en ese sector de gente: los artesanos de la canción. Y que sea la propia obra la que hable por mí de mí. A mí de los autores, sean cineastas, músicos o escritores, me interesa su línea de pensamiento, su discurso: ver las cabezas pensantes y los corazones de estas personas.

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