23 mayo, 2018. Por

The Great Escape

Te contamos nuestros descubrimientos musicales en uno de los festivales de música más prestigiosos del Reino Unido
The Great Escape

Hace unas semanas te hablábamos de The Great Escape, el festival británico que, edición tras edición, se va consolidando como una especie de South By Southwest a este lado del Atlántico. En él se dan cita durante tres días en la ciudad de Brighton lo más granado de la industria, el periodismo y el público musical del Reino Unido con más de 400 bandas, muchas de las cuales todavía andan buscando un contrato discográfico o fechas en salas y festivales en los que comenzar su andadura. Y, tras un duro estudio del cartel que congregaba este año el festival, nosotros también estuvimos allí para disfrutar de tres días de tugurios malolioentes, directos increíbles, cerveza amarga y ganas, muchas ganas, de descubrir música nueva.

Con varios centenares de conciertos (la mayoría de media hora cada uno) repartidos por decenas de salas de conciertos, discotecas, pubs, salas de hoteles, iglesias y escenarios montados al aire libre, tener cierta idea de lo que uno quiere ver es fundamental. A tal fin, la lista de Spotify y la app oficiales del festival han sido aliados imprescindibles para ir configurando, en las jornadas previas a The Great Escape, una hoja de ruta. Además, elegido con un buen gusto envidiable, el cartel abarcaba un buen puñado de géneros: desde el rap y el trap hasta el pop adolescente, pasando por el post-punk, los cantautores, el grunge y la electrónica.

En The Great Escape se dan cita la industria, el periodismo y el público musical del Reino Unido con más de 400 bandas

Por mi parte, con un interés mayoritario por el indie y el rock alternativo y tratando de dar prioridad a las formaciones que incluyeran mujeres en sus filas (agradablemente, en edición de The Great Escape la presencia femenina ha sido inmensa), mi planning definitivo era, por supuesto, un infierno. En él se llegaban a solapar tres o cuatro conciertos interesantes a la misma hora distribuidos por puntos diametralmente opuestos de Brighton. Al final la proximidad entre los distintos lugares en los que se desarrollaban los conciertos fue marcando, en parte, los que se disfrutaban finalmente. En algunos casos (verdaderamente puntuales) la previsión de que un recinto estaría excesivamente lleno también marcaba el devenir de la ruta. Al final, entre pinta y pinta, se vivieron conciertos breves pero memorables. Y se descubrió música, que era el objetivo.

Jueves 17 de mayo

La primera jornada de The Great Escape comenzaba con uno de los varios eventos del festival que aglutinaban a bandas procedentes de Australia. Era en Komedia, una de las salas de conciertos más céntricas de Brighton, donde desde el mediodía disfrutamos de tres conciertos, dos de los cuales fueron francamente destacables. El primero, el de la formación de folk armónico All Our Exes Live In Texas que, además de tener uno de los nombres más sensacionales que una recuerda, ofrecieron un show delicado, preciosista y hermoso. El segundo, el de la joven Hatchie, cuyo rock enérgico y ruidoso recordaba mucho, y para bien, a las composiciones de Wolf Alice. En un tono muy similar actuó media hora después Jack River a quien, aunque tiene canciones francamente fascinantes, le faltó la precisión y la pegada rockera de su predecesora.

A la hora de comer dirigí mis pasos al Brighton Pier, esa gran estructura de madera con parque de atracciones, salones recreativos y toneladas de algodón de azúcar que se erige frente a la playa de la ciudad vacacional. Al final (muy al final) de dicha pasarela se encuentra Horatio’s, otro de los bares más activos del festival. En él pude disfrutar de parte del evento Showcasing Scotland, en el que se dieron a conocer un buen puñado de bandas jóvenes y emergentes procedentes de Escocia. Los dos conciertos que vi en dicho evento, a cargo de LUCIA y The Ninth Wave, entran entre los mejores que disfruté en The Great Escape. Ambos capitalizando una actitud punk, los primeros más escorados hacia el rock alternativo y, los segundos, hacia el rock gótico, el glam y la new wave. Espectaculares en cuanto a la pegada en directo ambos.

La tarde pasó entre la bellísima voz y el funk con buen gusto del británico Moss Kena (en Beach Club, el escenario habilitado en la playa); el soul vanguardista y popero de la sueca Janice (en un club llamado Patterns); las prometedoras composiciones de los ingleses Swimming Girls, synthpoperas, oscuras pero hipnóticas; y la bellísima voz de la cantautora alternativa australiana Teischa (estos últimos, ambos en el clásico publ Prince Albert). Cerramos la noche con los imparables bailes de la británica Rina Sawayama una de las discotecas playeras de Brighton, Coalition. Su pop imaginativo y bailable hizo las delicias del público juvenil y queer.

Mención aparte para los puntos habilitados por el festival para la música en algunas de las calles más céntricas de Brighton. Con o sin festivales desarrollándose en sus bares y salas de conciertos, no hay pub, terraza o esquina que se precie en la que no haya un músico compartiendo sus creaciones. The Great Escape capitaliza esta cultura musical de la ciudad permitiendo músicos jóvenes amenizar la mañana de los transeúntes. Incluso en estos puestos casi improvisados tuve oportunidad de presenciar grandes momentos musicales, como los brindados por la delicada voz de la teclista local Megan Lara Mae.

Viernes 18 de mayo

De nuevo a mediodía nos lanzamos a los tugurios musicales de Brighton (curiosa esta sensación de meterse en un garito en el que es “de noche” en plena mañana) empezando Sticky Mike’s Frog Bar (sí, existe un bar llamado así), en el que actuaba la cantautora norirlandesa Lilla Vargen. Con su delicada voz y sus evocadores temas construyó un set sencillo pero embriagador. En el escenario al aire libre de la céntrica Jubilee Square se pudo comprobar que la nueva girl band de la escena indie inglesa, Cosmic Strip, promete, pero necesita más pegada en directo para cuajar. Y, de nuevo en Prince Albert, la austriaca AVEC ofreció una interpretación emocional y eficaz de sus íntimas canciones.

Tras ello, se desarrollaba el evento Music Nova Scotia Presents, dentro del ciclo que llevaba a varias de las bandas canadienses de The Great Escape a The Green Door Store. En este marco la bomba de relojería que son Hillsburn se marcaron otro de los momentos más memorables de toda mi andadura por el festival. Rock lleno de motivos folkies, sin complejos, con una vocalista-violinista que es un auténtico torbellino al frente de la banda, los suyos fueron 30 minutos de puro nervio sobre el escenario. Los dos discos que llevan publicados no hace justicia a lo que hacen estos chavales sobre el escenario. Tampoco se quedaron cortos quienes les siguieron, Hello Delaware, con un rock gamberro y bailable, áspero pero divertidísimo.

Corriendo hubo que volver a Sticky Mike’s, donde los norirlandeses TOUTS se marcaban un llenazo absoluto con su post-punk visceral, ruidoso y sudoroso. Que hayamos visto estas propuestas miles de veces no las hace menos divertidas. Sobre todo cuando quien las implementa parece creerselas de verdad (aunque sus flamantes guitarras Fender parecían compradas la semana anterior). Seguimos corriendo hasta la playa para ver a la jovencísima G Flip poner en marcha su pop luminoso, enérgico y lleno de explosivas percusiones. Un talento increíble el de esta chavala, a la que habrá que seguir en los próximos meses. También en la playa se presentaron el trío de cheesy-pop Koates: nada nuevo bajo el sol, pero un par de armonías facilonas de cuando en cuando no hacen daño a nadie. Y más si son interpretadas con cierto descaro.

Un nuevo paseo por el Brighton Pier nos llevó al set de Bloxx en Horatio’s. Este cuarteto es una de las grandes promesas del rock alternativo de Gran Bretaña en estos momentos, y en cuanto saltaron al escenario muchos murmuramos lo mismo “Pero si son unos críos”. Precisamente por esto, aunque tienen buena actitud, todavía les faltan tablas para hacer que sus temas suenen algo más sorprendentes y distintos entre ellos. No obstante, otro grupo de la escena británica a tener en cuenta en lo que queda de año.

De vuelta al centro pudimos disfrutar de dos de las cantautoras indies con más proyección del festival. La primera, la australiana Alex The Astronaut, que llenó hasta los topes el Latest Music Bar ella sola con su guitarra, su buen humor contagioso y sus sensacionales letras que rezuman una feminidad espontánea y sincera. De nuevo, uno de los shows más sorprendentes y conmovedores de mi periplo por el festival. Después medio festival abarrotó Komedia para ver a Phoebe Bridgers, una de las pocas artistas de The Great Escape que no necesitaban presentación, tras haber colado su Stranger In The Alps (2017) en muchas de las listas de lo mejor del año pasado y en los corazones de muchos. Su actuación, como cabría esperar, fue una preciosista sucesión de sus delicadas y estilosas composiciones. Treinta minutos de belleza y emociones a flor de piel que supieron a poco.

Volvimos a cerrar la noche con la discoteca Coalition hasta los pies, rendida ante los encantos del estadounidense BØRNS: pop de autor, ensoñador y estiloso que tira de la magnética personalidad de su autor, Garrett Borns y, sobre todo, del peculiar timbre de su voz. Fue correcto, pero tal vez se esperara algo más de garra de él sobre el escenario.

Sábado 19 de mayo

Completando tres jornadas consecutivas con un sol de justicia en Brighton, y con pantallas retransmitiendo la boda real en algunos puntos de la ciudad, arrancó el último día de The Great Escape. Yo lo empecé en una de las salas del Queen’s Hotel (no, no el mejor lugar para ver un concierto) con la joven y ecléctica compositora británica Malory. Pop alternativo con una fuerza en directo que en la versión de estudio no se podía adivinar y que obliga a ponerla en el radar. Acto seguido se desarrollaba en Volks, el garito heavy de Brighton, la actuación del trío casi grunge irlandés, Fangclub. Correctos, pero sin grandes sorpresas en su propuesta.

De vuelta al Queen’s, Hero Fisher ofreció un show a medio camino entre el rock de cantautor, el collage sónico y una delicada narrativa femenina absolutamente delicioso. Después disfrutamos de un par de actuaciones, Vistas y FAERS, correctas en el contexto del indie británico, heredero del post-punk y del britpop. Bandas eficaces y divertidas, aunque tampoco memorables. La que sí fue para recordar fue la actuación de Homebound, de nuevo en Volks: rock explosivo, desgarrado, lleno de furia y con un sabor auténtico a pesar de lo habitual de su propuesta.

Por la tarde se pudieron probar algunas propuestas diferentes: como el dúo de Montreal, The Beat Escape, que ofreció un set de una deliciosa electrónica de autor, certera y con la que era imposible no ponerse a bailar. O los italianos JoyCut, responsables de una de las pocas propuestas de rock instrumental de The Great Escape: llenaron la discoteca The Arch con una dramática y redonda actuación en la que la percusión fue la absoluta protagonista. La sorpresa de la tarde la dieron los canadienses Little Destroyer en un pequeño club llamado Bau Wow, con una propuesta que mezcla heavy, sintetizadores, noise y el descaro propio de un punk glamuroso y agresivo. Su show fue un auténtico huracán que habría lamentado perderme.

Los últimos conciertos verdaderamente destacables que pude ver fueron el de los estadounidenses Bully, con una propuesta de rock ruidoso y elaborado que, francamente, sorprende más en su versión de estudio. También el de los coreanos 3rd Line Butterfly (primera vez en mi vida que veo un setlist escrito en koreano), que demostraron que Oriente también puede crear un rock underground, certero, emocionante y arriesgado. El idioma no fue barrera para que sus atronadoras guitarras hicieran temblar los cimientos de The Walrus. Por último, Lucie Barât, otra de las artistas que está despuntando en el Reino Unido, ofreció un breve pero muy intenso recital de su punk poético, político y exaltado en The Hope and Ruin.

Al final se quedaron, qué duda cabe, muchos grupos de la lista de deseos por ver. Pero The Great Escape es uno de esos festivales en el que decidirse por un concierto u otro acaba no siendo tan doloroso, puesto que uno va comprendiendo que, elija lo que elija (al menos dentro del rango de los gustos de uno), la calidad de la actuación que va a disfrutar va a ser casi siempre extraordinaria. El buen gusto con el que se elabora el cartel del evento no puede ser más que alabado. Al final de esta crónica se puede encontrar una lista de Spotify con todos los grupos mencionados en ella, así como algunos otros que no he llegado a comentar pero que también pude ver durante The Great Escape.

Por supuesto, no es un festival para todos los gustos: los amantes de los himnos, las bandas de estadio o del último grito indie-pop es posible que encuentren tediosa la sucesión de nombres desconocidos. Pero como evento en el que entrar en contacto con artistas y profesionales de la industria musical mientras se presencian conciertos poco habituales fuera del circuito británico, esta escapada a Brighton no tiene precio.

The Great Escape