9 febrero, 2018. Por

The Florida Project

Un emocionante retrato de la pobreza de los Estados Unidos vista a través de los ojos de una niña
The Florida Project

Por lo general no soy una admiradora de las “películas con niño”. Frente a una cámara, los pequeños suelen parecerme forzados y monótonos. Puro chantaje para pinchar las partes más blandas del espectador cuando un guión flojea. Precisamente, todo lo que no es The Florida Project. Este mosaico de infancia, pobreza, feminidad, inocencia y trastadas que nos presenta el neoyorkino Sean Baker. Una película por la que es bastante posible que Willem Dafoe se lleve su primer Oscar (como mejor actor secundario) pero que es mucho más que un trabajo memorable de este veterano actor.

El verano acaba de comenzar y los moteles cercanos a uno de los resorts turísticos más grandes del mundo, Disney World en Orlando, se llenan de pequeñajos que matan el exceso de tiempo libre a base de todo tipo de juegos y trastadas. Moonee (Brooklynn Prince) tiene seis años y vive con su joven madre, Halley (Bria Vinaite), en uno de estos moteles. Sus diabluras y las de sus amigos son contempladas desde la indulgente impotencia por Bobby (Willem Dafoe), el encargado del motel. A través de los ojos de Moonee somos testigos de las condiciones en las que se hacinan decenas de familias en estas habitaciones, tan cerca pero, a su vez, tan lejos, de un de los más opulentos centros de ocio de los Estados Unidos.

En The Florida Project Sean Baker aborda temas que ya son constantes en su filmografía: la pobreza, el cómo ésta afecta a algunos de los sectores más desprotegidos de la población tales como las mujeres jóvenes sin estudios o los niños; así como el proceso por el cual algunas mujeres deciden vender sus cuerpos. No son asuntos sencillos, y el neoyorkino no siempre ha triunfado a la hora de analizarlos. Su anterior cinta, Tangerine (2015), que seguía con la cámara de un iPhone las desventuras de dos prostitutas transexuales, fue alabada por lo arriesgado y realista de su planteamiento. Pero The Florida Project la supera tanto en el plano emocional como en sus interpretaciones, quedándose más cerca de trabajos anteriores, como Starlet (2012) o Prince Of Broadway (2008) en cuanto a sensibilidad.

El principal reto de The Florida Project es la casi constante presencia de menores en sus escenas. Niños verdaderamente pequeños (Brooklynn Price tiene ahora siete años), sobre los que cae el peso de la narración, que pasan minutos y minutos siendo eso, niños, ante la cámara. La maestría con la que Sean Baker dirige a los pequeños es la clave de la película: Moonee, Scooty, Dicky y Jancey son naturales, orgánicos y desternillantes. Son unos trastos a los que te comerías a besos. Y eso solamente se puede conseguir explotando la espontaneidad de los jóvenes actores, sin intentar forzarla o dirigirla.

“La maestría con la que Sean Baker dirige a los pequeños es la clave de la película: Moonee, Scooty, Dicky y Jancey son naturales, orgánicos y desternillantes”

Pero Baker también es inteligente al no olvidar que una película necesita algo más que unos niños adorables para convencer. Nos pone el neoyorkino en una situación original: The Florida Project cuenta su historia a través de los ojos alocados e inocentes de Moonee. Pero, en la película, el papel del espectador lo asume Bobby: el adulto que sufre algunas de las diabluras de los niños y que contempla el deterioro de la situación económica de Halley sin saber muy bien qué hacer o cómo intervenir. Al igual que Bobby, el espectador comprende lo límite que es la situación en la que se encuentran Moonee y su madre. Sabe lo que sucede y se huele lo que va a suceder, pero lo hace recibiendo la información como la recibe la niña. De manera fragmentada e inconexa.

La amistad entre Moonee y Jancey es una de las cosas más bonitas que vas a ver en una pantalla de cine este año

El truco es arriesgado porque las posibilidades de que salga una ñoñería o de que el espectador se sienta manipulado son grandes. Pero a Sean Baker le funciona a las mil maravillas. De esta manera se expone el tema de fondo de The Florida Project: las enormes bolsas de pobreza que hay, incluso en los lugares más prósperos de los Estados Unidos. Sin cifras ni números vacíos The Florida Project nos muestra, en todo su esplendor, la desesperante situación de las familias que viven en el límite, trapicheando con lo que sea o haciendo malabares entre varios trabajos.

“Si hay algo genuino e inolvidable en The Florida Project es el vínculo madre-hija que retrata. La adoración que hay entre Halley y Moonee es mutua, real y enternecedora”

Baker también muestra extraordinaria sensibilidad en su lectura sobre la maternidad. Halley no tiene por qué caerle especialmente bien a uno. Pero si hay algo genuino e inolvidable en The Florida Project es el vínculo madre-hija que retrata. La adoración que hay entre Halley y Moonee es mutua, real y enternecedora. Tan perfecta que no es necesario saber en ningún momento qué ha sido del padre de Moonee o si ha sido una niña deseada: lo que está claro es que la pequeña es amada con auténtica locura, y ahí el trabajo de las dos actrices protagonistas es fundamental.

Bria Vinaite y Brooklynn Prince hacen de su falta de experiencia frente a las cámaras pura frescura y virtud

Tampoco estoy diciendo que The Florida Project sea una película perfecta: es posible que le sobren 15 o 20 minutos al metraje, y se echa de menos que se intente poner en contexto la situación de Halley. Son dos fallos que no son nuevos en la filmografía de Sean Baker, pero tampoco lastran la película o la hacen larga o aburrida. Los rosados atardeceres de Florida o la comedida interpretación de Willem Dafoe compensan estas omisiones.

The Florida Project es un cuento tan demoledor como tierno sobre maternidad, infancia y pobreza. Expone su discurso de manera sutil y está plagada de personajes que, si bien no son adorables, son comprensibles. Desde las reticencias con las que Bobby cuida y protege a los pequeños hasta la temperamental Halley, llena de tantos errores como de amor por su hija. A pesar de su corte indie y de la ausencia de sorpresas en su trama, es amena y mantiene la atención del espectador durante casi todo su metraje. Los menores que la protagonizan son inolvidables y la historia que cuenta, necesaria.

The Florida Project