3 enero, 2017. Por

The Fall

Una mirada al abismo o la serie más perturbadora de la factoría Netflix
The Fall

Tras tres temporadas, The Fall, uno de los productos televisivos más perturbadores de los últimos años, nos ha dicho adiós por todo lo alto. El duelo entre Gillian Anderson y Jamie Dornan se va dejando a los espectadores clavados al asiento, aguantando la respiración y con la sensación de haber presenciado una lucha de titanes.

En 17 episodios, Allan Cubitt ha desnudado una novela negra, ha hecho a sus personajes desfilar, con sus miserias y vergüenzas, delante de una audiencia compungida, y ha construido algo que va mucho más allá de la mera historia de persecuciones policíacas.

Más allá de la novela negra
En Belfast un asesino anda suelto. Dos mujeres han sido estranguladas en sus propias casas y la policía de la ciudad no tiene ni la más remota idea de quién es el responsable. La detective Stella Gibson es enviada desde Londres en calidad de asesora en la búsqueda del asesino, y, a medida que las pesquisas avanzan, la relación de Gibson y su equipo con el caso empieza a volverse compleja y personal. No nos engañemos: desde fuera The Fall no parece mucho más que una historia más dentro del género negro. Tal vez con la peculiaridad de haber marcado el retorno definitivo de Gillian Anderson a la actualidad televisiva pero, a priori, poco más.

Y, aún así, The Fall es mucho más que una historia de policías y asesinos. Es un profundo retrato psicológico del mismísimo concepto de “buenos contra malos”. Y es una suerte de manifiesto feminista y una áspera cadena de historias cruzadas en la que se dedica una buena cantidad de tiempo mostrar la cantidad de vidas que puede tocar (y destrozar) un solo hombre perturbado y de todo el aparato policial que le persigue. The Fall nos obliga a reflexionar sobre las víctimas, directas e indirectas, de la violencia contra las mujeres. Y nos obliga a mirar hacia el abismo de la maldad más cruda y silenciosa: la de quién después de engañar y ganarse la confianza de los que le rodean, no parpadea cuando llega el momento de arruinarles la vida (quienes tienen la suerte de conservarla).

La historia y el marco
Si algo ha hecho de The Fall una historia a destacar sobre el resto de las series policíacas de la actualidad, ha sido el enorme acierto con el que nos muestra no solamente las andanzas del asesino y las pesquisas policiales, sino todo lo que sucede alrededor de ellos. Paul Spector, nuestro villano, compagina sus horrendas aventuras con una vida, en apariencia, modélica: tiene una familia, una niñera para sus hijos y unos pacientes a los que atender. Stella Gibson, aunque es mucho menos sociable que su archienemigo, tiene amantes, nuevos y viejos, compañeros con los que lidiar y, sobre todo, una lucha profesional constante: la de demostrar que puede ser una mujer autónoma e independiente, con una vida y unas decisiones propias y que nada de ello le impide desarrollar su trabajo profesionalmente.

Todas estas ramificaciones que emergen de las vidas de los protagonistas intervienen constantemente en el desarrollo de la trama de The Fall, ayudando a administrar sus ritmos y acontecimientos por un lado y, por otro, fomentando algunos giros inesperados en ésta. Un acierto, dado que son muchos los guionistas que se olvidan de que alrededor de una historia tienen que suceder más cosas además de algún ocasional lío de faldas.

Paradójicamente se emplea mucho más metraje en la explicación de las vidas e historias de las personas cercanas a Spector como Katie, su esposa y sus hijos. El angustioso drama en el que se van convirtiendo sus existencias se despliega con una claridad aterradora. No obstante, si bien se esbozan en la última temporada, las emociones y trasfondos de la mayoría de los policías y demás profesionales que acompañan a Gibson durante su investigación, quedan en un plano apartado.

Los protagonistas de The Fall describen la tercera temporada en tres palabras:

Una heroína feminista llamada Stella Gibson
Mentiríamos si negáramos que una de las claves del éxito de The Fall es el incontestable magnetismo de Gillian Anderson. Magnetismo físico, por un lado, que se fomenta con estilismo sutil y cuidado; y la indudable atracción intelectual a la que el personaje nos somete. Anderson ofrece una interpretación memorable, flemática y consciente de la joya de personaje que se trae entre manos. Así Gibson llena, con sus silencios, su mesura y su dignidad la pantalla cada vez que aparece.

Y, aún así, Gibson es también el ejemplo sobre el que se exponen los males de nuestra sociedad machista: incluso ella, con toda su exuberante feminidad y su eficiente profesionalidad, se tiene que enfrentar casi en cada capítulo a los problemas a los que nos enfrentamos todas. A saber, el menosprecio sistemático del trabajo de una; el pormenorizado examen moral de todas y cada una de sus acciones, ya sean en el ámbito laboral o el personal y el acoso físico, tanto por parte de sus superiores como de su némesis. Desde su idealizada perfección, el personaje de Stella Gibson parece una atalaya desde la que decirnos a las demás mujeres “no estás ni sola ni loca, estas cosas te pasan a ti, nos pasan a todas y juntas debemos luchar contra ellas”.

De este modo, Cubitt se permite poner en su boca alegatos memorables que, no por ser obvios, dejan de ser necesarios. The Fall trata de manera abierta, seria y descarnada la violación, el acoso sexual y muchos de los tipos de violencia que se ejerce contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. No es una serie fácil de ver ni de digerir (muy especialmente su último episodio), pero la honestidad con la que muestra el proceso por el que los llamados “micromachismos” se convierten en actos de violencia es necesaria y educativa.

Un embaucador llamado Paul Spector
Al personaje que cae en manos de Jamie Dornan tampoco le falta sustancia. Traumatizado, pertubado, violento, bello, encantador, mentiroso pero, sobre todo, muy real. Así es Paul Spector, el Estrangulador de Belfast, responsable de más pesadillas que toda la saga Viernes 13. La tragedia en tres actos de Alan Cubitt nos aterra por cómo toca Spector las vidas que le rodean, por lo descarado de su inhumanidad y, especialmente, porque nadie parece darse cuenta a tiempo de lo que se le pasa por la cabeza. Nadie puede imaginar algo tan horrible. El golpe de gracia, para el espectador, ha venido cuando después de dos temporadas preguntándonos cómo su entorno no podía darse cuenta de la aterradora realidad sobre Spector éste, con su carita de ángel y sus ojos vidriosos se sale con la suya logra engañarnos a nosotros también.

Si Gibson sirve de ejemplo sobre de cuántas formas las mujeres podemos ser despreciadas por la sociedad, Spector lo es de muchas de las cualidades que se les atribuyen erróneamente a los hombres: independencia, incapacidad para expresar los propios sentimientos y, mucho menos, los propios traumas, y la necesidad de poseer a las mujeres que deseen.

La delgada línea entre persecución y obsesión
El choque entre dos personajes tan complejos y carismáticos es el de un un par de locomotoras en la misma vía, y la relación entre Gibson y Spector pronto se vuelve tortuosa y obsesiva. Y es precisamente de lo que trata de The Fall: de un tira y afloja en el que solamente puede haber un vencedor. De violencia, más cruda y real que las aparatosas escenas llenas de sangre y vísceras que tanto impresionan a los espectadores de The Walking Dead. De la vida y el trabajo de los profesionales implicados en una investigación policial, de los horrores que sus empleos les obligan a presenciar, de las dudas y la culpa. Y de la ingenuidad, de la aplastante capacidad del ser humano para creer que la persona que tiene delante está de su lado.

Este es el cóctel que Allan Cubitt ha estado sirviendo en BBC Two durante tres años. El final les dejará hechos una bola en su sofá durante un buen rato.

The Fall