22 enero, 2018. Por

The End Of The F***ing World

Los ‘Funny Games’ de los Bonny & Clyde de la Generación Millennial
The End Of The F***ing World

Esta serie que nos trae Netflix, creada y emitida originalmente por el británico Channel Four –canal responsable de series tan estupendas como Utopia, Shameless o Black Books-, tiene uno de los inicios más arriesgados de la ficción catódica de los últimos años. No porque ensaye una estrategia narrativa complejísima o desconcertante, sino por el hecho de que los dos primeros episodios nos presentan a los dos protagonistas más antipáticos, cargantes y malrrolleros imaginables: un par de adolescentes inadaptados a los que no te apetece conocer en absoluto.

Una nihilista maleducada y depresiva, ella. Un apático aprendiz de psicópata asesino de animales domésticos, él. Vamos, un par sujetos en edad de instituto de los preferirías mantener a cierta distancia de tu persona. Que sean dos personajes muy bien escritos e interpretados por los (hasta ahora) desconocidos Alex Lawther y Jessica Barden sólo los vuelve más desagradables y chungos.

The End of the F…. World está basado en un cómic de Charles S. Forsman, no publicado aún en España, aunque no nos extrañaría que termine apareciendo en las librerías españolas. Ambos personajes se unen por las razones equivocadas: ella, Alyssa, decide que él es el bicho más raro de su entorno,  y por tanto el único que merece su atención; él, James, la ve como su nuevo objetivo, es decir, planea matarla.

Los dos parecen confusos, y perturbados; se mueven en un mundo oscuro e incomprensible, que se refleja en sus tinieblas interiores, todo lo cual se nos narra en un perturbador tono de comedia negra. Pero el hecho es que acaban juntos, se suben en un coche e inician su improvisado viaje por Gran Bretaña, una huida con un objetivo ilusorio y que, obviamente, tendrá un resultado catastrófico, emulando a parejas míticas de amantes criminales del cine como los protagonistas de El demonio de las armas (Gun Crazy), Bonnie & Clyde o los de Malas Tierras (quizás la referencia más clara, al menos en su punto de partida).

«La serie deja de ser el penúltimo remedo de Asesinos Natos o Funny Games y pasa a ser el relato de dos personajes que podemos identificar como seres humanos de carne y hueso: libres de la anestesia emocional que los mantenía al margen del resto. Frágiles. Vulnerables. Empáticos»

Y eso es lo que salva la serie, y la convierte en una obra muy interesante: el viaje, el contacto entre los dos protagonistas, los convierte en unas personas muy distintas, en un proceso de autodescubrimiento descrito de una forma muy convincente. Lo que nos cuenta es una historia de amor, pero, sobre todo, un cambio, un crecimiento personal.

The End of the f…. world deja de ser el penúltimo remedo de Asesinos Natos o Funny Games y pasa a ser el relato de dos personajes que podemos identificar como seres humanos de carne y hueso: libres de la anestesia emocional que los mantenía al margen del resto. Frágiles. Vulnerables. Empáticos. De hecho, los elementos más repugnantes de James –el hecho de que haya sido, como ocurre en realidad con muchos adolescentes con problemas psíquicos latentes, un asesino de animales- dan lugar a un conmovedor giro en el último episodio, que precede a un magnífico final. The end of f…. world te llega al corazón, si le das la oportunidad.

The End Of The F***ing World