14 marzo, 2018. Por

The Best Day of My Life

4 países, 4 pasados difíciles, 4 futuros llenos de luz
The Best Day of My Life

Que en Madrid los semáforos reconozcan parejas del mismo sexo mientras en Uganda se practiquen ‘violaciones correctivas’ para cambiar la orientación sexual de algunas mujeres, es increíble. Porque sucede en el mismo tiempo y en el mismo planeta, a unos 7.000km de distancia, nada más. También, en Francia, un chico con problemas auditivos y homosexual -que en realidad es como decir ‘con problemas de visión y el pelo rubio’-, se ría cuando le preguntan cómo puede aguantar las dos cosas (“¿Eres sordo y encima gay?”), mientras Nick y Max se hacen pasar por primos en Rusia para poder vivir juntos es pareja, es increíble también. Parecen mundos paralelos, y casi se diría que lo son, pero estas historias confluyen y se unen en un mismo evento, un canto a la libertad: el World Pride de Madrid.

Ruth, Timo, Nick y Max vienen a pasar unos días de verano a España y conocen a Geena y Abril, dos chicas que les acogen y les arropan a pesar de compartir poco con ellos, como el idioma, sin ir más lejos. No obstante, a pesar de vivir en un país en el que ser gay o lesbiana no está perseguido por la ley, sí que entienden su miedo pasado porque también lo han vivido; también han sufrido el hecho de reconocer quiénes son realmente. Porque tanto Geena como Abril nacieron con alma de mujer, en un cuerpo de hombre. Y admitirlo y hacérselo saber a su entorno –Abril sale con un chico al que le gustan los chicos-, y asumir que van a comenzar un proceso de transformación, es de ser muy valientes.

The Best Day of my Life les acompaña en sus países de origen, en sus rutinas y en su viaje hasta llegar a las calles de Chueca. Y detrás de las cámaras está nada más y nada menos que Fernando González Molina, que se inicia en el documental por primera vez tras los éxitos comerciales Palmeras en la nieve o Tres metros sobre el cielo. Y lo irónico de todo esto es que la segunda, el drama adolescente que propulsó la carrera de Mario Casas, le valió a González Molina la gloria en Rusia, y, tiempo después, por rodar The Best Day of my Life acabó arrestado allí también.

Pese a las malas experiencias vividas, como por las que sobre todo han pasado sus protagonistas, el documental es una celebración a la vida y al hecho de aceptarse a uno mismo. Tras atestiguar las difíciles rutinas de cada uno de estos personajes, como Ruth, en Uganda, que cambia de casa cada 6 u 8 meses para que sus vecinos no le conozcan demasiado, un grito de libertad llena sus pulmones y se disponen a celebrar en Madrid.

“Pese a las malas experiencias vividas, como por las que sobre todo han pasado sus protagonistas, el documental es una celebración a la vida y al hecho de aceptarse a uno mismo”

Es curioso ver cómo los rusos Nick y Max, de naturaleza más hierática, se desatan en un concierto y se besan por fin sin miedo. O cómo Geena, que parece tan segura de haber tomado la decisión correcta, rompe a llorar cuando escucha el testimonio de otra chica que también cambió de sexo. Porque, pese a proceder de países diferentes con legislaciones diferentes, el rechazo lo han sentido todos y todas. Y tal y como afirma Ruth al ver ese beso entre los rusos: “Les ves y literalmente puedes sentir el amor que hay entre ellos. ¿Cómo podemos elegir no verlo?”.

Ojalá Fernando González Molina continúe contando historias como estas, o que aborde temas como éstos en sus blockbusters.

The Best Day of My Life