18 enero, 2017. Por

Terry O’Neill

El fotógrafo de los iconos de la cultura pop
Terry O’Neill

Un golpe de suerte en un aeropuerto hace 50 años le convirtió en la leyenda que es hoy; Terry O’Neill, el “niño de la cámara de 35mm” del que ahora Mondo Galería organiza una exposición hasta el 14 de febrero, ha fotografiado a prácticamente todos iconos de la cultura pop: desde los Beatles, los Rolling Stones o Elton John pasando por Kate Moss, Faye Dunaway, Steve McQueen o la familia real inglesa. Una exposición en Madrid celebra su figura con un repaso por su legado gráfico más simbólico hasta la fecha.

“Sean Connery es el hombre más masculino que existe y nunca habrá una actriz tan fotogénica como Audrey Hepburn”. En estos términos se expresa el londinense Terry O’Neill (1938) cuando se refiere a algunos de los personajes que han pasado por su objetivo. Sus retratos evocan una época perdida pero también, en muchos casos, evocada constantemente. Mondo Galería ha querido, por segunda vez consecutiva en menos de un año, reunir algunas de las instantáneas más icónicas del fotógrafo para acercarlas al público en forma de ediciones numeradas, extendiendo el radio de la acción hacia un segundo espacio, el Hesperia Madrid (ubicado en el Paseo de la Castellana, 56).

Legendary, como se llama la muestra, repasa algunos de los momentos más destacados visualmente del siglo XX de la mano de estrellas de la música, la moda y el cine. Según Diego Alonso, comisario de la exposición, ha sido el mismo O’Neill quien ha producido las ediciones limitadas que componen la muestra: “Terry es un fotógrafo que está actualmente siendo re-lanzado al mundo”, comenta. “Su trabajo, tal vez por falta de interés o de circunstancias, había quedado excluido del mundo del arte y se movía más en lo periodístico o lo editorial. Ahora lo que estamos intentando es revalorizar ese trabajo a nivel artístico, que obviamente lo tiene y mucho, pero a diferencia de otros fotógrafos como por ejemplo David Bailey [uno de los mentores de O’Neill], ese valor artístico no ha sido explotado desde el comienzo de su carrera.”

La exposición se mete en camerinos, escenarios y viajes de ídolos musicales tan aclamados como Rolling Stones, Elton John (a quien O’Neill catapultó a la fama desde las páginas de Vogue) o el (especialmente) celebrado estos días David Bowie. Como primer fotógrafo oficial de los Beatles, su retrato del cuarteto de Liverpool en 1963 en un patio de los míticos estudios de Abbey Road agotó toda la tirada de los diarios al día siguiente. Ese mismo año también retrató a los Rolling Stones, afianzando su amistad junto con un puesto en la mayoría de las giras de sus Satánicas Majestades. O’Neill también era músico (percusionista de jazz), así que no sorprende su sensibilidad hacia el tema. “Era un rasgo que le ayudaba a mantener el ritmo, a ser flexible y a empalizar con los retratados”, comenta el director de Mondo Galería. “Mira la fotografía de Elton John en concierto: ¿dónde está el fotógrafo? ¿Dónde está Terry O’Neill? Parece que pudiera tocarle teclas a Elton”. Este método de ejecución, que tanto influye en su lenguaje artístico, es también una de las razones por las que quizá no ha entrado con anterioridad en el mundo del arte y las galerías; “por estar más pendiente de la creación que de la venta y difusión de sus obras. Ahora tiene que hacer de golpe lo que otros han hecho a lo largo de décadas”, reconoce Alonso.

El panorama de la moda en los años 60 y 70, con Twiggy o Audrey Hepburn como protagonistas también de la muestra, era su campo de recreo; un ambiente (como casi todos en el fotógrafo) donde se movía bien y donde todavía hoy conserva buenos amigos. Si con Sinatra decía que nunca entabló amistad debido al respeto mutuo que había, en otras ocasiones la amistad derivó en matrimonio, como fue el caso de Faye Dunaway (si bien su mítica instantánea después de los Oscar no es una de las seleccionadas, la exposición cuenta con otro interesante retrato de la actriz). En los 90 nos saludan los entrelazados dedos de una misteriosa Naomi Campbell, que ya compartía éxito en paralelas, revistas y marquesinas con uno de los iconos de la época: Kate Moss, cuya inocencia se mantenía entonces preservada bajo los focos de los estudios.

También otros estudios, los de Hollywood, fueron partícipes de su ascensión de la mano de artistas como Steve McQueen o Sean Connery, éste último protagonista de un curioso quasi-auto retrato, parte de la muestra que se puede ver hasta el 14 de febrero tanto en el espacio de Chueca como en el mentado Hesperia Madrid. “Además de su ejecución técnica, lo que verdaderamente destaca de Terry es la espontaneidad y cercanía de sus retratos”, comenta el director y también comisario de Legendary. “Uno necesita estar muy involucrado con el personaje para hacer fotografías así; necesita meterse en su vida, convivir con la persona a la que se retrata, vivirla.” Una experiencia un poco más cercana en la capital que todos los amantes de la fotografía, la cultura o las artes escénicas deberían no perderse.

Terry O’Neill