Lo de escribir en los márgenes de los libros no está muy bien visto –hay quien lo considera pecado mortal- aunque los ejemplares sean de nuestra propiedad y lo hagamos con lápiz y sumo cuidado. Aún así, se trata de una costumbre bastante extendida y antigua que marcó el inicio de nuestra lengua porque, allá por el siglo XI, alguien que podría ser un estudiante o predicador, escribió junto a algunas expresiones en latín culto (el que se utilizaba en la escritura) una traducción al latín vulgar (el que hablaba el pueblo y que daría origen al castellano) para que las primeras fueran comprensibles. Estas primeras “notas al margen” se llamaron Glosas Emilianenses tomando el nombre del códice sobre el que fueron escritas y fueron encontradas en los monasterios riojanos de Suso y Yuso situados en San Millán de La Cogolla, Patrimonio de la Humanidad desde 1997. El scriptorium de San Millán fue uno de los más importantes de la edad media gracias a la labor literaria de los monjes y en estas mismas tierras escribió sus versos el primer poeta de la lengua castellana, Gonzalo de Berceo. El Monasterio de Suso, en el que se aprecian estilos arquitectónicos que van del visigótico, pasando por el mozárabe hasta el románico, atesora una gran colección de manuscritos y códices entre los que se encuentra el Códice Emilianense de los Concilios, la Biblia de Quiso o una copia del Apocalipsis del Beato de Líebana. El Monasterio de Yuso se construyó para ampliar el anterior en el siglo XI aunque sufrió diversas reconstrucciones hasta el siglo XVIII que conjugaron las formas del Barroco y el Renacimiento. Su biblioteca, con más de diez mil ejemplares, y archivo están considerados de los mejores de la España monasterial y en ellos podemos encontrar dos cartularios (códices diplomáticos) el Galicano y el Bulario, unos trescientos documentos originales o una rareza como el Evangelario de Jerónimo Nadal impreso en Amberes en 1595 con todas sus láminas policromadas.
Y ya que estamos de ruta monacal, sigamos con ella. A pocos kilómetros se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de Valvanera, patrona de La Rioja, en cuyo honor se organizan romerías durante todo el año y cerca también está el de Nuestra Señora de la Anunciación situado en Santo Domingo de La Calzada (donde “Cantó la gallina después de asada” pero esa historia, se la contamos ya hace unos meses) que pertenece a la orden del Cister y en el que podemos disfrutar de su belleza arquitectónica y de la de sus grupos escultóricos, además de probar los deliciosos “borrachuelos” que elaboran las monjas. Otros monasterios a destacar son el de Santa María la Real de Nájera impresionante por sus dimensiones y calidad artística y donde se encuentra el Panteón de los reyes de Navarra, el de Santa María de San Salvador, la primera construcción riojana de gótico pleno que alberga el sepulcro de doña Urraca, el de Nuestra Señora de la Piedad situado en Casalarreina o el de Santa María de la Estrella en las inmediaciones de San Asensio.
Pero no sólo de Románico, Gótico y Barroco vive el hombre. En estos lares también encontramos algunas maravillosas muestras de arquitectura neoclásica como son el Teatro Bretón de los Herreros (1880), el Instituto Sagasta o el Palacete de la Diputación, todos ellos situados en la acogedora ciudad de Logroño. Los primeros pasos del siglo XX y hacia el futuro cultural y arquitectónico se dieron en esta ciudad con la colaboración de Rafael Moneo, responsable de la obra del Ayuntamiento y de de los arquitectos José Manuel Barrio y Eguiluz y Alberto Sainz de Aja del Moral autores del Riojaforum.
