Hay quien, ante la palabra dinosaurio, lo primero que le viene a la cabeza es Parque Jurásico y aquellas ‘lindas’ criaturitas que, al escaparse de su recinto, le complicaban la vida a los responsables del experimento; al tiempo que otros, más entraditos en años, recordamos a Cary Grant tratando de ensamblar el esqueleto de un brontosaurio mientras lidiaba con una alocada Katharine Hepburn en esa obra maestra de la comedia que es La fiera de mi niña. Y es que estos seres hegemónicos en nuestro planeta durante unos 160 millones de años nos siguen fascinando y, aunque la historia nos diga que se extinguieron, en realidad siguen mucho más presentes de lo que parece entre nosotros. Como prueba de ello está la literatura, el cine o los dibujos animados, por ejemplo: ¿quién no se acuerda de Pedro Picapiedra deslizándose por la espalda de un diplodocus? ¿o incluso el rock alternativo, con las composiciones de los ya veteranos Dinosaur Jr?
De su paso por nuestro planeta, los dinosaurios han dejado diversos vestigios y hay lugares en los que, por su especial orografía o ubicación, sus pisadas –o icnitas, que es el nombre técnico para las huellas fosilizadas- son mucho más visibles. Este es el caso de la zona de La Rioja Baja donde se encuentra el territorio paleontológico de icnitas más importante del mundo por el número, unas 13.000, y el estado de conservación de las mismas. Concretamente, la localidad de Enciso es uno de los puntos fundamentales ya que aquí se concentran algunos de los yacimientos paleoicnológicos más impactantes de Europa. Por ello no podía ser otro el lugar elegido para la ubicación del Barranco Perdido que a priori podría recordar a la película de Spielberg. Pero tranquilos, que aquí ningún tiranosaurio con malas pulgas se zampa a nadie. Este parque temático –con una superficie de 14.000 metros cuadrados y enfocado a los más pequeños, aunque los mayores no se aburrirán en absoluto- permitirá a los visitantes convertirse en paleontólogos, geólogos o arqueólogos y buscar fósiles y restos óseos que luego aprenderán a identificar y clasificar, así como colaborar en la reconstrucción de esqueletos.
El recinto consta de varias áreas diferenciadas dedicadas a actividades específicas. Así, la Plaza de los Saurios, cuenta con un anfiteatro en el que se retrocederá 120 millones de años en la historia para conocer cómo era la vida y los habitantes de nuestro planeta. Los dinosaurios eligieron estos lares por algo y es que en él se encontraba el descomunal delta de un río que desembocaba en el mar de Tethys. Y si ellos se bañaron, nosotros no íbamos a ser menos y en la llamada Playa Cretácica podemos disfrutar del agua y, cómo no, seguir en la búsqueda de fósiles. Junto a ella se encuentra la Colina de los Saurios, con cascadas y un rocódromo. La Colina Encantada se concibe como un divertido centro de entrenamiento para exploradores novatos y expertos en el que se pueden realizar diversas actividades como pruebas de orientación, talleres de paleontología, deslizamientos en tirolina, tiro con arco, senderismo… Por último, se ha habilitado una zona de exposición interactiva y multimedia con tesoros paleontológicos, reproducciones y herramientas utilizadas por los investigadores que nos harán sumergirnos en el mundo de estos seres descomunales que parece se empeñaron en pasar a la posteridad. Como escribió el también descomunal aunque chiquito Monterroso: “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
