En verano, en invierno, en otoño o en primavera; con vaqueros, con falda, con vestido; con medias, con calcetines o sin nada; de día o de noche, incluso de gala. Pocos calzados son tan versátiles como las manoletinas, bailarinas o francesitas, por utilizar alguno de los nombres que las han hecho populares. Pero como con cualquier otro vocablo, aquí los sinónimos no son exactamente equivalentes y muestran matices.
Las bailarinas toman su nombre, obviamente, porque se asemejan a aquellas que utilizan las bailarinas de ballet clásico. Son planas, con punta redondeada y suela muy flexible –a veces casi inexistente–, lo que las hace tremendamente cómodas pero también delicadas por lo que se recomienda evitar utilizarlas en terrenos irregulares, rocosos o por el campo si no queremos ir acordándonos todo el rato de las oportunas piedrecitas. Muy similares en aspecto son las manoletinas –planas y con punta redonda– pero la suela es en este caso rígida y más gruesa y dura por lo que si queremos ir de excursión a Toledo, son mejor opción que las anteriores, por aquello del empedrado y la calzada romana. Su nombre tiene origen taurino, por su parecido al calzado que llevan los maestros del ruedo, en concreto lo toman del gran Manolete. Si a la bailarina se le coloca un lacito en la zona del empeine, pasa a denominarse, por arte de cuerda, francesita o parisina. Y de la misma familia, o casi, son las merceditas. Planas, de punta redondeada y suela rígida pero con una tira o pulsera cruzada y con un cierre de hebilla o botón que sirve para ajustarla al pie. Las primeras pisaron las calles a principios del siglo XX y en origen, fue un calzado únicamente destinado a las niñas pero con el tiempo se popularizó entre las mamás y las jóvenes, más aún cuando el prestigioso diseñador Manolo Blahnik hizo algunos diseños con este estilo y los elevó a objeto de lujo y culto. Si bien su apellido puede sonar extranjero, aunque el nombre no puede ser más español, Blahnik nació en nuestro país, concretamente en las Islas Canarias y llevó desde estas pequeñas islas sus zapatos, los “manolos”, a la fama internacional.
Algo similar a lo ocurrido con Pretty Ballerinas la marca que el grupo Mascaró creó en 2005 en su taller de Menorca, un negocio familiar artesanal que empezó allá por 1918. Sus bailarinas han vestido –y visten– los pies de celebrities y muchas mujeres de gran relevancia: Lindsay Lohan, Claudia Schiffer, Elle MacPherson, Kate Moss, Kylie Minogue, la princesa Letizia Ortiz… Se pueden encontrar en los mejores escaparates y tiendas de las ciudades más glamourosas del mundo como París, Nueva York, Los Ángeles, Roma, Milán, Tokio entre otras muchas y cuentan con tiendas propias en Madrid, Londres y Montreal. Además, se pueden adquirir a través de su tienda online. De flores y floreros también está especializada en bailarinas y, desde su creación en 2009, apuesta por diseños atrevidos e innovadores. Su nombre viene de la búsqueda de aquellos diseños que hasta el momento no había en el mercado: de flores, de cuadros, de rayas… Y de floreros para indicar que la creatividad no tiene límites. Sus modelos se venden a través de internet y en tiendas multimarca seleccionadas.
Lo último en bailarinas es una idea que nos ha fascinado a las chicas de pies cursis y delicados, es decir, en el fondo a todas –lo que nos diferencia es que algunas, nos quejamos más y aguantamos menos los tacones– y se llama Post Party. Se trata de unas bailarinas plegables que vienen en una bolsa ad hoc y que ocupan poco más que un estuche de maquillaje y pesan mucho menos. Por ello, se pueden llevar cómodamente en el bolso para que, cuando los tacones nos estén matando, podamos recurrir a ellas. Las hay en cuatro colores y se pueden comprar a través de su web.
