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Los verbos se declinan y el chocolate también. Trufa de chocolate negro, gianduja de avellana tostada, crujiente de hojaldre y café. Turrón de almendra marcona con cremoso praliné de avellanas espolvoreado de cacao puro. Gotas de chocolate blanco con coco y trozos de barquillo. Piel de limón confitada bañada en chocolate blanco. Chocolate negro extra superior, hecho con habas de cacao criollo del Valle de Chuao (que, para quien no lo sepa, se encuentra en Venezuela). Más que una lista de los productos de una tienda parece una sinfonía de Beethoven o la banda sonora de nuestro primer beso. ¿A qué sí? Así es Pancracio: la fusión perfecta entre chocolate y fantasía. Por eso no gusta tanto…y por algún motivo más.
Primero: el chocolate hace bien. Mejora la circulación sanguínea, retrasa el envejecimiento, reduce el colesterol, alisa la piel y es también es un insospechable anticelulítico (siempre que lo utilicemos externamente, en vez de comer camiones de este manjar cómodamente sentados en el sillón). Pero, sobre todo, el chocolate es uno de los mejores antidepresivos existentes y no hacen falta más palabras para corroborar esta tesis. Si nuestros mejores momentos huelen a algo, seguro que es a chocolate.
Segundo: Pancracio es la historia de un sueño que tuvo que esperar un buen rato en un cajón antes de convertirse en realidad y a nosotros los finales felices nos encantan. Todo empezó cuando Pedro Álvarez quiso transformar su pasión por el chocolate y su experiencia en el packaging y en el diseño de productos en uno de estos negocios que de vez en cuando nos endulzan la vida. Se fue a Nueva York e hizo su aprendizaje en la célebre Bruno Bakery. Unos cuantos años después, los turrones y las trufas –que actualmente son las joyas de la corona de Pancracio– empezaron a circular de manera gratuita, pero absolutamente legal, entre amigos y parientes. Finalmente, estas dulces tentaciones llegaron a un público más amplio, y desde entonces lo que empezó como una inocua gripe se ha convertido en una pandemia para la que no tenemos ganas de encontrar ninguna vacuna.
Tercero: nunca el chocolate ha sido tan elegante. En la ruta del chocolate Pancracio, nada de zapatillas y pelo a lo me acabo de levantar. Hay que ir con tacones y con traje de noche, si queremos disfrutar de verdad de esta delicia que se mete primero por los ojos con sus preciosas cajitas. Un riguroso blanco y negro estilo Prada que añade un toque de glamour a un producto de altísima calidad.
Cuarto: con la fantasía se puede hacer todo. Incluso romper dogmas. Si creéis que un Martini es la mejor manera para desconectar al final de un día interminable de trabajo, es que todavía no habéis probado el Chocotini. Vodka puro, destilado tres veces y con un intenso sabor a chocolate. Todo acompañado por una cajita de pequeños bombones con forma y color de aceitunas, que podréis picotear como unas modernas Audrey Hepburn sin diamantes. ¿Hace falta saber algo más para tener la certeza de que esto se va a convertir muy pronto en nuestro nuevo vicio urbano?
Quinto: el chocolate Pancracio quizás no sea la prueba física de la existencia de Dios, pero es algo tan divino que se merecería una pequeña oración cada vez que estemos a punto de banquetear con él. Crujiente, suave, sabroso y capaz de atreverse y de jugar con los aromas y los sabores menos comunes para el chocolate, como la fresa o el lime. Simplemente delicioso.
Sexto: lo más importante. Parafraseando, como es preciso hacer de vez en cuando, a la mítica Coco (Chanel): La moda pasa, el estilo permanece. Si es así, el chocolate Pancracio tiene tanto estilo que es la única tendencia que no está condenada a pasar de moda. Palabra de Notodo.

Nombre: Pancracio
Dónde: En www.pancracio.com y puntos de venta seleccionados


