Feísmo

Oda a la imperfección

Oda a la imperfección: El salón del mueble de Milán que se celebra estos días nos está dejando una estampa más bien conservadora del diseño del producto. Los desmanes y excesos de la época de bonanza económica (cuando nadie se rasgaba las vestiduras porque las sillas se vendieran numeradas como las obras de arte y a precio de obra de arte), han quedado atrás en esta edición que se consagra al eterno binomio de la forma y la función y rinde, por enésima vez, tributo a los clásicos de la disciplina. Esas son las recetas por las que parecen apostar diseñadores y empresas productoras de mobiliario. Sin embargo, en este panorama de austeridad y corrección política se alzan voces a favor del delirio estético y la experimentación como única salida a esta crisis que (surprise, surprise) también afecta a la industria de los objetos y los muebles de autor. Eso sí, la reivindicación no abre la vía para lanzarse a dibujar y producir adefesios, sino que pretende volver al clima de libre experimentación que reinó hasta la caída de la economía frente a las medidas perfectas y materiales intachables que se ven estos días por el Salone. Y frente a la tiranía del “form follows function” de lujo y la elitista mamarrachada del design art (los mencionados ítems numerados y piezas únicas) como dos caras de la misma moneda de una industria conservadora se alzan los movimientos más interesantes llegados desde abajo, es decir, desde los creadores independientes y el amateurismo, con propuestas que distan de la aséptica perfección industrial pero que abren nuevos caminos en la disciplina. 

Las nuevas tecnologías aplicadas al diseño, como sucede con la arquitectura, han cambiado las formas de las categorías esenciales de los productos. O lo que es lo mismo, una silla ya no tiene porque parecer una silla. Si a esa idea le añadimos que tenemos la capacidad de producir nuestra propia silla, sin necesidad de crear planos ni adaptarnos a las necesidades de producción, la vieja silla puede ser (y parecerse a) cualquier cosa. Eso es posible gracias a que hacer prototipos ya está al alcance de todos. La rápida expansión de las impresoras 3D (el fenómeno fabbing), que fabrican modelos tridimensionales con un material plástico y que son fabricadas por los usuarios (muchas de ellas tienen licencias libres), pero también de servicios como Ponoko o FirstCut, que permiten al usuario enviar en un archivo digital los bocetos del objeto, y este servicio lo fabrica (por impresión 3D, corte láser de plástico y madera, etc.) y, en algunos casos, lo pone a la venta online y está accesible tanto a diseñadores profesionales como usuarios creativos (¡atención porque hay auténticas joyitas!). Estos servicios, junto a las tiendas online de objetos hechos a mano o en cortas tiradas como la conocida Etsy o la nada desdeñable Supermarket HQ. A este panorama se unen la red de galerías que, durante el corto esplendor del design art, apareció en ciudades de toda Europa y que han permitido a los indies de esta disciplina vivir al margen de una industria que ahora presa del miedo y replegándose sobre los valores de toda la vida.

sobre el fabbing
fabathome.org   
servicios de prototipos online:
www.ponoko.com 
www.firstcut.com  
tiendas online de diseñadores y aficionados:
www.etsy.com 
www.supermarkethq.com/browse/everything
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Nombre: Feísmo

Dónde: Salón del mueble de Milán

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