Estas Navidades me regalaron uno de esos packs de ocio que te ofrecen una tarde de spa, deportes de aventuras o una cena rústica. De repente me vi buscando la cosa más rara. Esa sería mi elegida. Pero es que, ¿a quién no le gusta probar cosas nuevas? A veces nos vemos embarcados en una práctica peligrosa y absurda sólo para sentirnos especiales, extremos e innovadores. Puesto que las prácticas son numerosas y variopintas, voy a centrarme en las que más llaman mi atención, empezando por mi favorita: el zorbing. ¿En qué consiste? Te metes en una esfera de PVC o de plástico flexible y te lanzan colina abajo, rodando, hasta llegar a una velocidad de unos 50 km por hora. ¿Qué llama la atención del zorbing? Dicen que se liberan tensiones y que ves el mundo desde una perspectiva distinta. Puede ser, auque realmente yo creo que se tiene que pasar muchísimo miedo y que, además, dando vueltas como un hámster te debes marear y mucho no podrás ver. Sin embargo, quiero probarlo. Nadie puede negar la atracción de la falta de control. Además lo practicas dentro de un envoltorio fantástico, retro-futurista, y tienes la posibilidad de hacerlo en pareja, que no deja de tener su puntillo. Esta rareza nació en Nueva Zelanda a mediados de los 90. Allí está muy instaurado y existen clubes donde se puede practicar, a los que pueden acudir los niños a partir de cierta edad.
El zorbing se puede practicar sobre el agua. En ese caso se llama water ball y es mucho menos arriesgado. También hay esfera de plástico y también te metes dentro, pero ahora la esfera está sobre el agua. Puedes ponerte en plan bíblico y caminar sobre las aguas, hacer piruetas inesperadas si eres habilidoso o, cómo no, volver a ser el pequeño hámster con rueda al que ahora han metido en una piscina. No podemos negar la diversión de esta práctica, aunque sea únicamente por el placer de ver a algún conocido dentro de la gran bola.
En estos deportes casi siempre muy arriesgados lo que perseguimos es lo sobre-humano. Y una de las cosas que el hombre ha buscado histórica e incesantemente es la capacidad de volar. Así, el puenting y similares tuvieron su boom en los 80 y los 90 y ahora con prácticas como la esfera voladora seguimos con la misma meta. Este objetivo se une al de llegar a velocidades extremas, como es el caso del airboarding. Este es un deporte de nieve y está inventado por un suizo, Joe Steiner. Los airboarders se deslizan tumbados sobre una especie de colchoneta hinchable, montaña nevada abajo, hasta llegar a velocidades de 130 km por hora. A esta velocidad, evidentemente, la sensación de vuelo está asegurada. Además, pueden dar saltos y hacer acrobacias, con la ventaja de que al toparse con el suelo, la "colchoneta" funciona como un airbag. También existe, no obstante, el airboarding para principiantes y niños, a menos velocidad y por pendientes menos inclinadas.
Pero si lo que queremos es dar saltos voladores a la antigua, como si fuéramos monos, lo que podemos hacer es ir a un parque de aventuras en los árboles, que hay en muchas ciudades y en los que se nos proponen numerosos y divertidos recorridos. Las tirolinas, los balancines o las lianas de los parques de aventuras con árboles nos dan la oportunidad de ser, por unas horas, monos habilidosos. Tarzanismos cerca de Madrid para sacar nuestro instinto animal y cazador y para creer por unas horas que tenemos alguna capacidad de súper-héroe trepador.
