El planking consiste en tumbarse boca abajo, con las manos tocando los laterales del cuerpo y permanecer inmóvil. Hay que practicarlo en un sitio inusual y, tal y como exigen las normas de nuestro tiempo, fotografiarse y publicar la “heroicidad” en internet es parte del proceso. Porque ya sabemos que lo que no aparece en nuestras redes sociales no existe. De hecho, la popularidad de la práctica (que nació en Australia en 1997, se empezó a practicar masivamente en 2009 en ese país, un año más tarde en Inglaterra y llegó a nuestro país este 2011) se mide por su aparición en las redes sociales y por los “me gusta” que acumulan los grupos en faceboook destinados a la “disciplina”. A 772.675 personas les gusta la página de Planking de la red social por excelencia.
Supongo que lo absurdo de la práctica es lo que la ha convertido en fenómeno. Y que las fotografías resultantes llegan a ser muy divertidas. Tengo que confesar que la primera vez que vi las hazañas de los plankers sentí la necesidad de tumbarme encima del televisor o en la lámpara de pie y hacerme una foto. Además, ¡por fin podía ser partícipe de una de estas absurdidades sin necesidad de disponer de unas cualidades físicas excepcionales! El único motivo por el que no lo hice fue porque no tenía a nadie que me hiciera la foto y preparar la cámara con el trípode y poner el disparador automático me pareció excesivo para mi primera inclusión en la práctica.
Cuando pienso en planking pienso en el parkour, esa práctica inventada y popularizada por los franceses que consiste en desplazarse de un sitio a otro utilizando las habilidades del cuerpo y superar obstáculos (muros, paredes, vallas). Y me pregunto si se trata de una parodia de este tipo de disciplinas, si es en lo que han derivado en un tiempo en el que ya-no-saben-qué-inventarse o si es, simplemente, un parkour para los vagos. Planking: parkour for fat people o Planking is for losers that can’t parkour son grupos de facebook que defienden esta última idea.
Lo curioso (o más bien grotesco) del asunto es que el planking, en su búsqueda de la originalidad ha devenido una práctica arriesgada y ya se ha cobrado algunas muertes. El pasado mayo, un australiano de veinte años murió al caer de un séptimo piso donde, supuestamente, estaba practicando planking. Se conocen más casos de planking en balcones o a bordo de vehículos en marcha y también ha habido despidos por practicarlo en horas de trabajo. De hecho, los medios hablaron de esta práctica por primera vez cuando siete trabajadores de un hospital en Inglaterra (médicos y enfermeras) fueron descubiertos y suspendidos por practicarlo en horario laboral. Yo me pregunto cómo explicarían la causa de su despido a sus parejas o a su familia.
Como suele ocurrir con todas las prácticas que se convierten en moda y en fenómeno, al planking ya le han surgido hermanastros. El teapotting, que consiste en poner las manos a modo de taza de té (soy una taza, una tetera... sí, de ahí viene) y que inventaron unos profesores supongo que cuando vieron que el planking se estaba poniendo complicado (y el teapotting sí que me parece un poco loser, disculpen el atrevimiento); el owling (ponerse de rodillas haciendo el búho – bueno...- ); el batmanning (estirado y boca abajo... es el desafío del planking, como reza una de las páginas de Facebook destinadas a él: Batmanning: Because planking is for pussies) y mi favorito, el horsemanning. Este último debe su nombre al Jinete sin cabeza de La leyenda de Sleepy Hollow (Washington Irving, 1820), novela popularizada por la adaptación cinematográfica que hizo Tim Burton en 1999. El horsemanning, como habréis adivinado, consiste en hacerse una foto simulando que no tienes cabeza. En la foto aparece el cuerpo en una parte y la cabeza en otra. Esta práctica sí que ha nacido únicamente pensando en la foto posterior y su publicación y a mí, la verdad, es que me ha hecho bastante gracia. Espero que no llegue a convertirse en deporte de riesgo, claro está.