Hoy en día, un fotógrafo, por ejemplo, además de fotografiar, hace su propia página web, pinta las paredes desconchadas, recicla y restaura los muebles de su casa, personaliza un regalo para el cumpleaños de un amigo, edita su propio libro y le da un toque artístico a sus menús a lo Ferrán Adriá cada vez que su polifacética vida se lo permite y no tiene que acabar comiendo en el Burger King de la esquina. Así las cosas y con la crisis acechando hierática nuestros bolsillos, todos nos hemos convertido por placer o necesidad en polifacéticos, polivalentes y poli-artistas de la pista. Para facilitar las cosas, han surgido plataformas on-line como Ponoko, que “permite crear, fabricar, comprar y vender objetos únicos y customizados” siendo, además, respetuosos con el medio ambiente. ¿Cómo funciona? “El usuario envía el diseño (pueden ser dibujos en papel o simples bocetos), selecciona los materiales y Ponoko le envía las piezas del objeto para ensamblar. El diseñador perfecciona la prueba, le pone un precio y lo publica en la tienda y a vender”. Tan simple como parece. Con esta herramienta, cualquiera, hasta aquel que como yo confunde los gatos hidráulicos con la llave de tuercas, puede convertirse en diseñador sin necesidad de usar ningún complicado software de diseño. El “Do it Yourself” (actitud punk donde las haya, anticapitalista y contracultural) es algo que se va extendiendo con virulencia y garbo por todas partes. Así, gracias al Patio Maravillas (Madrid) y sus talleres gratuitos, podemos aprender desde horticultura a fontanería pasando por serigrafía o corte de pelo. Todo un kit de habilidades más que útil para la vida moderna y la escasez de efectivo, que te permite cierta autonomía y capacidad de resolución de problemillas cotidianos capaces de arruinar un inquieto bolsillo (todos sabemos lo que cobra hoy en día un fontanero).
De hecho, también han proliferado como setas las páginas web que, como sindinero.org, te enseñan a pintar una pared de forma profesional o a fabricar tu propio jabón o makeatuvida.net que te muestra a redecorar tu vida de forma responsable, poco consumista y, por lo tanto, con poco dinero y mucho arte (un secador antiguo de peluquería convertido en una lámpara o un frigorífico convertido en armario). ¿Quién dijo que esto no era arte? Pero, si además de hacer tus chapucillas, plasmar tu vena artística (por necesidad) y quedar como un rey ante tus inútiles amigos, quieres seguir dando rienda suelta a tu imaginación, las nuevas tecnologías te lo ponen fácil. Puedes hacer tu particular programa de radio en Internet, crear tu propia música o convertirte en director de video clips sin necesidad de contar con un gran equipo o infraestructura. Ni siquiera hace falta dinero, sólo ganas, Internet y pa´lante. La difusión está garantizada a través de las redes sociales. Lo dicho, artistas de la pista o la rabiosa actualización del “chico para todo”.
