Contra la arquitectura
El Príncipe Charles, Sgarbi, Espe...
Cedric Price debe estar revolviéndose en su tumba después de que su paisano el
Príncipe Carlos arremetiera contra la arquitectura actual moderna en una conferencia ante los ingenieros civiles más importantes de Reino Unido. El príncipe de Gales (apasionado de la arquitectura y el cuidado del medio ambiente) aseguraba que:
"construimos a corto plazo sin conseguir durabilidad ni belleza. Lo que hacemos es un lastre en vez de un activo para las siguientes generaciones". Asimismo, asegura que el cristal, el acero y el cemento son materiales con un elevado gasto de energía en su producción y que la inclinación de la arquitectura moderna hacia las modas es un lastre para el medio ambiente debido a su naturaleza efímera (¿?).
No es la primera vez que el hijo de la reina
Isabel II utiliza su influencia para interferir en algún proyecto urbanístico-arquitectónico o simplemente lo critica sin complejos. En 2009 consiguió boicotear el
proyecto de viviendas de Richard Rogers en el barrio londinense de Chelsea y en otra ocasión se mostró reacio con respecto al proyecto de
ampliación de la National Gallery. Parece que el gusto por la tradición y el conservadurismo cala fuerte en la Familia Real británica. O como mínimo allí.
En España no estamos exentos de casos como éste: es fácil recordar a
Tita Cervera (más conocida como la
Baronesa Thyssen) encadenándose a los árboles del Paseo del Prado cual
perroflauta obstinada o a
Esperanza Aguirre retirando a Navarro Baldeweg del proyecto de los
Teatros del Canal. En Italia el crítico de arte, político y personaje televisivo
Vittorio Sgarbi se lo puso difícil a
Arata Isozaki con el proyecto de la nueva entrada de los
Uffizi y también rechazó de pleno el
puente en Venecia de Santiago Calatrava. Y podríamos seguir así indefinidamente. Motivaciones todas ellas más o menos legítimas, lo que está claro es que al final se desvirtúa el debate arquitectónico a pie de calle, que previsiblemente es más sensible a las declaraciones del personaje popular de turno que el del profesional desconocido.
Otra historia muy distinta son los proyectos rechazados por la sociedad o la política general con más razón que ganas de dar guerra: el siglo XXI ha dado mucho de sí en lo que a
star system se refiere, desarrollando los últimos y seguramente más despilfarradores y excéntricos proyectos provocando un éxtasis popular a nivel global. La arquitectura y el urbanismo pasaron de la marginalidad a formar parte de los temas de actualidad cultural en los medios de comunicación y las conversaciones a pie de calle. Surgían los primeros canales para lanzar una arquitectura en muchos casos concebida pensando en el público y el espectáculo. Los mismos protagonistas que ensalzaban este desfile de edificios singulares, macroproyectos fuera de escala y burradas varias, se convirtieron con la crisis en portadores de la bandera de la sostenibilidad y la austeridad. Ante este circo la opinión pública, naturalmente, se ha resentido y las sensibilidades están a flor de piel. Se nota un ambiente cínico e inseguro ante a las propuestas de cambio en la ciudad y el urbanismo en general, los proyectos de arquitectura más arriesgados (acertados o no) se miran con recelo y un buen número de lindezas varias. Vamos, que el ambiente está cargadito y la polémica servida.
Easy...