Es posible no ser ni PC ni Mac. En el apasionante mundo de los sistemas operativos hay una tercera vía. Libre, gratis, amable, tuneable a tu gusto y se actualiza solo, y cuando lo hace a diferencia de las ventanas y las manzanas, tiene la deferencia de no pasar informes de la configuración de tu máquina a una gran corporación (no, no somos víctimas de la conspiranoia, lo dice Richard Stallman, gurú del software libre). ¡Ah! Y este sistema es realmente estable y está blindado contra los virus. Todo parecen atractivos hasta que desvelamos el nombre de semejante maravilla: Linux, el sistema operativo libro cuyo código puede ser utilizado, modificado y distribuido de manera libre. Es decir, una programación hecha, corregida y mejorada entre todos sus usuarios y, por tanto, que pertenece a todos sus usuarios. Pero es entonces cuando ese panorama de placidez e independencia computacional se transforma en tu imaginación en una selva de líneas de código ininteligibles, interfaces estilo sala de control de la NASA y, ejem, geeks con sobrepeso y camisetas con mensaje chistoso.
Llega la hora de romper con esos tópicos porque existe un Linux human friendly que cuenta con millones de usuarios: Ubuntu. Y sí, por si no te habías dado cuenta, la intención de este texto es convertirte al software libre. ¿Acaso sólo tienen derecho a hacer proselitismo los “maqueros”? Ubuntu fue desarrollado por el entrepreneur sudafricano, precoz millonario y astronauta aficionado (creó, Verisign, una empresa de seguridad en Internet y casi un estándard en las transacciones de comercio electrónico que luego vendió por cientos de millones de dólares) Mark Shuttleworth que, al estilo americano, quiso devolver lo que el mundo le había dado haciendo que su sistema operativo favorito, Linux, fuera asequible para el mayor número de personas, simplificando su funcionamiento y humanizando su aspecto. Y de hecho, nada más accesible que Ubuntu. Y nada más fácil que su instalación: se descarga la última versión (suelen lanzarse dos al año, con el número del año y el mes como nombre, la actual es la 9.04, del último mes de abril, de la página oficial del sistema operativo (www.ubuntu.com/GetUbuntu/download), se graba en un CD, se arranca el ordenador y, tachán, ¡lavado de cara y nueva vitalidad para tu computadora! ¿Todavía más sencillo? Suscríbete en la página y recibirás en tu casa los CD con las nuevas versiones.
La distribución llega además con los programas básicos para ponerse a trabajar en un santiamén, como Thunderbird y Firefox para correo electrónico e Internet, respectivamente; Open Office, un suite de ofimática al estilo Microsoft Office, pero más ágil y rápida; así como gestor de torrents, software para grabar CD y DVD y los imprescindibles players de vídeo y música. Todo ello en aplicaciones intuitivas y ligeras como una pluma. Esta es otra de las razones por las que es conveniente pasarse a Ubuntu: su sencillez lo hace extremadamente ligero y permite dar nuevos bríos a un ordenador que, con el enésimo Windows o el Leopard de turno, ya parecía ir a cuerda alargando la vida útil de estas máquinas que, no olvidemos, su desecho supone un impacto medioambiental considerable (sí, ahora mismo tu viejo 486 estará desmontado en algún lugar de la India, China o Ghana supurando mercurio, pfalatos y dioxinas cromadas como un condenado y si no, mira este informe: http://www.greenpeace.org/espana/reports/envenenando-la-pobreza).
Quizá seas de esos usuarios avanzados que con un procesador de textos no tiene ni para empezar. ¡No problem! Otra de las ventajas de este sistema operativo es cómo gestionar las aplicaciones. Al usar software libre, al instalarte Ubuntu ya no tendrás que ir pirateando programas o pidiéndolos prestados a tus amiguetes con el consiguiente riesgo para la seguridad de tu equipo (y la tuya personal si entramos en cuestiones legales...). El sistema de paquetes de Ubuntu se abre en nuestro monitor todo un buffet libre de programas debidamente testados, compatibles y libres de virus. Eso sí, tienen nombres nada comerciales y es posible que el novato sin conocimientos previos deberá darse un garbeo por los foros de usuarios para saber qué aplicación le conviene más. Pero esos foros están también repletos de seguidores acérrimos del sistema operativo naranja dispuestos a echarte una mano con cualquier complicación (que hay más bien pocas). Cabe decir que todas las aplicaciones tienen su equivalente en Linux, incluso las de edición de imagen, montaje de vídeo o dibujo vectorial. Eso sí, las versiones son algo pedestres y de aspecto menos profesional que sus hermanos de la todopoderosa Adobe. Si, como quien esto escribe (sí, desde Open Office y con Ubuntu 9.04, de folclórico nombre Jaunty Jackalope ) tienes inquietudes creativas pero te pagas el alquiler con otros menesteres, la oferta linuxera es más que sobresaliente.
