Dentro de muchos años, cuando nuestros bisnietos acudan emocionados a una hemeroteca en busca de información acerca de Dead Space 2, descubrirán que los elementos del juego más elogiados en su día por la prensa especializada fueron básicamente tres.
El primero, la cortadora de plasma y en extensión, su hermano mayor y más potente, el cañón de plasma, desde ya mismo una de las mejores armas jamás diseñadas para un videojuego, junto con la escopeta recortada de Doom y el rifle gravitatorio de Half-Life 2. Básicamente lo que permite este artilugio es cercenar a placer las extremidades ajenas en función del tipo de daño que quieras causar al enemigo. ¿Deseas ralentizar la velocidad del objetivo? Dispara a cualquiera de sus piernas. ¿Quieres cegarlo? Cercena su cabeza. ¿Quieres desarmarlo? Amputa el brazo con el que sostiene el arma. No hace falta decir que la posibilidad de desmembrar a los rivales amplia el abanico de opciones ofensivas, y al mismo tiempo, permite enfrentarse con ciertas garantías de éxito a las manadas de enemigos, habituales en el juego de Visceral Games.
El segundo, la gravedad, o mejor dicho, la falta de la misma en algunos de los pasajes del juego. Una ingravidez que permite al protagonista flotar en todas las direcciones y girar 360º sobre su mismo eje, y que ha sido venturosamente aprovechada por los desarrolladores para crear algunos rompecabezas dignos de elogio. El Eje, la enorme estación espacial dónde transcurre la acción del juego, está echa unos zorros y la mayoría de retos a los que se enfrenta el protagonista, tienen como objetivo abrirse paso entre los escombros y reconstruir toda clase de mecanismos averiados, ensamblando las piezas mediante el uso de la cinética, una especie de haz de energía que permite desplazar objetos y enemigos, o estampar-los contra la pared según convenga. Sin ser la panacea en cuanto a complejidad, los rompecabezas suponen un necesario y agradecido respiro en una aventura dónde rara vez se enfunda el arma.
El tercero y último, la ambientación. Aunque la trama parte de elementos más masticados que un chicle de segunda mano (estación espacial oscura y deprimente, extraterrestres de aspecto grotesco, un artefacto de poder maléfico y un largo y aburrido etcétera), los desarrolladores de Visceral Games se las han ingeniado para que la tensión no decaiga nunca, incluyendo a enemigos que surgen de los lugares más inesperados para pegarte un susto de aúpa, cadáveres mutilados por doquier, estremecedoras apariciones fantasmales producto de la dudosa salud mental del protagonista, y personajes secundarios con una esperanza de vida más corta que la de un tocino en la puerta de un matadero. Disfrutar de Dead Space 2 en toda su plenitud implica jugarlo a oscuras y con el sonido de los altavoces al máximo, aunque dada la capacidad del juego por dejar tu corazón en un puño a ver quién es valiente que se atreve.
