Se trata de una plataforma de nuevos creadores y realizadores, un trampolín a la notoriedad, muchas veces son currículums en forma de video y música muy tentadores. Es, además, un soporte que da lugar a la experimentación. El videoclip se mueve entre la narratividad, el videoarte, la publicidad o el videojuego. Es un espacio libre de limitaciones empresariales pero con restricciones económicas. No podemos hacer lo que queramos porque no tenemos producción para lograrlo así que vamos a rompernos la cabeza para hacer algo interesante. Vamos a intentar trazar algunas de las tendencias que realizadores noveles marcan o siguen, a pesar de la falta de medios o debido a ello.
Una mirada nostálgica, tanto en la narración misma como en la forma. Muchos realizadores siguen la tesis del cine como ejercicio de melancolía y aunque el videoclip ahora esté enmarcado en la era youtube, los autores se hacen cargo. Todo grupo indie modernito que se precie cuenta con un videoclip que transcurre en un medio rural, muchas veces rodado en Super8 o simulando el efecto digitalmente. ¿Por qué nos gusta lo retro? Para algunos es una cuestión estética, a otros les interesa la artesanía de lo analógico; el trabajo con determinados formatos permite despiezar, trabajar directamente el material.
Anna D. Ortuño realizó su primer videoclip (
El llençol, para
Bulma) en Super8; a ella le interesa trabajar con la película misma, con las imperfecciones del formato, las imágenes veladas... repitió tesis con
La manta de los borrachos (
Le Pianc), grabado en VHS y cuyos efectos visuales son el resultado de una manipulación manual de los cables y la cinta.
Laura Martín apuesta también por el Super8. Entre sus trabajos cabe destacar el video para
Sutja Gutiérrez, del tema
Borderline (Hell, I’m the), que recorre un
Blanes por el que no pasa el tiempo (y aquí el formato analógico retro tiene por ello bastante razón de ser). Ella defiende el Super8 frente al digital por motivos estéticos, cinematográficos y funcionales (
"el cine limita, hay que repensar, calcular lo que se quiere grabar y esto deviene en trabajos más maduros y meditados", afirma Laura). En esta dirección más estética y nostálgica del formato cine nos encontramos con Temps o rellotge de Raúl Cuevas (para el tema de Sanjosex), que nos cuenta una historia de un amor iniciático.
Muchas veces este trabajo melancólico con las imágenes consiste en operar directamente con material ya existente. Así, el
found footage (montaje de imágenes no originales, de archivo), procedimiento heredado del videoarte, es un método bastante común en muchos videoclips. Nuevamente nos encontramos con una reflexión sobre la imagen, sobre su significación y simbolismo y sobre el montaje. El colectivo
Dostopos (
Ana Pfaff y
Ariadna Ribas) es un ejemplo de realizadoras que hacen de esta práctica (y de otras similares como el collage animado) su marca de estilo. El videoclip de
Ella está en un punto de
Sonio es un ejemplo de sencillez y elegancia, de cómo la belleza y el tratamiento que se le da a las imágenes (y su relación con la música) confluyen en un universo hipnótico.
Siguiendo esta idea del trabajo del montaje y la edición como marca fundamental de estilo me gustaría señalar el video que el estudio
Oh my hood realizó para
Aisho y Noult, para el tema
Creciendo con el juego. Se trata de un trabajo en principio muy diferente a los anteriores, ya que en él lo importante es sobre todo el trabajo de ilustración, de
motion graphics. El cómo –un trabajo descomunal y majestuoso de edición y de tratamiento de la imagen– construye el qué, construye la narración. Si habíamos dicho que el found footage se debía al videoarte, aquí deberíamos recoger el testigo de una estética más de videojuego, más cercana a los ochenta, con el toque gamberro que un tema de hip hop requiere.
El videoclip, así, se pregunta incesantemente acerca de la imagen, acerca de otros productos audiovisuales y acerca de sí mismo. Me gustaría destacar el trabajo de
15-L. produccions, por el interés que muestran sobre las distintas posibilidades de la imagen en el formato – videoclip. Sus trabajos beben de referencias diversas, desde la cámara lenta de
Nick Knight (en el videoclip de
Mazoni para el tema
Per primer cop) hasta una escenificación de la santa cena (para el tema
Vindaloo de
Ana Laan). Este factor metalingüístico del videoclip me parece otra línea a subrayar. A veces la reflexión es narrativa, como es el caso de
Guspira, estel o carícia (
Mishima) realizado por el colectivo
Guardas forestales. En esta pieza los realizadores introducen guiños visuales autoparódicos. El espectador ya conoce las reglas de juego del videoclip; partiendo de este conocimiento el realizador se permite jugar, desmontar expectativas y cumplir otras. Además, introduce el “videoclip” en un segundo nivel de narración para remarcar esta idea metalingüística. Quiero destacar, también, los dos videos que
Chema García Ibarra creó para
Klaus & Kinski (
Nunca estás a la altura y
Flashback al revés); en ambos, el autor se ciñe a un recurso típico de videoclip para crear el discurso del mismo y su narratividad.
Al fin y al cabo el videoclip actual se debe a la era
YouTube, a la influencia del videojuego, a lo pop, a su tradición de
MTV, está sujeto a las leyes de la moda y la tendencia; pero también se debe a referencias puramente cinematográficas, pictóricas, cercanas al videoarte. Y se ve en la obligación de una renovación y una autorreflexión constante. Es, quizá por todos estos condicionantes, a menudo contradictorios, el lugar donde buscar y observar a aquellos talentos valientes que emergen, que se acogen al videoclip por la libertad que pueden ejercer en él. Y no es casualidad, evidentemente, que algunos de los cineastas más influyentes o más arriesgados de la actualidad provengan de este ámbito.