El nuevo videoclip

Trampolín creativo de nuevos autores


El estatuto del videoclip se ha transformado en los últimos años. Las redes sociales han incentivado la proliferación tanto de conjuntos musicales como de sus videoclips correspondientes. ¿Cuántos vemos a lo largo del día? ¿Cuántos descubrimos o nos descubren? Si abrimos nuestro Facebook, Google+ o Twitter asistimos a un intercambio de música y video excepcional. También ha influido en esta expansión la democratización del audiovisual. Ya no son necesarios tantos medios. Con talento, ideas, una cámara más o menos buena y un programa de edición se pueden hacer virguerías. El videoclip sirve muchísimas veces como doble carta de presentación: del grupo y del realizador. A veces son los primeros trabajos que realizadores hacen a músicos también inéditos.

Se trata de una plataforma de nuevos creadores y realizadores, un trampolín a la notoriedad, muchas veces son currículums en forma de video y música muy tentadores. Es, además, un soporte que da lugar a la experimentación. El videoclip se mueve entre la narratividad, el videoarte, la publicidad o el videojuego. Es un espacio libre de limitaciones empresariales pero con restricciones económicas. No podemos hacer lo que queramos porque no tenemos producción para lograrlo así que vamos a rompernos la cabeza para hacer algo interesante. Vamos a intentar trazar algunas de las tendencias que realizadores noveles marcan o siguen, a pesar de la falta de medios o debido a ello.

Una mirada nostálgica, tanto en la narración misma como en la forma. Muchos realizadores siguen la tesis del cine como ejercicio de melancolía y aunque el videoclip ahora esté enmarcado en la era youtube, los autores se hacen cargo. Todo grupo indie modernito que se precie cuenta con un videoclip que transcurre en un medio rural, muchas veces rodado en Super8 o simulando el efecto digitalmente. ¿Por qué nos gusta lo retro? Para algunos es una cuestión estética, a otros les interesa la artesanía de lo analógico; el trabajo con determinados formatos permite despiezar, trabajar directamente el material. Anna D. Ortuño realizó su primer videoclip (El llençol, para Bulma) en Super8; a ella le interesa trabajar con la película misma, con las imperfecciones del formato, las imágenes veladas... repitió tesis con La manta de los borrachos (Le Pianc), grabado en VHS y cuyos efectos visuales son el resultado de una manipulación manual de los cables y la cinta. Laura Martín apuesta también por el Super8. Entre sus trabajos cabe destacar el video para Sutja Gutiérrez, del tema Borderline (Hell, I’m the), que recorre un Blanes por el que no pasa el tiempo (y aquí el formato analógico retro tiene por ello bastante razón de ser). Ella defiende el Super8 frente al digital por motivos estéticos, cinematográficos y funcionales ("el cine limita, hay que repensar, calcular lo que se quiere grabar y esto deviene en trabajos más maduros y meditados", afirma Laura). En esta dirección más estética y nostálgica del formato cine nos encontramos con Temps o rellotge de Raúl Cuevas (para el tema de Sanjosex), que nos cuenta una historia de un amor iniciático.

Muchas veces este trabajo melancólico con las imágenes consiste en operar directamente con material ya existente. Así, el found footage (montaje de imágenes no originales, de archivo), procedimiento heredado del videoarte, es un método bastante común en muchos videoclips. Nuevamente nos encontramos con una reflexión sobre la imagen, sobre su significación y simbolismo y sobre el montaje. El colectivo Dostopos (Ana Pfaff y Ariadna Ribas) es un ejemplo de realizadoras que hacen de esta práctica (y de otras similares como el collage animado) su marca de estilo. El videoclip de Ella está en un punto de Sonio es un ejemplo de sencillez y elegancia, de cómo la belleza y el tratamiento que se le da a las imágenes (y su relación con la música) confluyen en un universo hipnótico.

Siguiendo esta idea del trabajo del montaje y la edición como marca fundamental de estilo me gustaría señalar el video que el estudio Oh my hood realizó para Aisho y Noult, para el tema Creciendo con el juego. Se trata de un trabajo en principio muy diferente a los anteriores, ya que en él lo importante es sobre todo el trabajo de ilustración, de motion graphics. El cómo –un trabajo descomunal y majestuoso de edición y de tratamiento de la imagen– construye el qué, construye la narración. Si habíamos dicho que el found footage se debía al videoarte, aquí deberíamos recoger el testigo de una estética más de videojuego, más cercana a los ochenta, con el toque gamberro que un tema de hip hop requiere.

El videoclip, así, se pregunta incesantemente acerca de la imagen, acerca de otros productos audiovisuales y acerca de sí mismo. Me gustaría destacar el trabajo de 15-L. produccions, por el interés que muestran sobre las distintas posibilidades de la imagen en el formato – videoclip. Sus trabajos beben de referencias diversas, desde la cámara lenta de Nick Knight (en el videoclip de Mazoni para el tema Per primer cop) hasta una escenificación de la santa cena (para el tema Vindaloo de Ana Laan). Este factor metalingüístico del videoclip me parece otra línea a subrayar. A veces la reflexión es narrativa, como es el caso de Guspira, estel o carícia (Mishima) realizado por el colectivo Guardas forestales. En esta pieza los realizadores introducen guiños visuales autoparódicos. El espectador ya conoce las reglas de juego del videoclip; partiendo de este conocimiento el realizador se permite jugar, desmontar expectativas y cumplir otras. Además, introduce el “videoclip” en un segundo nivel de narración para remarcar esta idea metalingüística. Quiero destacar, también, los dos videos que Chema García Ibarra creó para Klaus & Kinski (Nunca estás a la altura y Flashback al revés); en ambos, el autor se ciñe a un recurso típico de videoclip para crear el discurso del mismo y su narratividad.

Al fin y al cabo el videoclip actual se debe a la era YouTube, a la influencia del videojuego, a lo pop, a su tradición de MTV, está sujeto a las leyes de la moda y la tendencia; pero también se debe a referencias puramente cinematográficas, pictóricas, cercanas al videoarte. Y se ve en la obligación de una renovación y una autorreflexión constante. Es, quizá por todos estos condicionantes, a menudo contradictorios, el lugar donde buscar y observar a aquellos talentos valientes que emergen, que se acogen al videoclip por la libertad que pueden ejercer en él. Y no es casualidad, evidentemente, que algunos de los cineastas más influyentes o más arriesgados de la actualidad provengan de este ámbito.
anna d. ortuño: vimeo.com/annadortuno
laura martín: vimeo.com/lauramartin
raúl cuevas: www.raulcuevas.tv
dostopos: www.dostopos.info
oh my hood: ohmyhood.com
15-l: www.15-l.com
guspira, estel o carícia: click aquí
chema garcía ibarra: vimeo.com/chemagarcia
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Vindaloo (Ana Laan), de 15 L
Guspira, estel o carícia (Mishima), de Guardas forestales
Creciendo con el juego (Aisho y Noult), de Oh my hood
por qué

Porque en los últimos años el género videoclip se alzó como una alternativa a los cortometrajes y como un campo de experimentación para que jóvenes creadores comiencen a despuntar en el mundo audiovisual. Colectivos como CANADA, NYSUFILMS o directores como Luis Cerveró o Lyona han sido algunos de los nombres que han dado el pistoletazo de salida y un paso adelante a la hora de intervenir en el mundo audiovisual por la puerta grande. Aquí os presentamos algunas otras claves del asunto.