14 diciembre, 2017. Por

Tebas Land

Tragedia, parricidio y teatro-dentro-de-teatro en la ‘A sangre fría 2.0’
Tebas Land

Dos personajes. Un joven parricida y un dramaturgo que pretende escribir una función sobre el primero. Rejas que cercan una canasta de baloncesto. Y múltiples conversaciones alternas entre estos dos personajes (y un tercero, si contamos el desdoblamiento del joven en inspirador e intérprete) en este lugar de encuentro. Tebas Land, escrita por el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, que ha llegado a Madrid de la mano de la directora Natalia Menéndez al Pavón Teatro Kamikaze después de despuntar en numerosos países con una historia inspirada en el mito de Edipo.

Pero no habla tanto de las motivaciones de una asesinato sino del hecho teatral, de la representación y de la fascinación de un hombre al indagar en otro y la relación de intimidad que se establece entre ellos (como ya pasara por ejemplo en A sangre fría de Capote, con la que tiene algún punto en común, aunque parece que ya han surgido discusiones al respecto).

Israel Elejalde interpreta al dramaturgo y Pablo Espinosa al joven parricida y al actor que le representará en la futura obra teatral. Elejalde vuelve una vez más a demostrar sus inmensas capacidades sobre la escena, en esta ocasión ofreciendo un equilibrio perfecto entre determinación y sensibilidad. Y Espinosa va creciendo durante la función hasta erigirse en un muy digno contrincante, ofreciendo junto a Elejalde momentos precisos y preciosos (sobre todo en la recta final de la función, cuando ya se han asentado y explicitado las bases de esta peculiar relación).

«No trata tanto de las motivaciones de una asesinato sino del hecho teatral, de la representación y de la fascinación de un hombre al indagar en otro y la relación de intimidad que se establece entre ellos»

Natalia Menéndez (de cuya dirección queríamos volver a disfrutar en una función por aquí después de la fascinante La amante inglesa) guía con ritmo y tino creando la atmósfera adecuada a través de la laberíntica estructura de un texto complejo que engancha y da para la reflexión y que establece un muy sugerente juego en el que la ficción altera la realidad. O viceversa. Como cuando el dramaturgo expone detalles que luego el joven protagonista incorpora o modifica en su discurso.

Tebas Land es, en definitiva, una función altamente recomendable, uno de esos espectáculos sólidos (sólo se le podría reprochar que se acaba por hacer un pelín largo) e inteligentes a los que el Kamikaze nos viene (mal)acostumbrando.

Tebas Land