9 julio, 2018. Por

Sweet Barrio

El salvajismo aflamencao que nace del jazz, el soul, el reggae, Las Grecas y Gloria Fuertes
Sweet Barrio

¿Qué puede salir si mezclamos a Las Grecas, el reggae, a Gloria Fuertes, el jazz soul y a Los Chichos? Pues un Sweet Barrio, un modo de vida salvaje, o ese lugar eclético lleno de las cosas que nos gustan, de variedad y diversidad, de cultura y supervivencia. Irene y Maxi son los integrantes de este que presentamos, que en su caso es Usera, pero que podría ser cualquier otro.

Se conocieron hace nueve años por amigos comunes que tocaban por las calles de Lavapiés y, desde entonces, no han parado de moverse. Acaban de sacar dos singles que son el adelanto del álbum que sacarán el próximo verano, que está producido por Campi Campón (Vetusta Morla, Jorge Drexler) y donde cantan cosas como “cuando tenga dinero, me compro un chándal nuevo”, una metáfora de la libertad que anhelan y el miedo del que huyen.

Mezclan el inglés con el español y no buscan ser “ni gitanos ni flamencos”. Un “no estamos locos pero sabemos lo que queremos” de toda la vida. Huyen de las etiquetas, pero como no podemos vivir sin ellas, aquí los tenéis, para gusto y disfrute del juicio musical.

“Camela te pueden gustar o no, pero tienes una cinta en tu casa seguro. Busca bien porque la tienes”

Si tuvierais que definir vuestra música con tres estilos…

Maxi: Inevitablemente va a haber reggae. Di tú otro.

Irene: No me gusta decir flamenco.

Maxi: No…

Irene: No hacemos flamenco, pero sí tenemos algo que compartimos con los flamencos que conocemos, y es el salvajismo del estilo. Creo que sería un salvajismo aflamencao, pero no flamenco, porque respetamos mucho ese palo, y sabemos también que hay que hacerlo con mucho respeto. Yo creo que sería jazz soul, algo aflamencao y el reggae, que es el latido general de este disco.

Me llama la atención que no os gusta decir que hacéis flamenco casi por respeto. Ahora mismo, hay una fusión con este estilo en muchos artistas, como Rosalía, que está haciendo que oyentes muy jóvenes se interesen por él. 

Maxi: Los palos flamencos están muy bien definidos. La gente a la que le gusta la música comercial de ahora, no sabe realmente si está escuchando unos tangos o una bulería, y nosotros respetamos esa parte. Flamenco pop es una cosa y un cante gitano, otra. Me gusta diferenciarlo porque nosotros diferenciamos el flamenco puro. Entonces si la gente escucha, por ejemplo, Amarrao, y le parece flamenco, yo no digo que no lo sea, pero nosotros lo hacemos con mucho respeto y no nos consideramos ni flamencos ni gitanos.

Irene: Es con lo que nosotros hemos crecido, porque en nuestras casas, igual que en la de nuestros vecinos, se ha escuchado eso y lo tenemos dentro. Es inevitable.

Maxi: Por eso no nos gusta la etiqueta.

“No hacemos flamenco, pero sí tenemos algo que compartimos con los flamencos que conocemos, y es el salvajismo del estilo”

Irene: Este verano nos hemos leído la biografía de Los Chichos y nos hemos dado cuenta de que siempre ha habido una estigmatización hacia el flamenco porque es muy racial. Es muy fuerte que fueran el grupo de la historia de España que más discos no oficiales vendía en España, y que no llegaran a las radios comerciales. Entonces creo que esa barrera, con los grupos actuales, se ha abierto a los oyentes. Que una persona que escuche nuestro Amarrao o, por ejemplo, a Chambao, investigue las influencias de cada uno y terminen llegando a Camarón o a Paco de Lucía, que son figuras muy respetadas internacionalmente, nos parece muy interesante. Nosotros, por ejemplo, hacemos una versión de Las Grecas.

Maxi: Sí, y nuestro aporte, en ese sentido, es poder aportar a ese tipo de grupos flamencos que han estado fuera del foco comercial, una mirada abierta a todos los públicos. Porque, realmente, la gente los escuchaba pero no lo decía.

Irene: Como a Camela.

Maxi: Te puede gustar o no, pero tienes una cinta en tu casa seguro. Busca bien porque la tienes.

Cantáis cosas como “cuando tenga dinero, me compro un chándal nuevo”. ¿Es una estrofa fácil o tiene un trasfondo?

Irene: Ambas. Para mí es la mejor frase del disco y es la más tonta. Nosotros solemos componer improvisando, él toca y empezamos a cantar cosas, y dije: “tío, cuando tenga dinero, me compro un chándal nuevo”. Y tío, es que era verdad. Si me compro un chándal nuevo implica varias cosas: que lo voy a hacer, que muchas veces no tengo dinero para comprarme un chándal -y encima trabajo en una tienda de deportes, así que me toca las narices llevar siempre lo mismo-, y también implica que es una prenda súper cómoda, que permite libertad de movimiento, y que sintetiza muy bien nuestros valores. Yo quiero seguir siendo libre siempre y, si eso implica que me tengo que poner unos tacones altísimos, y un traje que me apriete y me haga ser más delgada, prefiero no llevarlo. Prefiero ir con el chándal del mercadillo que está muy guay. Así que el chándal es metafórico.

“Te quiero a mi lao, amarrao” es el estribillo de uno de los singles. ¿No puede resultar polémico en un momento social en el que se está luchando por la libertad constantemente?

Irene: Es por eso precisamente por la portada de Amarrao se compone de unas esposas en forma de corazón.

Maxi: Y están abiertas… La música también cuenta cosas. Si tú escuchas las letras con la música, vas a ver que el tratamiento es amable. ¿A quién no le gusta que le amarren cariñosamente de la cintura?

Irene: Es que hay varios significados de ‘amarrar’. El otro día nos avisaban que también significaba preso… Pues claro, es que se le puede dar la vuelta, yo también me puedo imaginar a dos viejitos que van amarrados por la calle. Y todo esto tiene que ver también con el chándal: yo quiero que me quieran desde la libertad y yo quiero querer desde que no me fuercen a ello y que me salga solo. Y cuanto más conectada estoy con mis ganas, es cuando más amarrada me tienes.

Es complicado de explicar, pero por eso la música de Maxi hace mucha labor. Está pensado, es lo que mola. La letra parece muy simple, pero yo soy muy friki, le doy la vuelta a todo y cuando canto Amarrao nunca cierro los brazos, sino que los abro. Es simbólico. A mí me gusta mucho Gloria Fuertes y ha sido una de las inspiradoras para este disco. Es muy sarcástica y es curioso, porque está considerada poeta para niños y yo la he vuelto a leer ahora con 26 años, y he visto cosas que no había visto antes. Pues esto es lo mismo, te puede hacer gracia la primera vez y la segunda ver algo totalmente diferente. O no, a lo mejor es una mierda, pero a esto me refiero.

“Si la gente escucha Amarrao y le parece flamenco, yo no digo que no lo sea, pero nosotros lo hacemos con mucho respeto y no nos consideramos ni flamencos ni gitanos”

¿Qué significa ser una “trouble woman pero con swing” en Trouble Woman?

Maxi: Es el mensaje de la mujer fuerte, más que peligrosa. La traducción literal de la canción es problemática o complicada, pero tiene que ver con lo que hablábamos antes, que a pesar de la inseguridad y de los miedos, sales de ese embrollo con swing y con arte, y al final superas los obstáculos porque, en el fondo, eres fuerte. El destino está en tus manos, y lo que vas consiguiendo es cosa tuya, y nadie lo va a hacer por ti. Nadie va a venir a levantarte si no te levantas tú.

Irene: También es un ejemplo de globalización. Yo tuve un ex que era afroamericano y me dijo “eres una trouble woman”. Y dije ostia, qué palabra. Y yo le dije: “sí, pero tengo swing”.

Tú tampoco te quedaste atrás con la respuesta.

Irene: Claro, porque era como… “sabes que en el fondo no soy mala”. El concepto del feminismo se está llevando muchas veces al extremo, y parece que las mujeres somos buenas o malas, y no, yo soy imperfecta, o me veo imperfecta, o me creo imperfecta y a veces la lío, o me han hecho creer eso. Y para mí, eso es una “trouble woman”, una chica que no es perfecta y lo acepta, por lo tanto las cosas no le salen del todo mal. La música de Maxi hace una función buenísima ahí, porque le da un toque humorístico que fluye. Yo no creo que nadie sea malo y menos una chica.

Os habéis criado en Usera y eso se refleja mucho en vuestras canciones. ¿Sweet Barrio es Usera?

Irene: No. El Sweet Barrio es una identidad para nosotros, y Usera es el contexto donde se ha desarrollado todo. Yo vivo al lado del río, al lado de Usera.

Maxi: Yo si vivo allí y siempre hemos ensayado allí.

Irene: El desarrollo del grupo ha sido en Usera, entonces como que a mí el barrio me ha adoptado. Usera es el ejemplo de un barrio común a todo el mundo. Podría ser cualquiera, pero es que nosotros cuando damos un concierto allí, decimos que somos de Usera, cuando tocamos en Ibiza decimos que somos de Ibiza, o sea, que somos de todos lados. Porque para nosotros, Sweet Barrio es la raíz de lo que es un barrio humilde.

Maxi: Un barrio donde la gente se mezcla, intenta progresar, hacer cosas. Las capitales, además, cada vez se deshumanizan más, no hay una frutería, una vecina… Y en los barrios todavía queda esa esencia.

Irene: En cualquiera de ellos.

Maxi: Y también nos referimos a esos barrios que eran muy conflictivos y que ahora están saliendo a flote de alguna manera y se están masificando. En ese cambio, en esa era, es donde nosotros hemos crecido y eso es un poco lo que contamos en las canciones.

Entonces ese ‘dulce barrio’ podría ser el de cualquier persona, rodeado de multiculturalidad y variedad.

Irene: Eso es. Igual que nuestros padres llegaron a nuestros barrios inmigrantes en los 60. Todo parte de esa raíz, porque nosotros hemos crecido con esa cultura, hemos escuchado a Los Chichos. Pero ahora, en vez de cerrarnos a nuestro barrio y punto, hemos absorbido las cosas buenas de nuestros vecinos. Aunque vivas en el barrio de Salamanca, tu vecino colombiano escucha reggeaton, y el de la tienda china está escuchando una música rara que nosotros, en vez de discriminarla, la adaptamos a nuestra vida. Es una mirada simpática y abierta hacia eso.

Sweet Barrio es la raíz de lo que es un barrio humilde: un barrio donde la gente se mezcla, intenta progresar, hacer cosas”

¿Cómo os conocisteis?

Irene: Teníamos amigos en común y los dos hemos sido muy callejeros. Yo, personalmente, siempre he estado cantando en Lavapiés con amigos y con un cajón, haciendo el tonto. Y siempre me decían: “tienes que conocer a Maxi”.

Maxi: Se lo dijeron amigos suyos que también eran amigos míos. Pero justamente ella y yo no nos conocíamos.

Irene: Al final tuvimos una cita musical a ciegas, y la verdad es que empastamos súper bien. Nueve años llevamos ya desde entonces. Han sido los propios amigos y la gente a la que le gusta nuestra música la que nos ha invitado a hacer canciones, y por eso estamos aquí realmente.

En 2016 pusisteis banda sonora a la película Nuestros Amantes de Miguel Ángel Lamata. ¿Fue el comienzo de todo?

Irene: Fue una experiencia inesperada. Todo fue porque estábamos tocando en Siroco para nuestros amigos, se nos acercó el director y nos dijo que quería incluirnos en una peli de bajo presupuesto que iba a dirigir. Al final resultó que no fue de bajo presupuesto, y escuchó un tema que teníamos y le encantó. De repente compartir banda sonora con Bunbury… pues madre mía.

Maxi: Fue un poco la primera piedra.

Irene: Nos motivó un poco, no es la canción que más se parece a Sweet Barrio, pero partir de ahí, yo tuve un poco el coraje de escribir en español, que hasta entonces me costaba mucho.

¿Por qué?

Irene: Aunque todos sepamos inglés, yo pienso en español, y aunque traslade las ideas o el pensamiento muy bien, pues yo pienso que te quiero y yo no te digo ‘i love you’. Así que me parecía que me exponía demasiado, era más fácil que te juzgaran. Pero, sin embargo, creo que ha sido un avance en nosotros. Ahora no hemos perdido el inglés, pero yo me he encaminado hacia la composición en castellano de cabeza por eso, porque me he sentido más valiente de poder hacerlo.

“Yo quiero que me quieran desde la libertad y yo quiero querer desde que no me fuercen a ello y que me salga solo. Y cuanto más conectada estoy con mis ganas, es cuando más amarrada me tienes”

Habláis mucho del miedo en las letras sobre todo del deseo de dejar de tenerlo. ¿Es una constante en vuestra vida?

Maxi: Sí. Irene aquí enfoca su mensaje por ahí, porque lo que cuenta es verdad.

Irene: En mi caso personal, sí. Todas las canciones hablan de la libertad, y lo contrario para mí de la libertad es el miedo, como dice Nina Simone. Yo, realmente, no tengo ninguna cárcel, vivo genial, creo que todos lo tenemos todo en la sociedad en la que vivimos. Pero yo no me considero libre, y creo que mucha gente a mi alrededor no lo es, porque atados a perder cosas, a ese apego y no sé, tengo mucho miedo, cuanto más feliz soy, más miedo tengo. Cuanto más alto estoy, más lejos estoy del suelo y más miedo me da caerme. Y, a veces, una persona que esté en un conflicto de guerra te puede enseñar más y decirte: “es que me puedo morir mañana, estoy viviendo más el momento que tú, me enamoro más porque no tengo nada que perder”. Entonces mi persona se mueve en torno a eso todo el día y Maxi lo complementa. Los dos somos uno.

Antes de empezar en la música, ¿a qué os dedicabais?

Irene: Seguimos dedicándonos… (ríe), Trabajamos los dos en multinacionales. Todavía no hemos dejado de trabajar y no vamos a hacerlo aunque podamos vivir de la música. Yo estoy en una tienda de ropa desde hace unos cuantos años. Pero he estudiado, estudié comunicación audiovisual pero, como estaba muy complicado, y a mí lo que me gusta es la música, pues dije: “pues ya que está todo complicado, lo intento con la música”.

Maxi: Yo trabajo en una empresa de sonido. De hecho, a mí me encanta mezclar las canciones, siempre estoy tocando los botones, por eso me he metido mucho en la producción del disco, para intentar aportar mi visión.

Irene: No las queremos dejar de momento. Queremos tener los pies en la tierra hasta el último momento.

“Que una persona que escuche nuestro Amarrao o, por ejemplo, a Chambao, investigue las influencias de cada uno y terminen llegando a Camarón o a Paco de Lucía, que son figuras muy respetadas internacionalmente, nos parece muy interesante”

En vuestra casa tuvo que sonar fuerte lo de “mamá, quiero ser artista”.

Maxi: Cuando tenía 10 años, me pedí una guitarra española por Reyes y desde entonces han pasado tantas cosas… “Mamá, que me voy a la radio”, “mamá, que voy a salir en una película”… Llega un momento en el que se acostumbran a que es nuestra vida, y poco a poco vas llegando a sitios donde pensabas que nunca ibas a estar. Incluso tu familia, que al principio te decía eso de… “pero qué haces, no duermes, no descansas, te estás dejando la vida con la música”, pues llega un momento en el que te apoya y ve que es algo en lo que estás trabajando de verdad, con honestidad.

Irene: En mi casa, al principio fatal. Yo tengo una hermana bailarina, entonces les ha dado siempre mucho miedo porque el mundo de la danza es muy sacrificado. Fíjate que a mí me metieron en el conservatorio y me sacaron corriendo porque no querían otra dureza militar en casa. Así que me dijeron que tenía que estudiar algo, que ni de coña me quedaba solo con la música. Yo realmente quería estudiar musicología, porque soy una friki de eso, pero me pidieron que buscara algo algo intermedio y desemboqué en comunicación audiovisual. Yo lo odiaba a muerte, tardé ocho años en sacarme la carrera y en realidad no era nada difícil, además de que en el fondo, es muy interesante, pero me costó muchos años entenderlo. Luego hice un proyecto de fin de carrera titulado “Cine quinqui, retrato de una sociedad a través de la música”, y eso me dio una motivación para este disco.

Maxi: Sacó matrícula de honor.

Irene: Sí, yo que siempre he suspendido. Y ahí la vida me dijo: tía… disfrútalo. Entonces no me arrepiento de haber estudiado, incluso tampoco de que mis padres me lo pusieran difícil, porque me ha hecho más fuerte y más firme con lo que quería.

Aparte de vuestras canciones, ¿qué estáis escuchando ahora mismo?

Maxi: Ahora mismo, lo que menos hago, es escuchar mis propias canciones. Me estoy obligando para que cada vez que tenemos que sentarnos a ver cualquier cosa, cogerlo fresco. Siempre he hecho lo contrario, me he empapado de todo lo que he hecho. Estoy empapándome de todo lo que ha sacado El Guincho.

Irene: Yo estoy con la salsa a tope últimamente. Me gusta la identidad, es muy de barrio, todo lo cultural… El concepto, al final, es muy parecido a Sweet Barrio, la salsa se llama salsa porque es un conglomerado de cosas: jazz, soul, rumba cubana, afro…

Sacáis disco después de verano. ¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar aquí?

Maxi: La verdad es que fue complicado, porque teníamos bastantes temas desde que nos juntamos como Sweet Barrio hace dos años, así que primero hubo que hacer una selección donde queríamos que se reflejara la identidad del grupo. Luego estuvimos en la lucha de buscar una producción que encajara con lo que verdaderamente queríamos contar. Parece sencillo, pero tenemos varios estilos que mezclan música de raíz y, al mismo tiempo, querer enfocar todo eso en el siglo XXI, es difícil. Finalmente la persona que lo consiguió fue Campi Campón y estamos muy contentos.

Irene: Campi ha sabido asimilar todo lo que le hemos contado porque somos muy ecléticos. No nos ha quitado identidad, sino que creo que nos la ha reforzado.

 “Cuanto más alto estoy, más lejos estoy del suelo y más miedo me da caerme”

Un camino complicado

Irene: Es que era muy difícil, por eso estábamos cagaos. Y también nos preguntábamos: ¿cómo llevarlo al siglo XXI cuando nosotros no tenemos referencias del siglo XXI? Nuestros amigos se ríen porque dicen: “estos de los 90 para abajo lo saben todo, pero de los 90 para arriba no tienen ni idea”. Somos bastante ignorantes en ese sentido.

Maxi: A ver, nos gusta lo que a todo el mundo, pero no lo solemos escuchar.

Irene: Pero ya te digo, nos ha sabido llevar, reconocemos ahí campanitas de Las Grecas, que son influencias nuestras. Hay sampleos que nos molan y aunque tengan un punto electrónico, a nosotros no nos suenan de esa manera.

Maxi: También es difícil porque estamos acostumbrados a tocar siempre en acústico y con banda. Pero es muy bonito el proceso de encontrarse a gusto en esto y creérselo. Que la gente que te rodea ayude a que todo tenga un sentido y, que lo que tu quieras contar, lo canalice y lo pueda llevar a cabo. Porque también podría ser que no existiera ese modo y siguiéramos en el barrio.

Irene: Hay temas que teníamos desde hace mucho tiempo y se han ido adaptando. Empezamos a grabar como en noviembre, pero no hemos acabado todavía, ahora está al 90%. No está siendo un proceso rápido, pero a fuego lento sabe mejor. Yo creo que este mes ya lo acabamos y después del verano estará todo.

Maxi: Después de dos años de trabajo, ahora la ilusión es nuestro motor de subsistencia.

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