21 abril, 2017. Por

Supervivientes 2017

“Nombre de la edición: Aburrimiento en Honduras”. Una columna de José Confuso
Supervivientes 2017

Lo peor que le puede pasar a una gala televisiva es no tener nada que comentar. A una gala y un cronista, por supuesto. ¡Que aquí hay dinero en juego, oigan! “Estoy muy excitado”, le soltó Eliad Cohen -modelo, organizador de fiestas, estrella de Instagram y demás gilipolleces que ahora resulta que son profesiones- a un de verdad excitadísimo Jorge Javier. Al pobre, casi se le caen los pantalones al suelo. La concatenación de pseudo chistes verdes entre presentador y concursante -aunque este tampoco pillase mucho el juego- fue lo más interesante del estreno de Supervivientes. Cuatro horas de directo -esto solo pasa en España- donde asistimos a los tradicionales saltos del helicóptero. El problema vino cuando todos lo hicieron bien y sin quejarse. Así no hay forma de remontar un show. ¿Tanto les costaba haberse roto una costilla? ¡Malajes!

«La concatenación de pseudo chistes verdes entre presentador y concursantes fue lo más interesante del estreno de Supervivientes«

Supervivientes funciona solo. Es un formato engrasado, con una estructura muy definida, un casting que suele ir a favor de obra -al menos, los primeros días- y un elenco de presentadores capaces de sostener con soltura la falta de ritmo propia de estas galas tan eternas. ¿Qué sería de nosotros, pobres televidentes, si tuviésemos que asistir a treinta y cinco saltos idénticos sin contar con los chascarrillos de Jorge Javier en segundo plano? Todo lo que pesa del presentador en Gran Hermano, un formato mucho más encorsetado, con guiones eternos y muy pocos momentos para la improvisación, brilla con luz propia en Supervivientes. “Te tapa los pezones, que en ti, son una tentación”, le dijo a Juan Miguel, ex de Karina, mientras este se los retorcía en directo. Esto con Jesús Vázquez no pasaba. O peor, con Christian Gálvez.

«Chabelita tuvo la decencia de tragarse un puñado de tierra para que nos entretuviésemos. Esta vez nos tocó conformarnos con los pezones de un peluquero»

Lástima que tanta prisa por llenar el hueco de GH VIP nos haya dejado con la sensación de piloto automático. Nada de lo que vimos anoche causó una mínima sorpresa. Ya sabíamos que los concursantes estarían divididos en varios grupos, unos con privilegios, otros sin ellos. Ya sabíamos que las parejas terminarían juntas -¿cómo van a separar a Alba Carrillo y su madre si son el pilar fundamental de la edición?-. Ya sabíamos que la prueba consistiría en tirarse al barro. Ya sabíamos que Leticia Sabater canta tirando a mal y que Las Mellis -esa pareja, ese concepto- son un único ser. Incluso sabíamos que Bigote Arrocet iba a ser una decepción integral. Ya lo sabíamos todo. Y así, uno no aguanta en pijama hasta las dos de la madrugada por muchos chistes que se saque Jorge Javier de la manga.

«Anoche, desaprovecharon una oportunidad de oro. Hicieron audiencia, sí, muy buena de hecho, pero no hicieron televisión»

Como le ocurre a casi todos los realities de la casa, Supervivientes necesita un meneo. Algo que les haga despertar y, de rebote, consiga devolvernos aquella sensación de estar asistiendo a la mayor aventura jamás contada. Menos ‘tronistas’ y más guionistas. De poco sirve contar con un casting potente -tampoco es que sea el caso- si no se ofrece nada nuevo al espectador. Anoche, desaprovecharon una oportunidad de oro. Hicieron audiencia, sí, muy buena de hecho, pero no hicieron televisión. Con ese muro constante tropezamos. El aburrimiento se ha instalado en nuestro día a día y no hay quién se lo quite de encima. Al menos, Chabelita tuvo la decencia de tragarse un puñado de tierra para que nos entretuviésemos. Esta vez nos tocó conformarnos con los pezones de un peluquero. Desde luego, no tiene color.

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