22 marzo, 2018. Por

Steinkamp / DIS

Pantallas, flores colgantes y pulgares en estas dos exposiciones gratuitas en Madrid
Steinkamp / DIS

Si antes habíamos recomendado dos exposiciones que hacían referencia a la reivindicación de la figura de la mujer como artista en la historia del arte esta vez recomendamos -YAS, de nuevo gratis- dos exposiciones que permiten una nueva visión sobre los entornos digitales con los que nos relacionamos todos los días.

La naturaleza simulada con la que Jennifer Steinkamp reclama nuestra atención creando un entorno inmersivo en Naturaleza digital, que se puede ver en el Espacio Fundación Telefónica hasta el 22 de abril, donde el espacio está separado por amplios paneles alrededor de los que puedes circular y pararte a mirar los bamboleos hipnóticos de las ramas de los árboles.

«Recreando ese universo digital que imita la naturaleza se pueden establecer no sólo las típicas relaciones entre cables y raíces, sino que se busca la experimentación de las sensaciones  producidas durante la contemplación de esas imágenes»

Su obra recorre desde la utilización de elementos geométricos o frutales -a la manera de los artistas del arte óptico, consiguiendo una alteración del espacio dándonos una sensación de ocuparla-, como en Ovarios, en la que recrea un bodegón en movimiento utilizando la animación digital, hasta el desarrollo de motivos y formas derivadas del mundo vegetal (Dervish) donde imagina el baile de las ramas de los árboles movidas por el viento como una exaltación de los sentidos y la comunión con lo divino que realizan los bailarines místicos sufís; o (Garlands) donde las guirnaldas de flores se balancean creando un no-ritmo, en el que la gente aprovechaba para “sumergirse” directamente en el baile simulado haciéndose selfies o grabando a sus amigos a través de la imagen en movimiento.

Será precisamente en esa extrañeza producida del ritmo (no-natural) de las flores y ramas donde todo el proyecto artístico de Jennifer fije su mirada, ya que recreando ese universo digital que imita la naturaleza se pueden establecer no sólo las típicas relaciones entre -se me ocurren- cables y raíces, sino que se busca la experimentación de las sensaciones producidas durante la contemplación de esas imágenes.

Será en nuestra relación con ellas y con la información en la que se basará nuestra segunda expo recomendada:

«Se dice que en la peculiaridad del pulgar despega la fuerza de la especie», apunta Sergio González Rodriguez en uno de sus ensayos más conocidos. Pulgares que escriben y se deslizan es el titulo con el que se presenta el nuevo proyecto del colectivo norteamericano DIS inaugurado en La Casa Encendida.

Esta referencia a la digitalidad viene a cuento del acto de reflexión sobre la sobreabundancia de información en nuestra sociedad y nuestra relación de ordenar, procesar esta profusión de hipervinculos.

Esta referida sobreabundancia nos satura impidiéndonos no sólo pensar adecuadamente, sino que nos remite a un estado de consciencia-inconsciencia en el que no nos vemos capaces de poder atender correctamente a las demandas de la información, consumiendo información más a través del dígito, del pulgar, que mediante los mecanismos mentales: la reducción del pensamiento a la inmediatez del gesto.

«La misma exposición remite continuamente a su carácter efímero y a la posibilidad de esa reproducción de imágenes en cualquier lugar, ya no remitiéndose al ámbito de exclusividad que sugieren la mayoría de las exposiciones»

En este contexto, la exposición -por lo demás, bastante parca- se resume mediante unas imágenes más o menos claras y la proyección de unos vídeos que tocan temas como el dinero, la arquitectura y el género relacionándolos con el concepto del poder, que siguen en la linea de las primeras publicaciones del colectivo, cuando era por aquel entonces una revista online: DISmagazine.

La importancia de la muestra reside en su carácter efímero -al igual que la de Jennifer Steinkamp– y a la posibilidad de reproducción de imágenes en cualquier lugar, no estando ya recluidas al ámbito de exclusividad que requieren la mayoría de las exposiciones.

Steinkamp / DIS