16 julio, 2018. Por

Stanislaw Lem

Las leyes de la probabilidad y el caos son las que rigen la vida (y ‘La fiebre del heno’)
Stanislaw Lem

Años antes de que Ridley Scott impregnara la trama de Blade Runner (1982) de un reconocible aroma a novela negra, el escritor polaco Stanislaw Lem ya se había dado cuenta de que ese genero casa a la perfección con la ciencia ficción. La novela en la que Scott basó el legendario largometraje, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? era una relato ciberpunk en el que Philip K. Dick no había insertado el menor atisbo del género policiaco. Quizá Scott ya había leído a Lem cuando se lanzó al rodaje de su icónica cinta y Dick no cuando escribió su relato. Algo entendible en buena parte si se considera la dificultad que hace casi 30 años tenían los libros de atravesar continentes, sobre todo en comparación con la facilidad con la que viajan ahora.

Lo cierto es que Lem siempre fue un ‘bicho raro’ en el género de la ciencia-ficción. Desde su procedencia, la Polonia comunista, hasta su forma de entender el género. Su contexto siempre fue otro. Lem, del que Anthony Burgess dijo que era “uno de los escritores más inteligentes que ha dado el siglo XX” nunca tuvo que enfrentarse al desprecio a un género que en Occidente era relegado a lo que se consideraba mero entretenimiento banal, baja cultura, literatura de quiosco para niños y adolescentes.

Lem, que insertaba un cierto tono humorístico en sus letras, no solía ser, sin embargo, optimista con respecto a la condición humana. Las leyes de la probabilidad y el caos son las que rigen la vida, ese parece ser el mensaje de algunos de sus libros, y La fiebre del heno es uno de ellos”

Lo que vertebraba los relatos y las novelas de Lem eran cuestiones mayore: filosofía, metafísica, ética, matemáticas, dialéctica de clase. Eso le granjearía encontronazos con las autoridades y son muchos los expertos que se apuntan a la teoría de que Lem no habría escrito ciencia-ficción, sino otro género más ‘cuerdo’, de no haber tenido que vérselas con los censores. Solaris (1961), su obra más célebre y en la que ahondaba en varios de estos temas, llevada tres veces al cine (por Nikolái Nirenburg en 1968, Andréi Tarkovski en 1972 y Steven Soderbergh en 2002), fue publicada en 1961. Esto significa que, 11 años antes, Ray Bradbury ya había descrito con maestría y reflexiones filosóficas en Crónicas marcianas el contacto con seres extraterrestres. Por eso no sería justo decir que Lem fue el pionero, sí que elevó el género hasta lugares desconocidos hasta su llegada.

Portada del libro

La fiebre del heno se publicó en 1976, titulada originalmente La rinitis, en referencia a la afección conocida como rinitis alérgica. La trama gira en torno a una serie de suicidios y accidentes ocurridos en un balneario de Nápoles, sucesos que hacen que una agencia de detectives contrate a un astronauta norteamericano ya retirado para resolverlos. Todas las víctimas tienen un perfil común, el más llamativo de ellos el padecimiento de una fuerte alergia. Lem, que insertaba un cierto tono humorístico en sus letras, no solía ser, sin embargo, optimista con respecto a la condición humana. Las leyes de la probabilidad y el caos son las que rigen la vida, ese parece ser el mensaje de algunos de sus libros, y La fiebre del heno es uno de ellos.

Asoma el debate entre seguridad y libertad, también, pero todo parece girar en torno a las respuestas que somos capaces de dar a la pregunta de si somos el resultado de una ecuación, la respuesta a la realidad que un potente ordenador podría cuantificar valorando nuestros pensamientos y acciones. La fiebre del heno tiene mucho de Retorno de las estrellas (1961), quizá el mayor acercamiento de Lem a lo que podríamos llamar un género psicológico. Hay en ella elementos delatores de la que es una sabia y exquisita madurez, incluso aunque no hablemos de la más ambiciosa obra del autor de Ciberiada (1965).

La fiebre del heno es un placer para los amantes de un autor prolífico, que en España se ha ido recuperando poco. Un lujo para los amantes del género y un placer para cualquier lector”

Traducida por Pilar Giralt y Jadwiga Maurizio y con el habitual buen trato de la editorial Impedimenta, La fiebre del heno es un placer para los amantes de un autor prolífico, que en España se ha ido recuperando poco. Las antiguas ediciones de Bruguera, distribuidas en España de forma irregular, han ido dejando paso a sucesivas oleadas de otras editoriales, como Minotauro o Alianza, e Impedimenta ha sido la que se ha lanzado a ese relanzamiento de numerosos títulos en la última década. El hospital de la transfiguración (2008) dio el pistoletazo de salida a muchas otras, como Magnitud imaginaria (2010), Golem XIV (2012), Astronautas (2016) o La voz de su amo (2017). Un lujo para los amantes del género y un placer para cualquier lector.

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