7 marzo, 2018. Por

Sorolla y la moda

Sorolla en plan coolhunter para que prime el hedonismo al pensamiento
Sorolla y la moda

El mero decorativismo es un gusto de lo más conservador, el mismo que lleva a la ex mujer de Wert a criticar a Santiago Sierra por su “nula calidad artística” y el mismo motor que ha censurado su obra en ARCO simple y llanamente por ser de carácter político y polémico. Es un hecho que en nuestra supuesta democracia hay presos políticos y una persecución tanto ideológica como cultural. Censurar la obra de un artista es una muestra de ello.

Otra prueba es la alarmante proliferación de exposiciones dedicadas a las artes decorativas y la moda bajo cualquier pretexto. Básicamente, lo importante es que la fachada esté bonita aunque el edificio se esté cayendo. Estamos ante la forma venciendo de manera aplastante al contenido y una buena manera de hacerlo es apadrinando a la hija bastarda del capitalismo y la vanidad; no hay más que ver la programación de los últimos tiempos en algunos de nuestros más importantes museos: Vogue like a painting, Sonia Delaunay, Manolo Blahnik, Audrey Hepburn, Rei Kawakubo, Balenciaga y, ahora, Sorolla como coolhunter, son claros ejemplos del potente protagonismo que está ganando la moda en el panorama cultural.

“Sería injusto afirmar que Sorolla no tuvo su época de pintura social en la que sus protagonistas eran trabajadores, prostitutas, pescadores y niños. Pero el éxito lo catapultó a retratar a la burguesía: sus modos, sus hábitos y sus distinguidas vestimentas ondeando al viento”

Cierto es que Sorolla fue un fantástico pintor e iluminista, cuyo tratamiento de la luz es comparable, aunque de modo diverso, al de Velázquez y, en este sentido, Sorolla y la moda, con más de setenta pinturas, vestidos y complementos de la época y que podrá verse hasta el próximo 27 de mayo en el Thyssen, tiene en cuenta ese talento, al mismo tiempo que pone de manifiesto el carácter del pintor valenciano como testigo directo y narrador de las importantes transformaciones que arrastró tras de sí el cambio de siglo.

Uno de esos cambios es el rol de la mujer, que dejó de vestirse para los demás para empezar a vestirse para sí misma, eso sí, hablamos de las mujeres de la alta burguesía y la aristocracia, de las mujeres de élite. La muestra hace hincapié en los retratos a su mujer Clotilde, de personalidades de la alta sociedad y por supuesto en sus míticas mujeres de vestidos vaporosos, velos, gasas, pamelas y parasoles junto al mar. Sería injusto afirmar que Sorolla no tuvo su época de pintura social en la que sus protagonistas eran trabajadores, prostitutas, pescadores y niños. Pero el éxito lo catapultó a retratar a la burguesía: sus modos, sus hábitos y sus distinguidas vestimentas ondeando al viento.

“En un país como España, tan huérfano de grandes exposiciones históricas, pero tan cargado de represión y autocensura, las exposiciones sobre joyas y trapos se elevan como narcóticos dispuestos a aniquilar toda libertad de pensamiento”

Son estos vestidos y complementos el leivmotiv de esta exhibición, que sitúa a Sorolla como cronista de la elegancia en un intento de justificar que la moda tenga una función en los museos, que tenga algo que expresar más allá de su interés como vestido. Pero, ¿lo tiene? La historia del arte nace en la Edad Contemporánea de mano de los hombres, que son precisamente esa mitad de la humanidad que decidió renunciar a la indumentaria y convertirla en un atributo femenino, en “cosas de mujeres” con la carga patriarcal que eso conlleva.

Por otro lado, existe una gran diferencia entre el auténtico patrimonio cultural y el reciente interés de poner en valor la moda dándole entrada en galerías y museos. En la actualidad, no hay gran museo sin gran público, ni prestigio sin el deseo de las masas. Sin embargo, en un país como España, tan huérfano de grandes exposiciones históricas, pero tan cargado de represión y autocensura, las exposiciones sobre joyas y trapos se elevan como narcóticos dispuestos a aniquilar toda libertad de pensamiento, en una progresiva deshumanización del público que acaba sepultando, de una vez por todas, la aventura revolucionaria en favor del hedonismo que nos venden como cultura.

Sorolla y la moda