26 abril, 2018. Por

Soledad Pastorutti

La última embajadora de masas del folklore argentino hace las Españas
Soledad Pastorutti

En la década en la que triunfaban las boys band y los girl groups en territorio pop; las divas de manufactura soul-pop; y el grunge en el rock de masas; una adolescente de 15 años de un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fé, en Argentina, batía todos los records habidos y por haber, cantando música folclórica de su país, con un single que rendía homenaje, culto y pleitesía a Atahualpa Yupanqui.

Nunca antes había pasado, pero Soledad Pastorutti, o La Sole en aquel momento, se convertiría en el último gran icono de la renovación del folklore argento (la zamba, la chacarera, la tonada…) a escala masiva. Aquella niña se convertiría en, como ella misma dice, “una escarapela viviente”, algo así como la imagen proyectada de la representación de la Argentina en una artista en proceso de desarrollo.

Pero esa niña crecería, pasaría por momentos de crisis, reflexión y autoanálisis, haría televisión, grabaría en otros países, cantaría para el Papa Francisco o colaborado con artistas universales; pero nunca abandonaría el folklore. Han pasado 22 años desde su debut, y ahora se enfrenta a la gira más ambiciosa por salas y teatros españoles: dos semanas de conciertos que la llevarán por Fuengirola (jueves 26 de abril en el Recinto Ferial), Sevilla (el sábado 28 en el Teatro de Triana), Úbeda (el domingo 29 en el Teatro Ideal Cinema), Murcia (el lunes 30 en el Teatro Romea), Alicante (el miércoles 2 de mayo en la Centro Cultural Las Cigarreras), Barcelona (el viernes 4 en l’Aliança del Poblenou), Palma de Mallorca (el sábado 5 en el Trui Teatre) y Madrid (el martes 8 en el Teatro Rialto).

Hablamos con Soledad antes de salir a la carretera sobre estos más de veinte años de carrera, pero también sobre responsabilidad, política, folklore, prejuicios y futuro.

“Cuando estalló el éxito, me interesaba mucho más salir a bailar con mis amigas, ir a los cumpleaños de 15, ver qué me ponía para salir el fin de semana… en vez de ser una figura pública. Además, ser una figura pública que viene del folclore tampoco era demasiado vistoso entre los adolescentes, no era ‘cool’”

Llevas un par de años girando por todo el mundo con el gancho de los más de 20 años (este año se cumplen 22, de hecho) desde tu debut. No sé si queda algo de aquella Soledad adolescente e incluso preadolescente, aquella que dijiste que se aprendía casi a escondidas canciones de Serrat en la guitarra. ¿Te ves en aquella Soledad que no tenía ni idea lo que acabaría pasando?

Sí, eso está en mí. Creo que, de hecho, me dediqué a la música por esas circunstancias. Eso ocurría en el auto de mi papá cuando él dormía la siesta: yo me subía al coche y escuchaba los cassettes que tenía ahí. Iba a comprarme golosinas en un kiosko que habían abierto ahí; tenía una especie de “cuenta corriente” ahí donde me apuntaban lo que me compraba; y mientras me las comía, me subía al coche y escuchaba a Serrat y artistas de folclore argentino, que fueron quienes más me influyeron.

Después, de ahí a hacerse cantante hay un abismo: hay mucha gente que escucha música y no es cantante. Pero yo empecé a tocar la guitarra, a acompañarme cantando mientras tocaba, a cantar en los actos de la escuela, a pedirme los amigos de mi papá que les cante cuando venían a casa… y así empezó a formarse todo.

¿Sentiste en algún momento que tuviste una infancia interrumpida, de acelerar los procesos de madurez? De sentir que te perdiste cosas, aunque ganaste otras.

Es que cuando uno elige (aunque bueno, quizá en mi caso no fue una elección mía tan clara, sino más una apuesta y una convicción de mi papá), indefectiblemente está dejando otras opciones de lado. Yo no tuve la sensación de que me perdí muchas cosas. Quizás de la adolescencia un poco sí. Yo empecé a cantar con ocho años y lo hacíamos de una manera más relajada: era como un hobby familiar, y si un día no quería ir, no iba; no había ningún contrato firmado. Pero cuando llegó el éxito a los 15 años sí que tenía que cumplir, y ahí la cosa se puso más difícil.

Yo no estaba preparada artística ni psicológicamente ni físicamente para todo eso. Ya había grabado un casete de manera independiente, pero no era lo mismo: cuando llega el éxito nunca estás preparado para afrontarlo. Y me costó un poco sobrellevar esa parte de mi vida: cuando estalló mi éxito, me interesaba mucho más salir a bailar con mis amigas, ir a los cumpleaños de 15, ver qué me ponía para salir el fin de semana… en vez de ser una figura pública. Además, ser una figura pública que viene del folclore tampoco era demasiado vistoso entre los adolescentes, no era “cool”.

“Los primeros años de mi carrera los viví como si se fuera a acabar en cualquier momento: aprovechábamos en aquel momento con la idea de que estábamos pasando por un buen momento, pero que se iba a terminar”

¿Tuviste que batallar a nivel de opinión pública contra la idea de que eras una especie de “producto prefabricado”, esa imagen que hay de que eras una cantante de folclore para adolescentes?

Sí, completamente. Para mucha gente yo arranqué con éxito. No te digo que no, teniendo en cuenta que hice el boom con 15 años, que era muy joven; pero yo llevaba desde los ocho años haciendo música. Pero sí que todo el mundo decía que era “un producto prefabricado por Sony”

“Yo nací como artista popular: de cara al público sigo teniendo, de algún modo, esa idea de que soy un “producto comercial” creado por una discográfica”

Esa idea de “a ver cuánto dura”, ¿no?

Sí. Y también podía haber pasado: podría haber durado uno o dos discos y a los 17 o 18 años desaparecer del mapa o perder interés mediático y comercial. Yo los primeros años de mi carrera los viví como si se fuera a acabar en cualquier momento. En aquel momento no teníamos casa propia, la compartíamos con mi abuela, y con el dinero que entró al principio compramos una casa. Y estábamos aprovechando lo que estábamos viviendo a nivel familiar, pero con un razonamiento muy lógico, del “acá y ahora”; con la idea de que estábamos pasando por un buen momento, pero que en algún momento se iba a terminar.

Pero cuando cumplí diez años de carrera desde la publicación de Poncho al viento, fue quizás el momento más de meseta, más bisagra. Y ahí tomé la decisión de seguir cantando: formo una oficina de producción propia, me separo de mi anterior representante y padrino artístico [César Isella] y empiezo a gestionar mi carrera. Decido seguir con Sony; pero es un momento en el que decido ser cantante y ser lo que soy ahora.

¿Pasaste por ese momento de que sentías que el folclore te había elegido a ti, pero te faltaba elegir a ti al folklore?

Sí, totalmente, sos clarísimo en eso. Yo no fui ni más ni menos que una consecuencia de lo que mis papás me inculcaron: en mi casa no se escuchaba otra cosa que folclore argentino o Serrat, no se salía de ahí. Y lo digo con mucho orgullo: son dos influencias que incluso ahora, con 36 años, me siguen pareciendo magistrales y que forman parte de mi educación sentimental y cultural. Pero sí que en aquella época que te menciono, cuando llevaba diez años de carrera, pasé por una especie de “adolescencia musical”: empecé a coquetear con otros ritmos, a hacer mezclas, a escribir mis canciones… Y en esa búsqueda probablemente metí la pata más de una vez. En ese momento y con la edad que tenía estaba bien; pero hoy no lo volvería a hacer: fue parte del camino nada más.

Ya hoy me quedo con el folklore, pero no desde la comodidad: me parece importante que el folklore vaya acoplándose a los tiempos en los que vivimos, a los nuevos contextos. El folklore necesita sí o sí representar al ser humano hoy, si no dejaría de ser la música que nos representa.

“El folklore debe ir acoplándose a los tiempos en los que vivimos. El folklore necesita sí o sí representar al ser humano hoy, si no dejaría de ser la música que nos representa”

Aquel disco que hiciste con Emilio Estefan, Yo sí quiero a mi país (Sony Music, 2000), recibió críticas muy duras. Pero fue un acercamiento al género latino que también hicieron otros compañeros de tu generación, como Abel Pintos, y no recibió esas críticas…

Fue distinto. Yo fui como “la primera”, y entonces lo sufrí un poco más. En mi caso, cuando un artista llega a un punto de popularidad tan extremo como el que viví yo aquellos primeros años, yo me sentía como una “escarapela viviente” [NdeR: una insignia que en Argentina se colocan para celebrar las “fiestas nacionales”, de la Independencia y la Revolución de Mayo]. Creo el pueblo argentino me eligió como una especie de reacción a la globalización que se estaba viviendo en el mundo. Y que esa “escarapela viviente” se haya ido justo a Miami a grabar su cuarto disco, y que encima le ponga Yo sí quiero a mi país, mucha gente lo sintió como una ofensa.

Yo no lo veo mal: creo que la música no tiene fronteras, y yo no iba a dejar de ser quién era, grabe en Miami, en Arequito [NdeR: el nombre del pueblo de donde procede, en la provincia de Santa Fé] o en Madrid, pero siempre seguiré siendo Soledad. Quizá en aquel momento no tuve la cintura ni el discurso para poder defender el disco: me asusté mucho, di un paso atrás y fue un momento difícil.

A nivel internacional no hay otro referente del folklore argentino que tenga tu alcance. ¿Te sientes una especie de representante diplomática de Argentina? Con una labor cultural, pero casi institucional, incluso.

(Ríe) Algunos me ponen esa presión, pero sería demasiado por mi parte sentir que me siento así. Sobre todo, porque siento que, para opinar sobre mi país con conocimiento de causa, debería sr una persona mucho más preparada: yo me dedico a cantar y a elegir las canciones que me gustan. Los argentinos tenemos muchas expresiones musicales que podrían ser considerados folklore: el rock argentino, por ejemplo, tiene una identidad propia; la música de trova de los cantautores; incluso la cumbia, si se quiere, tiene un componente muy folclórico.

Lo que sí creo es que nos cuesta exportar artistas. No sé bien por qué: quizá el público argentino es muy generoso y nos brinda una situación de comodidad en el propio país. Cada vez que viajo a otro país los periodistas mismos me dicen que el folklore no existe en su propio país; y en Argentina sí que hay cierta autosuficiencia, un mercado interno bastante armado.

“Yo me sentía como una “escarapela viviente”: el pueblo argentino me eligió como una especie de reacción a la globalización que se estaba viviendo en el mundo. Y que me fuera a grabar a Miami mi cuarto disco lo sintieron como una ofensa”

¿Dirías que cantar música folclórica, con las connotaciones que tiene, es una manera de posicionarte políticamente, de acercarte a determinado discurso estético o ideológico?

Si yo fuera una cantante folclórica de los años ’60 o ’70, en un contexto y una situación tan diferente a la de ahora, te diría que sí. Pero la circunstancia cuando aparecí yo era diferente. De hecho, nos han criticado mucho por la supuesta falta de compromiso que tenemos los artistas de mi generación. Yo, cuando elijo las canciones que quiero cantar, me gusta contar historias, e intento no ponerme del lado ni del juez ni del que señala: primero, porque me considero una persona no tan preparada para ponerme en ese lugar; y luego, porque me gusta cantar canciones que hablan de realidades.

El folklore no puede obviar lo que ocurre en la sociedad; pero si tengo que elegir entre canciones que te cuentan la historia de alguien, prefiero elegir aquellas que lo hacen sin juzgar a nadie: simplemente ser como un medio entre esa canción y quien la escucha.

“A los artistas de mi generación se nos han criticado mucho por la supuesta falta de compromiso que tenemos”

Dijiste que te parece importante que los músicos argentinos partan desde la raíz, tengan conocimiento de cuál es la música de la tierra. Ahora mismo es difícil imaginarse a un chaval de 15 años cantando música folclórica, o sabiendo quiénes eran Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa. ¿Cómo ves el futuro del folclore?

Cuando yo iba a la escuela estudiábamos la historia, y de ahí estudiábamos la cultura y la música de los lugares que estudiábamos, tanto a escala regional como a escala federal y, luego, mundial. Y me parecía súper interesante. Creo que la gente de mi generación tiene un conocimiento del lugar donde nació y se desarrolló un cariño muy especial. Yo siento que no se puede querer lo que no se conoce. Y con el folclore, el tango y los géneros tan autóctonos de Argentina creo que está pasando eso: hay mucho desconocimiento general.

Pero también admito que el folklore, como género musical, se ha quedado en otros tiempos, un poco antiguo; y por eso creo que es necesario traer canciones que traigan realidades que hoy ocurren, y tomarle el pulso a la realidad. Quizá el pulso de la realidad de ahora la tienen otros géneros como el trap, por ejemplo. Hay que trabajar; pero sí que me parece muy bueno conocer tu lugar y tu música: aunque quizá por edad no conectes en determinado momento, va a haber un momento en el que lo vas a hacer, te va a salir por algún lado.

¿Ves relevos? Quizá los últimos iconos del folklore argentino sois tú, Abel Pintos y Luciano Pereyra; y aunque haya habido algunos renovadores del folclore, a una gran escala popular como la que tuvisteis vosotros no ha aparecido ninguno.

Hay pocos relevos en todos los géneros, yo creo. Y no porque no haya artistas: hay muchos y muy buenos. Pero esta posibilidad que dieron las redes sociales de que todos nos demos a conocer casi con la misma vara de medir también ha dificultado las cosas: hay más protagonistas que gente que quiere aplaudir y escuchar, y es un poco complicado y hay que ser más inteligente para sobresalir. Probablemente ya no existan los “relevos naturales”.

En Argentina se dice que yo soy el relevo de Mercedes Sosa; y en realidad desde que ella salió hasta que yo salí pasaron como treinta años o más. Como también puede pasar de Maradona a Messi (risas). Yo no sé si en algún momento habrá una “nueva Soledad”. Creo que si hay alguien que aparece no será relevo ni nada: será una nueva artista con códigos suyos haciendo suyo el folklore, y siendo elegida por la gente desde un lugar diferente al que me eligieron a mí.

 “El folklore, como género musical, se ha quedado un poco antiguo: es necesario traer canciones que tomen el pulso a la realidad. Quizá el pulso de la realidad de ahora la tienen otros géneros como el trap”

¿Crees que para construir un folklore nuevo hay que empaparse de otras músicas? Tú has colaborado con artistas de la cultura rock, pero también con artistas de la talla de Santana, Carlos Vives, Franco de Vita

No necesariamente; pero si uno quiere generar un mensaje universal, puedes hacerlo de la manera más pura (aquello de “pinta tu aldea y pintarás el mundo”); pero también lo podés hacer acercándote a esa idea de “cultura globalizada”. Yo creo que, en tanto en cuanto no se pierda la esencia de lo que querés decir, todo es válido. Pero no necesariamente tenés que fusionar. En mi caso, a mí me gustaría poder hacer las dos cosas. Pero, si voy a hacer fusión, no me gustaría que se quedase a mitad de camino: me gustaría que se entienda lo que quise hacer, que es lo que me parece que todavía no he logrado.

Creo que todavía estoy en búsqueda de la verdadera identidad de Soledad, más allá del estilo de mi manera de interpretar o de la identidad vocal que pueda tener (que sí que creo que la tengo): pero que cuando escuchas el acordeón, la guitarra o los giros de las canciones te des cuenta de que se trata de una canción de Soledad. Sé que es algo que nos va a llevar muchos años. Probablemente me muera y no lo logre (ríe).

Un acercamiento a esa idea de fusión ha sido Raíz (Sony Music, 2014), el disco que hicisteis a tres tú, Lila Downs y la Niña Pastori, por el que ganasteis un Grammy y recibisteis críticas muy buenas.

Ahí estaba cobijada bajo el poncho de dos compañeras que ya venían con mejor reputación que yo. Yo nací como artista popular: de cara al público sigo teniendo, de algún modo, esa idea de que soy un “producto comercial” creado por una discográfica. Es un camino a la inversa que el de Lila, por ejemplo: ella empezó siendo una artista más de culto y luego fue ganando más popularidad en circuitos comerciales. Quizás tengo más que ver con la Niña Pastori, pero son raíces diferentes, también. Y ese disco lo que intentó fue brindarles a tres artistas de raíz un espacio más privilegiado.

Ese disco se nos ocurre a Afo Verde [NdeR: Presidente de Sony Music en Argentina] y a mí, pensando en cuál sería el camino a seguir para una artista de raíz. Yo puedo venir a España y decir: “hola, qué tal, soy Soledad y hago música folclórica de Argentina”. Mucha gente no identificará bien lo que es la “música folclórica argentina”, no suena interesante ni atractivo. Nosotros buscábamos con ese disco atraer la música de raíz de Argentina, España y México a esos otros contextos que no conocen bien las tradiciones de los otros. Fue una estrategia, pero también un experimento muy bueno.

“En Argentina la gente me quiere más por ese personaje que se supone que compongo, esa especie de “hija, hermana y nieta de Argentina”, que por lo que soy musicalmente hablando”

¿Crees que hay sinergias aprovechables, puntos comunes, entre las músicas folclóricas hispanoamericanas?

Lo que pasa en el caso de la música folklórica argentina es que tiene muchas influencias de fuera. Cosas propias no sabemos bien qué hay: sabemos bien poco qué ha pasado antes de la conquista de los territorios habitados por los nativos argentinos. La música autóctona era, más que nada, rítmica: el imperio que más riqueza dejó fue el incaico, que era el más cercano. Del resto quedaron pocas cosas con tanta presencia cultural. Luego, se introdujo la guitarra, el acordeón, el bombo legüero…

Y sí que creo que tiene que ver el folclore argentino con muchos otros folclores. Estoy casi segura de que la chacarera comparte muchas cadencias con el flamenco: la Niña Pastori me decía que “cantar por tangos” tiene mucho de los giros de la chacarera. No podemos negar todo eso que existen.

¿Sigues sintiendo que te falta tener el respeto de la crítica y de parte del público?

Con el tiempo han ido cambiando las cosas: cuando tienes una carrera de más de 20 años, las cosas cambian, necesariamente. Pero fue un tema complicado: de esperar, de aguantar, de no contestar…

¿Te mordiste la lengua muchas veces?

Es que los primeros años era muy inocente, y ahora cada vez que leo alguna nota de mis primeros años y veo las cosas que decían de una niña o adolescente que salió de un pueblo a cantar… Pero es como todo: la historia la cuentan personas individuales, aunque representen a un medio; y esas opiniones, como las personas, pueden cambiar.

“Todavía estoy en búsqueda de la verdadera identidad de Soledad: sé que es algo que nos va a llevar muchos años. Probablemente me muera y no lo logre”

Hubo una etiqueta que dijiste que es con la que te definen muchos de los que te critican: “el multitarget”, también por haber sido actriz y presentadora. ¿Crees que hubo un momento que se descentró la imagen de la Soledad artista o cantante?

Es que yo estoy descentrada desde mis comienzos: en Argentina, la gente me quiere más por ese personaje que se supone que compongo, esa especie de “hija, hermana y nieta de Argentina”, que por lo que soy musicalmente hablando. Todo el mundo sabe quién soy, sabe cosas de las que canto, sabe que revoleo el poncho; pero de ahí a que todo el mundo te compre un disco, sepa más sobre tu carrera y tu evolución, hay mucha diferencia.

El “multitarget” se da por eso: soy de las personas que se supone que caen bien y traspasan la pantalla, y es algo que me encanta y es un logro no mío, sino que viene conmigo sin saber bien por qué; pero yo ahora quiero ir por lo otro, y es un desafío muy grande. A lo mejor eso que pretendo tener no es lo mío, y solo consigo lo que ya tengo, pero a lo mejor no. Y voy a por ello.

“No fui ni más ni menos que una consecuencia de lo que mis papás me inculcaron: en mi casa no se escuchaba otra cosa que folclore argentino o Serrat

Das más de cien conciertos al año desde que empezaste. Conoces la República Federal (resalto esta palabra) de Argentina casi mejor que ningún artista surgido en las últimas décadas. ¿Sientes que tienes una especie de responsabilidad de divulgadora?

En cuanto a repertorio siempre fui muy abierta: cuando empecé a cantar folklore, casi que era pecado que una santafesina cantase chacarera, y yo es prácticamente con lo que he empezado. En ese sentido, fui medio rebelde. Y hoy diría que soy una de las artistas que tienen un repertorio más variado. Se escuchan muchas canciones en las escuelas, incluso: una de las que compuse yo, La Viajera, habla de los colores del país y el estribillo dice “de celeste y blanco tengo el corazón”, se utiliza mucho para los actos patrios escolares…

Es casi un himno alternativo.

Un poco sí, la voy a cantar todos los años a Rosario. Y sí que en ese sentido siento una responsabilidad positiva, que está bueno que la tenga yo y que la sienta tanto. El divulgar la obra de otros artistas también me parece una responsabilidad muy linda. Para artistas como Marcelo Berdel, que lamentablemente ya no vive, pero del que grabé canciones como Amutuy, Soledad, que es un tema del sur que casi no ha tenido difusión; o el propio Chaqueño Palavecino, que es autor de canciones como Puerto Tirol o Kilómetro 11… Muchos autores de canciones emblemáticas me han agradecido que las haya refrescado. Y para mí es un honor y ojalá lo pueda seguir haciendo.

“Los argentinos tenemos muchas expresiones musicales que podrían ser considerados folklore: el rock argentino tiene una identidad propia; la música de trova de los cantautores, también; incluso la cumbia tiene un componente muy folclórico”

Ahora vienes a España con una gira bastante larga, de dos semanas; y luego te vas a Inglaterra. ¿Qué planes tienes de desarrollo como producto en España? ¿Cómo ves tu proyección aquí?

Yo creo que tengo chances. Hace unos años decidí no esperar la aparición de ningún productor mágico ni ninguna compañía para tomar la decisión de salir al mundo. Como pasó en Argentina, tengo que hacer el mismo camino en el resto de los lugares. Hace dos años hicimos una gira más chiquita por España, en lugares más pequeños, de 200 o 300 personas, y en Madrid hicimos la Sala Galileo Galilei y quedó gente afuera sin hacer casi promo.

Ahora apostamos más fuerte con los lugares que hacemos: en Madrid estaremos en el Teatro Rialto, que está en la Gran Vía. No sé si nos irá bien, pero la idea es apostar más. Dentro de la música de raíz siempre me va a ir mucho mejor que si ahora decidiera que quiero hacer pop latino u otro género.

¿Cómo te gustaría que se te recuerde?

Como una persona que amaba cantar y que disfrutaba mucho hacer lo que hacía, pero no mucho más: no sé si puedo llegar a ser un referente tan importante para la gente. Lo que sí me gustaría es que la gente se acuerde de que, si iba a verme, disfrutaba de ese momento y la pasaba bien.

Gira
26.04: Fuengirola (Málaga). Recinto Ferial Fuengirola – Pabellón Argentino
28.04: Sevilla. Teatro de Triana
29.04: Úbeda (Jaén). Teatro Ideal Cinema
30.04: Murcia. Teatro Romea
02.05: Alicante. Casa de la Música – Centro Cultural Las Cigarreras
04.05: Barcelona. L’Aliança del Poblenou
05.05: Palma de Mallorca. Trui Teatre
08.05: Madrid. Teatro Rialto

Soledad Pastorutti